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El jardín de mar que no volvió: las cicatrices del arrastre en Juan Fernández Juego Limpio El Mostrador

El jardín de mar que no volvió: las cicatrices del arrastre en Juan Fernández

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Héctor Cossio López
Por : Héctor Cossio López Editor General de El Mostrador
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Las cicatrices de la pesca de arrastre persisten en los montes submarinos de Juan Fernández más de dos décadas después. Un estudio científico confirmó daños en corales de aguas profundas y pérdida de biodiversidad, coincidiendo con los relatos de pescadores artesanales del archipiélago.


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En Juan Fernández, la pesca de arrastre no es una discusión abstracta ni un episodio olvidado. Durante mi reciente viaje al archipiélago, los pescadores artesanales Wilson González y Alberto Vergara todavía recordaban con rabia y dolor el paso de la flota industrial.

Las redes no solo barrían y destruían lo que había en el fondo. Ambos revivieron en su relato cómo los barcos industriales no solo arrasaban el fondo marino en busca del orange roughy y el alfonsino. Las redes capturaban también tiburones, peces endémicos, ejemplares juveniles y corales de aguas profundas, incluido el coral negro.

“Luego, todo lo que no les servía lo dejaban muerto en el mar. Podías ver cientos, si no miles, de peces pequeñitos, crías. Fue una maldad muy grande”, recordó uno de ellos.

La escena resulta especialmente brutal en un territorio que es símbolo de biodiversidad a escala mundial. El archipiélago posee uno de los niveles de endemismo marino más altos conocidos: cerca del 87% de sus peces costeros regionales y casi el 66% de sus moluscos marinos son endémicos. Es decir, muchas de esas especies no existen de manera natural en ningún otro lugar del planeta.

Más de dos décadas después, una investigación publicada en la revista científica Deep-Sea Research Part I confirma que la destrucción descrita por los pescadores no terminó cuando los barcos dejaron de operar. Sus efectos continúan inscritos en el fondo marino hasta hoy.

  • El estudio, encabezado por investigadores de Oceana, ESMOI, CEAZA y otras instituciones nacionales e internacionales, analizó los montes submarinos JF1, JF2 y JF6, afectados históricamente por el arrastre del orange roughy y el alfonsino. Como referencia se examinó también Solito, un monte submarino ecológicamente comparable ubicado unos 600 kilómetros al norte, en la ecorregión de las islas Desventuradas, donde no se detectaron señales de arrastre.

La expedición se realizó en 2024 a bordo del buque científico Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute. Mediante el vehículo submarino SuBastian, capaz de descender miles de metros, el equipo revisó 72 horas de grabaciones y analizó 277 sectores del lecho marino.

El contraste fue marcado.

  • En los montes de Juan Fernández se observaron extensas planicies de sedimentos, marcas lineales dejadas por las redes, corales rotos y una baja presencia de organismos capaces de construir hábitats tridimensionales. Solito, en cambio, conservaba abundantes corales de aguas profundas, esponjas y una mayor diversidad de invertebrados.

De los 277 sectores estudiados, 47 fueron clasificados como arrastrados.

Las áreas intervenidas registraron solo 13 grupos taxonómicos, frente a 33 en los sectores no arrastrados. La complejidad del hábitat también fue significativamente menor y los corales encontrados en las zonas afectadas eran, en general, más pequeños y cubrían menos superficie.

No se trata únicamente de la pérdida de corales. Estas especies actúan como verdaderos ingenieros del ecosistema: sus estructuras proporcionan refugio, alimento y lugares de reproducción para peces, crustáceos y otros invertebrados.

“Este estudio demuestra que los impactos de la pesca de arrastre sobre los ecosistemas de aguas profundas pueden persistir durante décadas”, señaló Ignacio Petit, científico de Oceana e investigador principal del artículo.

El problema es la velocidad de recuperación. Algunos corales de profundidad crecen extremadamente lento y pueden vivir cientos o incluso miles de años. Una red puede destruir en pocas horas estructuras que tardaron siglos en formarse.

La pérdida de estos hábitats también puede afectar a las pesquerías que sostienen a la comunidad isleña. El estudio señala que los ambientes con corales vivos albergan una mayor abundancia de invertebrados, incluidos crustáceos de interés comercial como el cangrejo dorado y la langosta de profundidad de Juan Fernández.

  • De acuerdo con las directrices de la FAO, un impacto que permanece entre cinco y veinte años sin recuperación puede ser considerado un impacto adverso significativo. En Juan Fernández, las alteraciones han persistido durante más de dos décadas.

Chile prohibió en 2012 la pesca de fondo sobre 117 montes submarinos, protegiendo más de 68 mil kilómetros cuadrados. Sin embargo, el arrastre sigue utilizándose en otras zonas del país para capturar distintas especies de merluza y crustáceos.

Lea la edición completa en el siguiente link.

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