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El Segundo Piso se cae a pedazos +Política

El Segundo Piso se cae a pedazos

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La salida de Mara Sedini y Trinidad Steinert marcó el colapso del diseño original del Segundo Piso de Kast, debilitó a Cristián Valenzuela y Alejandro Irarrázaval, y abrió espacio a la derecha tradicional para asumir un rol central en La Moneda.


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El diseño de poder cerrado con el que José Antonio Kast entró a La Moneda duró exactamente 69 días. El cambio de gabinete de emergencia ejecutado el pasado martes –donde cayeron las entonces titulares de Seguridad y Segegob– no fue un ajuste cosmético; fue la rendición del Segundo Piso ante una realidad que su trinchera ideológica no supo contener.

Afirmar hoy que el núcleo de hierro presidencial se cae a pedazos es un diagnóstico basado en hechos políticos puros e incontestables:

  • La caída del estratega: la salida de la vocera Mara Sedini arrastró directamente el poder de Cristián Valenzuela, el jefe fáctico del Segundo Piso. El diseño comunicacional hiperagresivo que funcionó en campaña, fracasó en la gestión de gobierno, gatillando una crisis de conducción en tiempo récord.
  • Intervención de la derecha tradicional: el desembarco de un histórico como Claudio Alvarado en la Segegob es, en la práctica, una intervención al búnker republicano. Kast se vio obligado a ceder el control del relato a la UDI tradicional para salvar la agenda legislativa, quitándole el monopolio de las decisiones a sus asesores íntimos.
  • La crisis no golpea solo a Valenzuela. La otra columna que sostiene al Segundo Piso muestra grietas aún más evidentes para las fuerzas oficialistas que merodean en Palacio. Alejandro Irarrázaval, el jefe oficial de asesores, es resistido a estas alturas por casi la unanimidad de las fuerzas partidarias. No dialoga, impone. Y se equivoca. Su poder, afirman, tiene los días contados.

El colapso de la agenda estructural en hechos:

  • Seguridad desbordada: la crisis en la macrozona sur y el norte del país devoró el libreto del Segundo Piso, forzando la salida inmediata de Trinidad Steinert del Ministerio de Seguridad Pública.
  • Gobernabilidad atomizada: el diseño original del Segundo Piso ignoró las alertas del Congreso, aislando al Mandatario y dejando al Ejecutivo sin puentes con la oposición ni con sus propios aliados tradicionales de Chile Vamos.
  • Conducción improvisada: un ajuste ministerial forzado a menos de 70 días de asumir el mando –el más rápido desde el retorno a la democracia en 1990– evidenció la falta de cuadros técnicos y la incapacidad del núcleo central para blindar la figura presidencial.

El veredicto: el Segundo Piso de Kast operaba bajo la premisa de que se podía gobernar el país con la misma soberbia con la que se ganaron las elecciones. Hoy, con la derecha convencional cogobernando para evitar un naufragio temprano y el estratega jefe desempoderado, el búnker original ya no existe. No se cayó: colapsó por su propio peso político.

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