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La enigmática sobrevivencia del lucumillo Juego Limpio

La enigmática sobrevivencia del lucumillo

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Un estudio sobre el lucumillo en la Región de Coquimbo reveló que pequeñas diferencias en la humedad del suelo pueden definir si esta especie amenazada florece o avanza lentamente hacia su desaparición.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
Una investigación liderada por Andrea Loayza y publicada en Frontiers in Ecology and Evolution analizó durante más de un año poblaciones de lucumillo, especie endémica y en peligro de extinción del desierto costero chileno. El estudio, realizado entre Totoralillo y Las Tacas, detectó que mínimas diferencias en la humedad del suelo generan contrastes decisivos en la capacidad de florecimiento de las plantas. La investigación identificó un umbral crítico de estrés hídrico que reduce drásticamente la reproducción de la especie, amenazada además por expansión inmobiliaria.
Desarrollado por El Mostrador

En el desierto costero del norte de Chile hay plantas que viven una paradoja silenciosa. Crecen bajo el mismo sol, enfrentan la misma sequía y comparten el mismo paisaje árido, pero mientras algunas florecen cada temporada, otras pasan años completos sin producir una sola flor.

A veces las separan apenas tres o cuatro metros.

Ese enigma, observado durante años entre los arbustos de lucumillo –una especie endémica y en peligro de extinción–, terminó revelando algo mucho más inquietante sobre la fragilidad de la vida en tiempos de crisis climática: en los ecosistemas extremos, unos pocos centímetros de agua pueden decidir el futuro de una especie entera.

  • El estudio, liderado por la investigadora Andrea Loayza y publicado en la revista científica Frontiers in Ecology and Evolution, siguió durante más de un año a una población de lucumillos ubicada entre Totoralillo y Las Tacas, en la Región de Coquimbo.

En una zona donde las lluvias son escasas e impredecibles, el equipo monitoreó veinte plantas adultas para entender por qué algunas lograban reproducirse y otras no. La respuesta apareció bajo tierra: pequeñas diferencias en la humedad del suelo estaban generando destinos completamente distintos entre individuos aparentemente idénticos.

“No todas las plantas experimentan la sequía de la misma forma”, explica Loayza en la investigación. Algunas acceden a sectores con un poco más de humedad, mantienen mejores niveles de fotosíntesis y logran florecer. Otras, en cambio, acumulan estrés hídrico durante años y sobreviven apenas al borde del agotamiento biológico.

  • El estudio identificó un umbral crítico: cuando las plantas superan cierto nivel de estrés, la probabilidad de floración cae drásticamente. Y en especies como el lucumillo, eso puede transformarse en una condena silenciosa. Sin flores no hay semillas. Sin semillas no hay regeneración. Y sin regeneración, incluso las especies más longevas comienzan lentamente a desaparecer.

El problema se vuelve todavía más grave fuera del laboratorio. El lucumillo sobrevive hoy en menos de 100 kilómetros cuadrados del desierto costero chileno y enfrenta múltiples amenazas simultáneas: expansión inmobiliaria, fragmentación de hábitat, aumento de la aridez y una crisis hídrica que se profundiza año tras año.

  • Paradójicamente, las poblaciones más vigorosas se encuentran precisamente en las zonas costeras más apetecidas por el desarrollo urbano. Más al norte, donde existe menor presión humana, las condiciones son todavía más secas y las plantas florecen mucho menos. El resultado es un paisaje donde la especie parece atrapada entre el avance inmobiliario y el endurecimiento climático del territorio.

¿Pero el lucumillo no es solo una planta amenazada? No. Sus flores alimentan a más de veinte especies de polinizadores durante meses en que casi nada florece en el desierto, mientras sus frutos sostienen parte de las cadenas alimentarias locales. Su desaparición tendría efectos mucho más amplios que la pérdida de una especie rara.

Por eso el hallazgo del estudio trasciende la biología vegetal: muestra cómo, en tiempos de cambio climático, la supervivencia puede depender de variaciones mínimas invisibles para el ojo humano.

A veces, la distancia entre florecer o extinguirse no es un océano ni una montaña. Son apenas unos metros de suelo que todavía conservan algo de agua.

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