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Ex ministro PPD comenzó a ser indagado por la Fiscalía la semana pasada

Jorge Insunza y el vocero Marcelo Díaz: los delfines políticos de Enrique Correa

por 28 junio, 2016

Jorge Insunza y el vocero Marcelo Díaz: los delfines políticos de Enrique Correa
Algunas veces, Insunza pedía al PS Mauricio Bugueño –que trabajaba en su otra empresa de asesorías, Sistema Consultores– que lo ayudara con los informes de Virtus. Se trata de un socialista de la misma generación del ministro Díaz, parte de su núcleo de mayor confianza, y quien renunció a dicha consultora el año pasado para asumir como jefe de gabinete de la autoridad PS en la Segegob.
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Una sombra permanente. Eso es lo que representa hoy el lazo político que une al todopoderoso lobbista Enrique Correa con el ex ministro PPD de la Segpres, Jorge Insunza, quien una vez más está en el ojo del huracán, después que la semana pasada el Ministerio Público resolviera iniciar una investigación de oficio por posibles delitos tributario, de cohecho y negociación incompatible.

Lo anterior, a raíz del pago de 198 millones de pesos que recibió por asesorías a Antofagasta Minerals mientras era diputado. Un vínculo que representa una lógica que predominó las últimas dos décadas en la relación entre la política y el mundo empresarial. Pero hoy esa dinámica es uno de los principales dolores de cabeza de la clase política por los casos que investiga la Fiscalía.

“Lo que pasa es que antes, si bien es cierto existía una frontera, esta era porosa. Antes que explotara este ciclo de denuncias acerca de las malas prácticas que había en relación con el financiamiento de la política, se pasaba de un lado a otro con mucha facilidad. El estándar social y la falta de información acerca de eso, en un ambiente muy opaco, hacía que no tuviéramos antecedentes acerca de esas prácticas. Este tipo de práctica era muy habitual en la política chilena. Era una frontera muy artificial, era una práctica muy habitual que hoy día no se tolera, pero hasta antes del ciclo de denuncias se toleraban”, señala el decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Central, Marco Moreno.

En esa frontera porosa de la que habla Moreno, el hoy dueño de la consultora Imaginacción ganó notoriedad, no fue el único, pero sí uno de los mejores.

Correa fue una figura clave de la transición democrática, fue el ministro de Patricio Aylwin que manejó el diálogo permanente con Augusto Pinochet y el alto mando del Ejército, teniendo como contraparte al entonces general Jorge Ballerino. Así ganó fama como buen negociador, administrador de conflictos y crisis, de relaciones complejas y transversales y, a pesar de su militancia socialista, de poseer la capacidad de tender puentes con un mundo que en esos años estaba bastante cerrado para la izquierda: el empresarial.

“La exposición mediática de Enrique Correa como un hombre muy influyente en la transición lo coloca en una posición de mayor visibilidad, pero yo creo que en una lógica de informalidad política, como la que teníamos en Chile, que funcionaba en paralelo con las instituciones formales, evidentemente prácticas como las asesorías eran muy normales. Quien más aparece como representante de eso es Correa, que ha tenido una mayor visibilidad y un mayor nivel de influencia, pero evidentemente no es el único”, agrega Moreno.

Para el analista Alberto Mayol, el poder de Correa encontró terreno fértil en la democracia postdictadura, donde la convivencia de la elite sumó a la centroizquierda. “Enrique Correa es el símbolo porque era el más articulado, efectivamente, iba dentro del PS, la Iglesia Católica, lo articulaba con la DC, el Gobierno, SQM, Penta, la Teletón, entonces tú tenías un abanico espectacular. Entonces, ese repertorio de acción, revela simplemente la comunión en la élite”, explica.

Una comunión que tuvo su máxima y última gran expresión en el Gobierno de Ricardo Lagos, con el mítico acuerdo político del año 2003 entre Pablo Longueira y el entonces panzer, José Miguel Insulza, que permitió poner un cortafuego al espinudo caso MOP-Gate.

Eso fue posible en gran medida porque las reglas del juego del sistema político, hasta ahora, según Moreno, eran “muy laxas”, se cumplían a medias, existía un bajo nivel de responsabilidad y nadie se preocupaba de aquello, había un doble estándar consistente en mostrar públicamente a una elite que respetaba las leyes, pero que tras bambalinas operaba de otra manera.

