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El día en que Kast confundió la Asamblea General de la ONU con el ChileDay

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Otra semana más de ajetreo político, marcado por la participación del Presidente Kast en la ONU, instancia que dejó un mar de dudas después que confirmara el ingreso de Chile al Escudo de las Américas, el plan de alineamiento político en que una buena parte de los países de Latinoamérica aceptan convertirse “voluntariamente” en el patio trasero de EE.UU.

  • La medida, de forma inédita, impulsó a Bachelet y a Boric a sumarse a una causa común para emplazar a Kast a “reconsiderar” la iniciativa. Hasta el ministro de Defensa, Fernando Barros, aseguró que no manejaba todos los antecedentes respecto a los alcances de la adhesión. “Espero que el Presidente y el canciller vuelvan y puedan explicar con mayor detalle en qué consiste esto”, señaló, incrementando las dudas.

Todo partió el martes de esta semana cuando Kast llegó a la ONU asegurando que “Chile está de vuelta”. Entre seguridad, inversión y reproches a la burocracia de Naciones Unidas, el Presidente convirtió el hemiciclo en vitrina de conflictos domésticos y una plataforma de captación de mercados. El libreto tuvo ecos de Trump –“America is back”–, críticas opositoras y selfies con la derecha internacional. El viaje, sin embargo, dejó una pregunta concreta y más inquietante: ¿qué ganó realmente Kast con su visita a Nueva York?

  • La respuesta no está clara. Menos al hablar del Escudo de las Américas, que parece tener una curiosa propiedad: cada país salió de la misma reunión con una versión distinta del acuerdo. Mientras Washington habla de coordinación hemisférica, inversión, minerales críticos y hasta TIAR, La Moneda lo presenta como un voluntarioso pacto policial contra el crimen organizado. Una declaración que para unos compromete y para otros apenas significa un apretón de manos. La duda está instalada. Los riesgos, insospechados.

A nivel nacional, la semana dejó al Gobierno haciendo equilibrio en su agenda de seguridad. Por un lado, perdió la reforma para ampliar la detención de migrantes irregulares y, por otro, el ministro Martín Arrau consiguió algo más difícil que un quórum de dos tercios: irritar transversalmente al Congreso. Su frase aludiendo a que por él “no iría al Congreso”, terminó con críticas a su falta de conducción política.

  • Si bien todavía falta para Halloween, hay fantasmas que ya comenzaron a rondar en La Moneda y tienen nombres conocidos: Piñera, Bachelet y Parisi. Mientras Renovación Nacional quiere “piñerizar” la agenda de empleo con subsidios y Fogape, Republicanos recuerda que “el piñerismo sin Piñera no existe”. Michelle Bachelet, en tanto, reaparece como factor de articulación opositora o al menos, como sostuvo Eugenio Tironi, como una vigilante del Gobierno de Kast, y Parisi le recuerda al Mandatario la vieja promesa de bajar los sueldos públicos. En La Moneda, Halloween no llega, pero sus fantasmas ya comienzan a asustar.

El caso de las “narcomaderas” ya no es solo un episodio policial, sino que se ha convertido en un problema diplomático para Kast. Bolivia pasó de cuestionar la incautación de droga en cargamentos de madera a contratar exagentes de la DEA para disputar la tesis chilena, mientras figuras políticas del país altiplánico hablan derechamente de un “montaje”. Y con Kast preparando su próximo viaje a Bolivia, el asunto se ha puesto más incómodo de lo previsto. Si el Jefe de Estado cede a las presiones de La Paz, alguien tendrá que pagar el costo.

  • Para cerrar, otra historia de multimillonarios postapocalípticos. En Uruguay, un tecnolibertario cercano a Peter Thiel, Dryden Brown, proyecta construir una ciudad utópica, financiada por inversionistas que incluyen al fondo de Sam Altman, el CEO de OpenAI. +Colonia busca convertirse en la smart city más libertaria del mundo, siguiendo la huella de Próspera en Honduras, la ciudad fundada por Thiel que se acaba de mudar a una mansión en Buenos Aires. El fin del mundo tiene –al parecer– vista al Río de la Plata.

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El día en que Kast confundió la Asamblea General de la ONU con el ChileDay

Selfie tomada por el Presidente Kast en evento de la ONU.

