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Foto: AgenciaUNO
Ley miscelánea: PDG desordena al Gobierno y lo obliga a sacar la calculadora
El proyecto aterriza este miércoles en el Congreso, tras la firma del Presidente Kast a primera hora –cerca de las 7:30–, pero lo hace después de días de tironeos y negociaciones al límite, que dejaron al Ejecutivo contando votos uno a uno antes de iniciar el trámite.
Después de varios amagues y negociaciones contra el reloj, el Gobierno de José Antonio Kast finalmente ingresa este miércoles –tras la firma del Presidente a primera hora, cerca de las 7:30– su proyecto estrella: la ley miscelánea o Plan de Reconstrucción Nacional. Pero lo hace lejos del diseño original y con la calculadora todavía en la mano.
La escena previa fue todo menos ordenada. El Ejecutivo llegó a esta semana con apenas 76 votos amarrados y la necesidad urgente de alcanzar al menos 78 para que la idea de legislar sobreviva. La meta interna –90 apoyos– ya suena lejana. Y en ese escenario, el Partido de la Gente (PDG) dejó de ser un actor más para transformarse en la llave del proyecto.
El problema: el PDG no se deja leer fácil. Mientras Franco Parisi dinamitaba públicamente la iniciativa, en el Congreso su bancada abría la puerta a negociar. El lunes, el ministro de la Segpres, José García Ruminot, almorzó con los diputados del partido y, más tarde, junto a Hacienda, encabezó una reunión telemática a las 20:00 que terminó sin acuerdo… pero con diálogo abierto. “No se han terminado las conversaciones”, sinceraron desde el Partido de la Gente.
El lunes patearon la definición para ayer martes y, tras una reunión de bancada que se extendió hasta pasadas las 21:00 horas, volvió a postergarse. Desde el partido adelantaron a El Mostrador que será este miércoles cuando comuniquen públicamente su decisión.
Y es que el proyecto no ingresó el martes como se esperaba. ¿La razón? Negociaciones en curso. El propio oficialismo admitió que el texto se fue ajustando sobre la marcha para sumar apoyos, mientras que en el PDG instalaron otra versión: que el retraso fue efecto directo de su presión.
La bancada puso condiciones concretas: rebaja del IVA a medicamentos y pañales, además de medidas pro clase media. “La pelota la tiene el Gobierno”, advirtió su jefe, Juan Marcelo Valenzuela. Pero en paralelo algunos diputados empezaban a abrir la puerta –“el proyecto me gusta”, dijo Javier Olivares a El Mostrador, y “van a poder contar con el PDG”, señaló Zandra Parisi a La Tercera–, dejando al Ejecutivo en una zona incómoda: más cerca del acuerdo, pero todavía sin garantías.
En La Moneda entendieron rápido el punto. El ministro Quiroz incluso levantó el teléfono para hablar con Parisi, consciente de su influencia sobre la bancada, mientras García Ruminot mantuvo contacto permanente con los diputados. La instrucción era clara: no soltarlos.

Reunión de este martes de la bancada del PDG compuesta por los diputados Javier Olivares, Pamela Jiles, Zandra Parisi, Paula Olmos, Lilian Betancurt y Juan Valenzuela.
El resultado es un proyecto en mutación. En medio de las conversaciones se abrieron espacios para ajustes en medicamentos, se exploró un régimen especial para pymes y hasta fórmulas intermedias, como enviar beneficios en iniciativas paralelas. Todo, para abrochar votos que simplemente no estaban.
El llamado del PPD
Mientras tanto, la oposición subía el tono. Desde el PPD advirtieron al Partido de la Gente que no “dilapide su capital político” apoyando una rebaja de impuestos al gran empresariado. En el PS hablaron derechamente de “pirquineo antidemocrático” de votos, y en el Frente Amplio acusaron “improvisación descarada” por los constantes cambios de fecha. La DC y el propio PPD, en tanto, se fueron cerrando: sin cambios estructurales, no hay apoyo.
Con ese frente prácticamente perdido, el Gobierno cambió el foco. Activó conversaciones con Demócratas –donde vio mejores señales, especialmente en el Senado– y siguió abriendo canales, incluso con el Frente Amplio. Pero la verdad incómoda siguió siendo la misma: sin el PDG, no se llega a la meta de votos para “legitimar” el paquete.
Todo esto, además, con ruido interno. Mientras Hacienda empujaba una línea más rígida, los ministros políticos –Interior y Segpres– operaban para flexibilizar el diseño y evitar un choque en el Congreso. El resultado es el que se presenta hoy: una reforma reescrita en tiempo real.

El ministro del Interior, Claudio Alvarado, junto al titular de Hacienda, Jorge Quiroz, se reunieron este martes con los senadores Miguel Ángel Calisto y Matías Walker, y la diputada Joanna Pérez.
Así, con el reloj encima –y la presión por recursos de reconstrucción agotándose a fin de mes–, el Gobierno finalmente da el paso y envía el proyecto al Congreso.
Sin embargo, no llega con terreno despejado. Su arribo es ajustado, negociado y dependiendo de una bancada que asegura poder mover toda la estantería.
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