Los problemas para esa elite vinieron por dos razones.

Para el académico de la Universidad Central ese vacío que existía en las reglas del juego “fue ocupado por los medios de comunicación, por los fiscales, que expusieron lo que estaba pasando en el backstage de la política chilena”. Para Mayol, lo que presenciamos hoy se debe a que “se acabó el pacto entre las élites y, al acabarse, las denuncias corren de lado a lado”.

Es debido a este escenario de destape de esa telaraña que unía a la política y el dinero que, mientras más fuerte ese vínculo, mayor era el nivel de influencia. Ahí la figura de Correa aparece una y otra vez, no solo por sus asesorías en los principales casos que lleva adelante el Ministerio Público –Penta y SQM–, sino también porque todo el poder de que gozó antes, hoy se ha transformado por lo mismo en una incómoda sombra para sus discípulos políticos.

Padrino político

Cuando el 11 de mayo del año pasado la Presidenta Michelle Bachelet concretó el cambio de gabinete con el que modificó de cuajo su comité político, sacando a Rodrigo Peñailillo, Álvaro Elizalde y Alberto Arenas, el nombre de Correa una vez más se ganó las miradas.

Es que la llegada de dos de sus más reconocidos delfines políticos, Insunza y el ministro vocero, Marcelo Díaz (PS), no pasó inadvertida: “El desembarco de la consultora de Enrique Correa en La Moneda”; “Hombres de confianza de Correa se toman el comité político”; “Los mil tentáculos de Enrique Correa” y “La Nueva red de Correa”, fueron solo algunos de los encabezados de diversos medios de comunicación en esas primeras 24 horas después de conocido el ajuste ministerial.

La condición de padrino político de Correa es algo conocido en el mundo oficialista.

Fue una de las figuras que apoyó a jóvenes liderazgos de la entonces Concertación con miras a potenciar un tiraje de la chimenea del elenco político de la coalición. Bajo su alero –según consignan diversos relatos políticos en el oficialismo– pasaron el diputado Marco Antonio Núñez (PPD), la alcaldesa Carolina Tohá (PPD), Freddy Ponce (PS), Álvaro Elizalde (PS), la esposa de este, Patricia Roa (PS), y Harold Correa (PPD y uno de los G90 más cercanos a Peñailillo).

Pero los más destacados han sido a todas luces Insunza y Díaz, el primero por la contingencia de llegar como ministro a La Moneda y salir del cargo a los 28 días, el segundo por ser el más importante de sus delfines.

Quienes conocen a Insunza, hijo de uno de los dirigentes históricos del PC, lo consideran una persona brillante, de una inteligencia que destaca, un hombre pragmático. Se inició en las Juventudes Comunistas, luego pasó al PS, hasta que encontró su nicho político en el PPD. Allí fue vicepresidente del partido e incluso asesoró a figuras clave de la tienda, como Sergio Bitar. Comulga en lo que se llama el tercerismo del PPD y el 2013 cumplió un papel clave como negociador de la plantilla parlamentaria de su partido.

El problema es que, en paralelo, estaba en Imaginacción como gerente de Comunicación Estratégica, ya que el acuerdo electoral fue cerrado el 17 de julio de 2013 y solo a fines de ese mes Insunza dejó la empresa de Correa para asumir como candidato a diputado por el Distrito 9, IV Región, en reemplazo del también cuestionado ex ministro PPD Víctor Manuel Rebolledo.

Ya instalado en el Congreso y un año antes de llegar como ministro a La Moneda, Ciper consultó el 2014 a Insunza por este conflicto de interés en el doble papel que jugó mientras se negoció la plantilla parlamentaria.

“La verdad, no lo consideré inconveniente, ni en el partido tampoco. El tema solo lo conversé en su momento con algunos de sus colegas. Toda negociación tiene un proceso bien complejo que tiene que ver con los candidatos disponibles, con las posibilidades que tiene cada cual, con lo que dicen las encuestas, con las probabilidades de ser electo. Es una evaluación electoral de liderazgos, de potencialidades versus la de los demás partidos. Al final, es un proceso bien institucional en el que el equipo negociador expone una mirada y una habilidad negociadora. La plantilla no es una negociación personal, sino colectiva”, respondió el entonces diputado PPD.