José Antonio Kast llegó a Naciones Unidas con una tesis más propia de una cuenta pública que de una alocución diplomática: “Chile está de vuelta”, aseguró en el hemiciclo de la organización multinacional, poniendo el acento en el comienzo de una recuperación tras varios años de estancamiento económico. La contrapregunta a tanta expectativa fue de perogrullo y se la formularon varios analistas: ¿vuelta de qué?

  • El regreso a un estado anterior mucho mejor que el actual tiene algo de la parábola del hijo pródigo o de la etiología cristiana del “redentor”: alguien que vuelve a poner las cosas en su lugar, a garantizar el buen funcionamiento y el retorno de un pasado glorioso. La frase no es propia, lo dijo Trump en su discurso también esta semana –“América is back”– y lo repitieron varios de sus epígonos en la misma asamblea general.

El discurso del Presidente transformó la tribuna internacional en una vitrina para exhibir supuestos logros domésticos y hablarles simultáneamente a los mercados y a los electores nacionales, en un emplazamiento calificado por analistas como errático, dado el lugar y la audiencia (en su caso muy discreta).

  • Seguridad, inversión, crecimiento, orden y confianza fueron las palabras que armaron el relato de José Antonio Kast, celebrando las solicitudes de inversión en el país por más de $44 mil millones, sin que estas todavía hayan sido aprobadas. En la misma lógica narrativa, invitó a los capitales extranjeros a que “elijan Chile para invertir”, una frase que provocó respuestas cargadas de ironía criolla. “Naciones Unidas no es un ChileDay, es un organismo internacional”.

Pese a que el “manual” en la ONU recomienda no hablar mal del propio país, Kast continuó fiel a su libreto, atribuyendo el origen de todos los males a sus predecesores. Aunque sin mencionar a Bachelet y Boric, instaló la idea de un país que estuvo ausente de las grandes ligas en materia económica y que su regreso –con él a la cabeza– era inminente. La tribuna de Naciones Unidas, nuevamente, se convirtió en amplificadora de una disputa doméstica.

  • Desde la oposición, la voz más crítica provino de la exministra Camila Vallejo, quien cuestionó que, luego de seis meses de Gobierno, Kast atribuyera a sus antecesores todos los problemas nacionales. La exvocera aseguró que el Mandatario continuaba “avergonzando a Chile ante el mundo”, con su falta de “dignidad” en el ejercicio de su cargo y “subordinando nuestra patria a los intereses de Donald Trump”.

Como el presidente norteamericano, Kast repitió un discurso similar en contra de la ONU. Dijo que la organización “no ha estado a la altura” de los desafíos contemporáneos, cuestionó su burocracia, la multiplicación de agendas y la estructura del Consejo de Seguridad. A juicio de algunos analistas, las frases constituyen críticas históricas, reiteradas en diversas ocasiones, “sin ningún tipo de novedad”.

  • Pero en medio de discursos y reuniones, Kast tuvo tiempo de tomar selfies, pidiendo a varios presidentes que se sumaran a las fotos. Y a falta de anuncios claros –como el rol que jugará el país en el Escudo de las Américas–, las imágenes devuelven una postal de Chile integrado a una derecha internacional al alero de Donald Trump. Una diplomacia como álbum fotográfico de afinidades políticas, sin acuerdos concretos, ventajas diplomáticas y resultados verificables.
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La confusa Torre de Babel tras el Escudo de las Américas

Estuvieron en la misma reunión, suscribieron una declaración conjunta y hasta se sacaron selfies. Sin embargo, el Joint Statement del Departamento de Estado, el comunicado de la Cancillería, las declaraciones de Marco Rubio y la exégesis del Presidente José Antonio Kast sobre el acuerdo denominado Escudo de las Américas, no solo son diferentes sino que también exhiben contradicciones diplomáticas y divergencias geopolíticas que no son una bicoca.

  • El broche de oro: la primera discrepancia cabe en una cifra. Para EE.UU. son 24 las organizaciones criminales que deben combatirse. En contraste, para Chile son 25. O alguien cometió un error o hasta la lista de ambos países es diferente. Por lo menos así lo informó el ministro de Relaciones Exteriores, Francisco Pérez Mackenna, tras el texto suscrito. Por su parte, Marco Rubio no menciona ninguna cifra ni lista de organizaciones específicas.

Menos cómico resulta el resto de las diferencias expresadas por ambos gobiernos. El Joint Statement acuerda solicitar formalmente ante la OEA la reunión del Consejo Permanente para convocar al Órgano de Consulta del TIAR al amparo de sus artículos 6 y 13. Tanto el comunicado de RR.EE. de Chile como la alocución de Marco Rubio, omiten por completo toda mención al TIAR y la OEA.

