Juego Limpio
El Mostrador
Gatos asilvestrados, el depredador silencioso de Robinson Crusoe
Los gatos asilvestrados siguen siendo una de las principales amenazas para la biodiversidad de Robinson Crusoe. Un programa de conservación busca controlar su expansión mediante esterilización, identificación, rehabilitación y adopción, para proteger las especies endémicas del archipiélago.
En Robinson Crusoe, la biodiversidad no es una suma de especies: es una historia de aislamiento. Durante miles de años, aves, plantas e invertebrados evolucionaron lejos del continente, hasta adquirir formas y comportamientos que no existen en ningún otro lugar. El picaflor rojo de Juan Fernández, el rayadito de Masafuera y buena parte de la vida diminuta que habita sus bosques pertenecen únicamente a este archipiélago, reconocido como Parque Nacional y Reserva Mundial de la Biósfera.
Perder una especie allí no significa que sobreviva en otro país o en otra isla: puede equivaler a borrarla para siempre del planeta. En ese ecosistema excepcional existe una amenaza de la que se habla menos que de los perros abandonados: los gatos asilvestrados.
José Luis Cabello, director para América Latina de Island Conservation, explicó a Juego Limpio que los gatos asilvestrados constituyen uno de los principales problemas actuales de Robinson Crusoe. Son animales que dejaron de depender de las personas, se reproducen en libertad y se desplazan por quebradas, bosques y sectores de nidificación, dentro de una isla cuyas aves evolucionaron sin la presencia de mamíferos depredadores semejantes.
- La amenaza no se limita a la caza directa. Island Conservation advierte que gatos domésticos, comunitarios y asilvestrados ejercen presión sobre aves terrestres y marinas, además de generar riesgos sanitarios mediante la transmisión de enfermedades.
- También pueden mantener una compleja relación con otras especies invasoras: cazan ratas, pero eso no los convierte en una solución, sino en otro depredador introducido que actúa dentro de una cadena ecológica ya alterada. Dejar a los gatos como método de control de roedores significa mantener una amenaza para contener otra.
La historiografía cuenta que producto de la ocupación humana, se generó en el archipiélago una población de gatos silvestres, bravíos, dañinos, exóticos e invasores, que, al dejar de estar vinculados al ser humano y su cuidado, se transformaron en animales ambientalmente peligrosos provocando un desequilibrio ecosistémico debido a sus características, hábitos y comportamiento.
Relatos históricos indican que los gatos han estado presentes desde comienzos del siglo XVIII en IRC, por lo que se considera que los gatos asilvestrados han contribuido a graves reducciones de la especie fardela blanca, documentándose la presencia de gatos en sus colonias a través de cámaras trampa, y anualmente se evidencian eventos de mortalidad de decenas de individuos adultos y juveniles dentro de sus colonias reproductivas, posiblemente atribuibles a la acción de gatos.
Island Conservation trabaja desde hace más de una década en Juan Fernández con una idea central: restaurar una isla exige retirar o controlar las especies invasoras, pero también impedir que el problema vuelva a comenzar.
Su labor combina conservación, manejo veterinario, educación ambiental, normas para el ingreso de mascotas y colaboración con el municipio, CONAF, organizaciones locales y habitantes de Robinson Crusoe. La estrategia contempla la captura de gatos de vida libre, su esterilización, evaluación sanitaria, rehabilitación conductual y, cuando es posible, su traslado al continente para adopción.
- Uno de los resultados más concretos fue la rehabilitación de 14 gatos capturados, de los cuales 13 completaron exitosamente el proceso y fueron adoptados en el continente. La iniciativa también realizó 270 atenciones veterinarias, examinó a 81 gatos para detectar enfermedades e instaló microchips a los animales con dueño. El objetivo no fue solamente disminuir la presión sobre la fauna nativa, sino construir un sistema capaz de identificar a cada mascota y evitar que nuevos ejemplares terminen abandonados o incorporándose a la población asilvestrada.
El mayor logro llegó con las campañas de esterilización desarrolladas junto a la comunidad. Fueron intervenidos 61 gatos, alcanzando al 100% de los animales con dueño clínicamente aptos para el procedimiento. Solo tres no pudieron ser operados: una gata de edad avanzada y dos ejemplares que requerían equipamiento especializado no disponible en la isla. Además, el 100% de los gatos domésticos quedó identificado con microchip, mientras la ordenanza municipal prohíbe el ingreso de mascotas que no estén esterilizadas.
El resultado permite cortar una de las principales fuentes de nuevos gatos asilvestrados, pero no resuelve por sí solo el problema. Todavía queda retirar a los animales que viven en áreas naturales, fortalecer la fiscalización, cerrar completamente el ingreso de mascotas no esterilizadas y sostener el respaldo de una comunidad que al comienzo mostró algunas reticencias.
En una reserva donde cada especie representa una rama irrepetible de la evolución, el desafío no consiste únicamente en proteger lo que queda: también exige evitar que un nuevo abandono vuelva a iniciar el ciclo.
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