En su paso por la Universidad Diego Portales, conoció como alumno al ex ministro de Pinochet, Francisco Javier Cuadra, quien fue su profesor, y con quien después de los reparos iniciales, trabajó en Civitas, compañía que asesoró a empresas durante el Gobierno de Aylwin.

En 1996 creó su propia empresa de lobby, Sistema Consultores, que asesoró a Codelco en 1997 y, después, entre 2002 y 2004. Por dichas tareas recibió casi 80 mil dólares.

Cuando perdió las parlamentarias a fines del 2009, Insunza fue reclutado un año después por Correa para que trabajara en Imaginacción como gerente de Comunicación Estratégica, desde donde manejó clientes que abarcaron desde las empresas de Álvaro Saieh –implicado entonces en los líos que salpicaron a CorpBanca–, hasta un rol en la cuenta de SQM durante el caso Cascadas. También desde ahí asesoró al entonces director ejecutivo de TVN, Mauro Valdés, nombrado por la administración Piñera.

En paralelo, las labores de Insunza para Antofagasta Minerals, brazo minero de Luksic, consistieron en informes de coyuntura semanales a través de otra consultora que creó para tales electos, Virtus. Por tales trabajos le pagaron 100 UF mensuales, poco más de dos millones, entre mayo de 2007 y octubre de 2014, contratos que coincidieron con su desempeño como parlamentario en la IV Región y que fueron el motivo central de su salida del gabinete.

Algunas veces, Insunza pedía al PS Mauricio Bugueño –que trabajaba en su otra empresa de asesorías, Sistema Consultores– que lo ayudara con los informes de Virtus. Se trata de un socialista de la misma generación del ministro Díaz, parte de su núcleo de mayor confianza, y quien renunció a dicha consultora el año pasado para asumir como jefe de gabinete de la autoridad PS en la Segegob.

El propio Díaz trabajó en la empresa de Insunza por unos meses, hasta que el Presidente Lagos lo nombró gobernador por la provincia de Elqui, en la IV Región, con lo que su carrera política comenzó a tener notoriedad.

El niño del maletín

No hay nadie en el PS que no sepa la historia de cómo Díaz se transformó en el principal discípulo de Enrique Correa, que cuando este era ministro de la Segegob de Aylwin llegó a trabajar con él a esa cartera, siendo un activo militante de la JS y estudiante de Derecho. Allí establecieron un lazo político duradero.

“Correa era poderoso y el 'chico' Díaz vio en él la oportunidad de tener un padrino político”, sentenció un histórico socialista que presenció desde el palco del PS cómo se forjó esa relación. Hay quienes recuerdan, como parte de esa historia, que en esos años el hoy ministro se disputaba el liderazgo de la Nueva Izquierda a nivel juvenil con el dirigente Arturo Barrios, disputa que al final zanjó el otrora poderoso Camilo Escalona apoyando a Díaz, por lo que lo incorporaron a la comisión internacional del partido y, lo más importante, a la comisión política del PS, lo que lo puso en el radar de Correa.

En el Gobierno y en el PS aseguran que a Díaz hoy “le incomoda bastante” la sombra de su padrino político, que con el escenario actual, de cuestionamiento a figuras que simbolizan esa porosa frontera entre el dinero y la política, la figura de Correa pasó a ser “una carga”, sobre todo después de lo sucedido con Insunza.

“Es el verdadero delfín de Correa, en el PS en esos años le decían el niño del maletín de Enrique”, agregó un alto asesor socialista, frase con la que en la colectividad graficaban el nivel de confianza que tenía el ex ministro con el joven dirigente.

A principios del Gobierno de Lagos Escobar, el ex Mandatario hizo una apuesta política no menor, que apuntaba a cimentar la renovación de liderazgos políticos en el progresismo, por lo que realizó un novedoso ajuste instalando a jóvenes dirigentes como intendentes y gobernadores, a los que se les llamó por entonces los “Lagos Boys”. Díaz fue uno de ellos.

