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El Mostrador
Estudio del CHIC documenta 438 especies en bosques submarinos entre Pto. Montt e islas Diego Ramirez
Una revisión de 102 estudios científicos reunió la evidencia disponible sobre los bosques de huiro gigante de la Patagonia chilena, identificando 438 especies y vacíos de conocimiento. El trabajo busca aportar antecedentes para fortalecer su conservación y vínculo con las comunidades.
- La revisión sistemática de 102 artículos científicos reúne evidencia dispersa sobre el huiro gigante, identifica vacíos de conocimiento y fundamenta su importancia para la biodiversidad y las comunidades.
Décadas de investigaciones habían documentado la vida asociada a los bosques de huiro de la Patagonia, pero ese conocimiento permanecía disperso y débilmente conectado con las decisiones de manejo. Un estudio desarrollado en el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) lo reunió para evaluar qué evidencia respalda su protección como hábitats críticos.
Publicado en Current Opinion in Environmental Sustainability, el trabajo organizó los resultados de 102 artículos en tres dimensiones: la biodiversidad registrada, las contribuciones de estos bosques a las personas y la distribución geográfica de las investigaciones. Así distingue dónde la evidencia es sólida y dónde faltan conocimientos para decidir cómo conservarlos.
El estudio fue elaborado por Jaime Ojeda, Camila Catalán, Johanna Marambio, Sebastián Rosenfeld, Juan Pablo Rodríguez, Matías Cuevas y Andrés Mansilla. El equipo reúne a investigadores del CHIC, la Universidad de Magallanes (UMAG), el Instituto Milenio BASE, el Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la UMAG y la Universidad de Chile.
El inventario consolidado concentra 535 taxones: 438 identificados a nivel de especie y 97 a nivel de género, desde Puerto Montt hasta el archipiélago Diego Ramírez. Son registros del conjunto regional. Para parte de ellos existen relaciones ecológicas documentadas: centollas juveniles se refugian entre las estructuras del huiro, erizos se alimentan de sus restos y calamares patagónicos fijan sus huevos a sus frondas.
La revisión también identifica vacíos en la literatura examinada. Los estudios analizados cubren ocho de las 18 categorías de contribuciones de la naturaleza a las personas, pero ninguna de las tres relativas a identidad, aprendizaje e inspiración, y experiencias físicas y psicológicas. Los vínculos culturales existen, incluidos los de los pueblos yagán y kawésqar, y comprenderlos exige integrar otras fuentes y saberes.
En el territorio, la investigación se concentra cerca de Puerto Montt y Chiloé, y de Punta Arenas y el canal Beagle. Las zonas intermedias y costas expuestas presentan vacíos que dificultan orientar la protección. La revisión sitúa estas carencias en una ecorregión que, según estudios previos citados, concentra cerca del 28% de la distribución mundial del huiro gigante (Macrocystis pyrifera).
El equipo propone, además, reconocer la defensa política del hábitat como una contribución de las personas a la naturaleza. El caso es Magallanes: pescadores que no extraen huiro promovieron protegerlo porque sostiene especies que capturan. La veda comenzó en 2022 y fue renovada hasta 2034. Para los autores, esa decisión expresa reciprocidad entre comunidades y ecosistemas.
El análisis identifica también un efecto involuntario: la prohibición de recoger algas varadas restringió su uso agrícola tradicional en Puerto Williams. Los autores proponen reglas que consideren escala y finalidad, y avanzar del decreto a una ley que dé estabilidad a la protección. Mientras otros territorios buscan restaurar bosques deteriorados, el trabajo del CHIC aporta evidencia para fortalecer la conservación preventiva de un refugio mundial del huiro.
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