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¿Por qué preocuparse de que el ahorro chileno emigre? Opinión Archivo

¿Por qué preocuparse de que el ahorro chileno emigre?

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François Meunier
Por : François Meunier Economista, Profesor de finanzas (ENSAE – Paris)
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Cuando se cuenta con jóvenes bien formados y talentosos, eso atrae el inversionista extranjero, y cuando se tienen jóvenes bien formados y talentosos, se necesita menos al inversionista extranjero.


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Chile invierte gran parte de su ahorro en el extranjero y, a cambio, el extranjero invierte mucho en Chile. He aquí un buen resumen.

Por lo tanto, no habría motivo para preocuparse por un ahorro chileno que se invirtiera demasiado en el extranjero, al contrario de lo que argumentaba una columna anterior en este diario: Por una orientación más chilena del ahorro chileno. ¿Qué importa si, por no hacer nada, los fondos de pensiones terminan invertidos en el exterior en algunos años por encima del 70% (56% hoy)? Los capitales extranjeros están a la puerta. Lo que importa en esta lógica es volver siempre más atractivo, por la vía reglamentaria y fiscal, el suelo chileno para ellos. Se pone la cancha de tenis a disposición; los jugadores extranjeros aportan raquetas y experiencia, en beneficio de todos.

No se puede negar que este modelo extravertido le ha funcionado bien a Chile. Pero las dudas se acumulan porque ya hace casi 15 años que el país conoce un crecimiento persistentemente magro. ¿Y si este modelo fuera, al menos en parte, la causa?

Hay que mirar entonces con más detalle la naturaleza de las inversiones. Lo que Chile invierte en el extranjero son masivamente inversiones “de cartera”, es decir, en general la compra de acciones y bonos que se compran y venden con mucha facilidad, en gran parte a través de los fondos de pensiones. Lo que los extranjeros invierten en Chile, son en su mayoría inversiones “directas”, es decir, la toma de control de empresas o de grandes proyectos ubicados en Chile. Los extranjeros también hacen compras de cartera, pero sobre todo en títulos de la deuda pública chilena. Esto es lo que muestra la siguiente tabla:

Las cifras en rojo marcan el contraste: los extranjeros poseen el 90% del PIB en activos productivos chilenos, los chilenos poseen el 65% en activos financieros extranjeros. Se observa en total una posición neta negativa para Chile (-23%, en realidad de 20% debido a la presencia de elementos menores) que no tiene nada de anormal, puesto que Chile sigue siendo una tierra atractiva. Pero con la desaceleración del crecimiento, esta posición, que en realidad es una deuda externa, no hace más que crecer año tras año.

Menor crecimiento sí, pero otra razón podría ser que los activos chilenos en manos de extranjeros se revalorizan mejor y más rápido que las acciones y bonos que los chilenos mantienen en el extranjero.

Veamos, en efecto, la rentabilidad de estas inversiones, es decir, los dividendos, intereses y plusvalías que cada una de ellas recibe, en relación con el stock de capital empleado. La siguiente tabla presenta el cálculo promedio para el período 2017-2025 (metodología aquí):

Las cifras en rojo también marcan el contraste. La rentabilidad de las inversiones directas extranjeras en Chile es del 9,5% anual en dólares. Supera en casi cuatro puntos la de las colocaciones financieras chilenas en el extranjero (5,7%).

Es normal que exista una brecha a favor de las inversiones directas, pero esta aparece muy elevada en comparación con otros países.

Las inversiones extranjeras son más rentables, pero están casi exclusivamente limitadas al sector exportador, es decir, minería y algunos productos agrícolas, en suma la explotación de recursos naturales. Se trata de sectores donde los precios de venta, y a menudo también los de los insumos, están denominados en dólares, lo que los protege ampliamente de la depreciación estructural del peso.

Salvo excepciones, estas inversiones no llegan al sector no exportador, que es menos rentable y está menos protegido contra la depreciación del peso, ya que sus insumos son importados y, al no exportar, no se beneficia de la ganancia de competitividad externa que procura la baja del peso.

No siempre fue así. Se recuerdan las décadas de 1990 y 2000, cuando masas considerables de capitales extranjeros se invertían en la compra de servicios públicos o utilities: gas, agua, electricidad, autopistas, pero también bancos, seguros, administración de fondos, aportando nuevas tecnologías y ganancias de calidad y productividad. No se dice lo suficiente: el crecimiento de los “años jaguar” se debe en gran parte a la afluencia de capitales en estos sectores. Hoy eso terminó, porque las capacidades ya están instaladas, aun cuando es fácil señalar sectores que necesitan con urgencia nuevas inversiones (puertos, vías férreas, hospitales…). Y la geopolítica interviene (véase el caso del cable submarino entre Chile y Shanghái).

Viene entonces la gran pregunta ingenua: si el ahorro de los chilenos puede ganar 4 puntos de rentabilidad adicional quedándose en casa, ¿por qué se fuga al extranjero donde recibe menos? Si los extranjeros privilegian la explotación de los recursos exportables, ¿por qué este ahorro chileno no se invierte en los sectores domésticos, aunque sea para crear nuevas oportunidades de exportación?

La respuesta es que las cosas no se mueven tan fácilmente. El pensionado, e incluso el family office chileno, no tienen los medios ni la experticia de un gran grupo minero internacional. Se necesita una convicción política sostenida para revertir progresivamente el orden de las cosas.

Bajo esta óptica, la gran ley de reconstrucción sigue inscrita en el modelo anterior: se insiste, por ejemplo, en que la tasa de impuesto sea inferior al promedio de la OCDE para atraer capitales extranjeros. Pero eso apenas cambia su voluntad de invertir o no en el sector exportador de recursos naturales. En cierto modo, nos limitamos a renovar la tierra batida de la cancha de tenis.

Se daría así la paradoja irónica de que la reforma MK4 del mercado de capitales, que ayuda a reorientar hacia Chile los flujos de ahorro, podría resultar más eficaz para el crecimiento y sin duda menos costosa para el presupuesto que la gran ley de reconstrucción.

Una última palabra sobre la educación. Mis contactos en ciertos grupos extranjeros en Santiago me cuentan que los ejecutivos de alta dirección chilenos son todos considerados notables; pero que los mandos intermedios son, en general, de una calidad inferior a la de sus pares en Brasil o Argentina. No se siente bien oír eso. Ahí, el sistema educativo es el responsable. Si se quiere una verdadera política de oferta, aquí hay una.

Cuando se cuenta con jóvenes bien formados y talentosos, eso atrae el inversionista extranjero, y cuando se tienen jóvenes bien formados y talentosos, se necesita menos al inversionista extranjero.

  • El contenido vertido en esta columna de opinión es de exclusiva responsabilidad de su autor, y no refleja necesariamente la línea editorial ni postura de El Mostrador.

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