En el PS explican que su nominación como gobernador del Elqui fue por exclusiva influencia y sugerencia de Correa al entonces Presidente, que fue él quien lo puso ahí, nadie más, porque en esos años la relación del PS, y en especial de Escalona con Lagos Escobar, era bastante nula y el ex ministro de Aylwin era el que tenía más poder.

Luego vinieron los años de ProyectAmérica, una plataforma política creada por Correa y Lagos Escobar en 2006 –una vez que dejó La Moneda– para promover el ascenso de jóvenes dirigentes cercanos a sus redes de influencia. Desde ahí, el hoy ministro de la Segegob fortaleció aún más su condición de delfín político y en el PS precisaron que esa plataforma fue clave en la opción de Díaz de competir el 2010 con Osvaldo Andrade por la presidencia del partido, después que Escalona tuviera que dejarla, desplegando una intensa campaña por la renovación generacional de la dirección de la colectividad.

ProyectAmérica permitió a Correa establecer un diseño político propio con quienes él considera que no solo constituirán las nuevas generaciones de políticos, sino aquellos que también participarán en el circuito presidencial del futuro, una estructura que por años –a pesar de que la plataforma dejó de funcionar– se mantuvo viva con reuniones habituales del dueño de Imaginacción con sus discípulos para desmenuzar el acontecer político.

La historia de ahí en adelante es conocida.

Díaz no ganó esa competencia en el PS y fue parte de la mesa directiva de Andrade, en paralelo a su rol de diputado por La Serena en la IV Región, desde el 2006 hasta marzo del 2014, año en que fue nombrado embajador de Chile en Argentina, cargo que muchos en el PS y el bacheletismo dicen que no tuvo que ver Correa, sino que fue en compensación por haber bajado su candidatura a diputado por el cupo de Santiago para “proteger” la opción de Giorgio Jackson, ya que la Nueva Mayoría necesitaba sumar a RD a su fuerza electoral para la elección de Bachelet y los cuórums en el Congreso.

En el Gobierno y en el PS aseguran que a Díaz hoy “le incomoda bastante” la sombra de su padrino político, que con el escenario actual, de cuestionamiento a figuras que simbolizan esa porosa frontera entre el dinero y la política, la figura de Correa pasó a ser “una carga”, sobre todo después de lo sucedido con Insunza.

Eso se nota, el tema no es cómodo y, entre los cercanos al ministro Díaz, defienden que él “ha tenido una carrera pública toda su vida y el único paso privado es el que se ha consignado en los medios, que fueron seis meses, pero el resto ha sido todo una carrera pública". Y agregan que para la autoridad PS “la diferenciación entre el mundo público y privado está clarísima, ahí no hay confusión alguna".

En el socialismo ponen el foco en la incomodidad que significa para Díaz el lazo político con Correa, que permanentemente reaparece como una sombra permanente que se cierne sobre su gestión, aunque su caso no sea para nada similar al de Insunza.

En La Moneda sentenciaron que la relación actual del ministro con Enrique Correa “es nula, no habla con él, no es parte de su circuito de consultas, no recurre a él para pedirle consejo ni nada que se le parezca, no hablan". Distancia que en el PS consideran como lo más factible, dado que en el nuevo escenario es un factor que le trae más problemas que ganancias. Y porque consideran que Díaz ya logró una carrera política propia, sin necesidad de un padrino político que lo avale.

Ese corte es un síntoma del vencimiento de las lógicas pasadas de actuación en política, donde lo que hoy es cuestionado por la ciudadanía ayer era sinónimo de poder e influencia.

“Después del estallido de los escándalos que pusieron sobre la mesa el financiamiento irregular de la política, evidentemente este tipo de actividades hoy día es impensable, pero estas existían más allá de lo que uno pudiera haber creído (…) dentro de las prácticas de la cultura política informal estaba esto que no era mal visto, que se trabajara entregando informes a empresas, no obstante tuvieras una posición en el Ejecutivo o en el Congreso”, señala Moreno.

Para Mayol el cambio clave de estas lógicas está en la tensión política que provocó el movimiento social del año 2011 y su demanda por respuestas que la institucionalidad no fue capaz de dar. De allí en adelante, el proceso llevó a un punto donde nadie sabe a ciencia cierta dónde terminará, a pesar de los esfuerzos por poner coto o apurar el cierre de las investigaciones.

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