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Foto: AgenciaUNO
Wulf: 100 días en La Moneda, cero experiencia de crisis y al frente del caso de los niños haitianos
Socióloga, militante republicana y operadora programática de Kast desde que tenía 25 años, María Jesús Wulf enfrenta hoy en el Senado el examen más duro de sus primeros 100 días en el cargo. La pregunta que el gobierno no ha respondido es simple: ¿por qué ella?
Esta tarde, María Jesús Wulf entrará al Senado a rendir cuentas sobre la crisis de los niños haitianos. Será la primera vez que la ministra de Desarrollo Social enfrente al Congreso en pleno sobre un caso que ella no provocó, que administra hace menos de una semana y que tiene dimensiones que superan con creces el perímetro habitual de su cartera.
Lo que ocurra en esa sala dirá mucho sobre si la apuesta del Presidente José Antonio Kast fue razonable o si fue —con reparos que ya no se limitan a la oposición más dura— una decisión equivocada desde el principio, como sostienen figuras como Evelyn Matthei (UDI) y Johannes Kaiser (PNL).
María Jesús Wulf tiene 36 años, es socióloga con magíster de la Universidad Católica y lleva once años trabajando al lado de Kast. Se conocieron en 2015 en la consulta ciudadana “Habla Chile”. Después vino la Fundación Jaime Guzmán, la subdirección de Acción Republicana y la coordinación del programa social de la campaña presidencial.
El 11 de marzo de 2026 asumió Desarrollo Social, uno de los dos únicos cargos que el Partido Republicano obtuvo en un gabinete mayoritariamente independiente. El otro fue para Martín Arrau, hoy ministro de Seguridad.
“Rostro humano”
Su trayectoria es la de un cuadro político-técnico formado en fundaciones y diseño programático. Tuvo un paso por el Estado como coordinadora de regiones del Ministerio de Educación bajo Piñera. Pero no tiene experiencia conduciendo crisis institucionales, coordinando organismos de seguridad ni articulando policías, Fiscalía y servicios sociales bajo presión mediática máxima. Hasta hace 103 días, nunca la necesitó.
En el entorno presidencial la justificación de su nombramiento tiene dos versiones. La pública: Wulf tiene capacidad de coordinación política, manejo comunicacional y es parte del núcleo de confianza de Kast. La más honesta, que también circuló en La Moneda: la crisis necesitaba un “rostro humano” y Desarrollo Social tiene competencia institucional sobre infancia.
Ambas explicaciones no responden al argumento de fondo de los críticos. Matthei sostuvo en el matinal Mucho Gusto que “esto no es para que esté a cargo la ministra de Desarrollo Social; este no es un caso social”, y que “debiera estar a cargo el Presidente con el ministro de Seguridad”. Kaiser fue más directo en Radio Universidad de Chile: “La fuerza de tarea dirigida por la ministra de Desarrollo Social es insuficiente; este es un problema policial, no un problema social”.
Ambos —Matthei y Kaiser— se equivocaron en el diagnóstico: el caso no resultó ser ni mafia ni problema policial en el sentido que ellos anticipaban, sino —como dijo el ministro de Defensa Fernando Barros— “un terrible desorden” con niños que aparecieron en los colegios y Cesfam donde los buscaron bien.
Pero su pregunta sobre la arquitectura de la respuesta gubernamental sigue en pie: si el problema es de coordinación interinstitucional entre Migraciones, PDI, Subsecretaría de la Niñez y organismos de seguridad, la lógica indicaría que quien articule tenga atribuciones transversales sobre esos organismos.
En sectores del entorno más cercano a Evelyn Matthei en Chile Vamos, aunque sin expresarlo públicamente, ha surgido inquietud respecto de la arquitectura institucional con la que el Gobierno está abordando el caso, un cuestionamiento que por ahora se mantiene en el ámbito interno y sin vocerías oficiales del bloque.
El encargado de salir a defender a Wulf fue Arrau, el ministro de Seguridad. Contestó que la investigación penal la lidera el Ministerio Público y que las policías trabajan mandatadas por la Fiscalía mientras su cartera recopila información paralelamente. La división es razonable en lo formal, pero tiene una implicancia incómoda: si la Fiscalía conduce la investigación y las policías responden a ella, ¿qué coordina exactamente Wulf?
La respuesta del gobierno es el intercambio de información entre ministerios y servicios. Una tarea de gestión, no de conducción. Lo cual lleva a preguntarse si para eso era necesario poner al frente a la ministra de mayor confianza presidencial, con el costo político que eso implica cuando las cosas no salen bien.
Fusibles republicanos
Hay otro elemento que no es menor: Arrau y Wulf son los dos únicos ministros republicanos del gabinete. El Partido Republicano puso a sus dos representantes al frente de la respuesta a la crisis. Uno blindando al otro. Una imagen de homogeneidad interna que no necesariamente fortalece la credibilidad de la coordinación, y que ocurre además en un momento en que Chile Vamos está en plena ebullición con Republicanos por la acusación constitucional contra Grau.
Dentro del oficialismo revelan que el nombre de Wulf fue sondeado más allá de Desarrollo Social. Tras la salida de Mara Sedini de la vocería, su nombre circuló como posible reemplazante. La evaluación se hizo. Pero Kast estaba satisfecho con su rol y consideró que el movimiento de Arrau desde Obras Públicas hacia Seguridad era suficiente reordenamiento interno.
El dato ilumina el universo de opciones del que dispone Kast para sus tareas más sensibles: cuando necesitó reforzar Seguridad, recurrió a su ministro republicano; cuando necesitó un rostro coordinador para la crisis haitiana, recurrió a su ministra republicana. Dos fichas del mismo partido para los dos frentes más expuestos del gobierno en este momento.
La sesión del Senado es el primer examen real de Wulf al frente de la fuerza de tarea. No como coordinadora de reuniones en La Moneda, sino como figura pública que debe explicar a parlamentarios qué ocurrió y qué está haciendo el Estado.
Comparecerá sin el informe definitivo de la Contraloría, que se publicará mañana según informó el subcontralor Víctor Hugo Merino. Con una cifra que sigue moviéndose: al 22 de junio, la PDI había identificado a 52 de los 64 niños del preinforme, lo que significa que al menos 12 siguen sin ubicación confirmada.
La presidenta del Senado, Paulina Núñez, advirtió que el caso “evidencia falencias estructurales en materia de protección de la infancia y gestión migratoria”. No es un diagnóstico cómodo para ningún gobierno. Tampoco para la ministra que tiene que responder por él con 100 días en el cargo, un caso sin resolver del todo, y su propio sector cuestionando en voz alta si ella debería estar ahí, aunque por razones que los hechos ya se encargaron de desmentir parcialmente.