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Camilo Escalona: una vida entre el exilio, el PS y la democracia
El histórico dirigente socialista murió a los 71 años. Su trayectoria atravesó la Unidad Popular, la dictadura, la clandestinidad, la reunificación del PS, los gobiernos de la Concertación y la presidencia del Senado.
El exsenador y expresidente del Partido Socialista (PS), Camilo Escalona Medina, falleció este viernes a los 71 años en la Clínica Indisa, donde permanecía internado debido a un agresivo cáncer de próstata. En sus últimos días estuvo acompañado por su esposa, Jimena Tricallota; su hija Natalia, y su hermano Simón.
El dirigente murió cerca de las 20:00 horas del 4 de septiembre. Hasta su fallecimiento se desempeñó como secretario general del PS, colectividad a la que dedicó más de cinco décadas.
Nacido en Santiago el 15 de junio de 1955 e hijo de un panadero, Escalona ingresó a la Juventud Socialista en 1969, cuando tenía 13 años. Estudió en el Liceo N.º 6 de Hombres de San Miguel —actual Liceo Andrés Bello— y desde allí comenzó una temprana actividad como dirigente estudiantil, en medio de la polarización que marcó los últimos años del gobierno de Salvador Allende.
El golpe de Estado de 1973 cambió su vida. Tras permanecer escondido, se asiló en la embajada de Austria con ayuda del sacerdote Rafael Maroto. Su exilio lo llevó por Viena, Cuba y Berlín Oriental. A comienzos de la década de 1980 regresó clandestinamente a Chile y en 1984 ingresó a la Comisión Política del PS, mientras el partido operaba bajo la dictadura.
De la clandestinidad al Congreso
Con el retorno de la democracia inició una extensa trayectoria institucional. Fue elegido diputado en 1989 y volvió a la Cámara en 2002. En 2005 obtuvo un escaño senatorial por Los Lagos y en marzo de 2012 asumió la presidencia del Senado, convirtiéndose en el primer socialista en encabezar la corporación desde Salvador Allende.
Escalona presidió el PS entre 1994 y 1998, entre 2001 y 2003 y nuevamente entre 2006 y 2010. También encabezó la Nueva Izquierda, una de las principales corrientes internas de la colectividad. Su influencia se sostuvo menos en la exposición pública que en el control partidario, las negociaciones electorales y su capacidad para articular acuerdos dentro de la Concertación.
Fue un defensor persistente de la alianza entre el socialismo y la Democracia Cristiana, fórmula que consideraba fundamental para recuperar y sostener la democracia. Durante el primer gobierno de Michelle Bachelet se convirtió en uno de los principales interlocutores entre La Moneda, el PS y las bancadas parlamentarias oficialistas.
Su carrera sufrió un quiebre en 2013, cuando rechazó competir en una primaria para repostular por Los Lagos. Finalmente fue candidato al Senado por Biobío, pero no resultó elegido. En 2017 intentó regresar a la Cámara Alta por Aysén, nuevamente sin éxito, aunque mantuvo su influencia interna.
La unidad como último mensaje
En sus últimos años volvió a ocupar responsabilidades en la conducción socialista. La enfermedad redujo progresivamente su actividad pública, pero no lo apartó por completo de las disputas del partido.
Su última intervención fue un llamado a preservar la unidad, la hermandad y la fraternidad entre los socialistas. Fue también el cierre político de una trayectoria que recorrió la Unidad Popular, el exilio, la clandestinidad, la transición y los gobiernos de la Concertación.
El PS lo despidió como uno de sus dirigentes históricos y destacó su aporte a la recuperación y defensa de la democracia. Con su muerte desaparece uno de los principales organizadores políticos de la izquierda chilena durante el último medio siglo.
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