  • En la cita de Nueva York, entre los 15 países del acuerdo, Rubio exigió de forma explícita “votar juntos en foros internacionales” y hablar al unísono. Aunque el Joint Statement propone únicamente la intención de “profundizar la consulta y coordinación de posiciones comunes”, el Ministerio de Relaciones Exteriores lo consideró como un simple “marco de coordinación voluntaria”.

Tras lo que firmaron en Nueva York, la Cancillería chilena dice creer que su adhesión es una simple “declaración política de intenciones”, un apretón de manos voluntario enfocado en perseguir a bandas como el Tren de Aragua con inteligencia y trabajo policial duro. Paralelamente, para el Departamento de Estado de EE.UU. y el secretario de Estado, Marco Rubio, es una arquitectura hemisférica que amarra bajo un solo puño la seguridad, las inversiones extranjeras, la minería crítica, las redes digitales, la defensa militar y el alineamiento diplomático.

  • Aunque formalmente se le denomine declaración de intenciones, en derecho internacional lo determinante es el contenido y la intención de obligarse, por lo que suscribir protocolos operativos posteriores puede generar responsabilidades internacionales. Así lo creen a los menos tres exjefes del Edificio Carrera.

La brecha entre la oratoria y los compromisos firmados se repite en el plano económico. El documento impone la revisión de inversiones extranjeras (investment screening), el blindaje de las cadenas de suministro de minerales críticos y la selección de “proveedores confiables” para la infraestructura digital de la región.

  • Estas cláusulas arrastran a América Latina a la competencia directa entre Estados Unidos y China por el control estratégico del cobre, el litio y las redes de telecomunicaciones. Pese a que la diplomacia chilena argumenta que no existirán restricciones comerciales, la exigencia de contar con “proveedores confiables” sugiere presiones directas de Washington para bloquear capitales chinos en sectores de infraestructura clave.

Por su parte, el texto de la Declaración Conjunta se limita a señalar la intención de profundizar la consulta y coordinación en foros multilaterales, remarcando el respeto a la soberanía de cada país. Frente a la postura de Rubio, la Cancillería chilena ha rechazado que el país vaya a actuar como un voto en bloque o a subordinar su política exterior. No obstante, exautoridades diplomáticas, como los excancilleres Mariano Fernández e Insulza, advierten que Washington busca instrumentalizar el acuerdo como una plataforma de alineamiento político que restringe la autonomía diplomática sudamericana.

  • Al contrastar los documentos con el relato público, la realidad resulta confusa: mientras algunos gobiernos intentan enmarcar su participación en una colaboración policial voluntaria, el texto legal firmado abre la puerta a la militarización del combate al narco vía TIAR, a barreras contra la inversión extranjera y a la consolidación de un instrumento de alineamiento geopolítico hemisférico promovido por Estados Unidos.
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La semana en que Arrau dinamitó puentes con el Congreso

Ministro de Seguridad, Martín Arrau. Foto: Agencia UNO.

Fue una semana negra para la agenda de seguridad del Gobierno. El rechazo a la reforma constitucional que buscaba ampliar el plazo de detención de migrantes irregulares expuso las dificultades del Ejecutivo para construir mayorías.

  • El ministro de la cartera, Martín Arrau, enfrenta este escenario con una relación deteriorada con el Congreso y una percepción cada vez más extendida de que ha subestimado el trabajo político que requiere sacar adelante su agenda.

“Yo por mí, no iría al Congreso”, dijo Arrau esta semana en un conversatorio con Icare. Frase que dinamitó los puentes en un momento clave para su cartera y la misión de insistir en el Senado con la reforma constitucional, para lo cual necesita un quórum de dos tercios.

  • Si bien después intentó calmar los ánimos e insistió en que siempre ha relevado el rol del Parlamento, lo cierto es que esta declaración “desafortunada” para algunos terminó confirmando una crítica que venía acumulándose: una suerte de desidia frente al trabajo legislativo.

El senador Pedro Araya (PPD) fue explícito. “Conversar con el Congreso no es un favor ni una actividad voluntaria, es parte de su pega”, subrayó. Y el episodio de la Ley Antibarricadas 2.0 volvió a alimentar ese cuestionamiento: la iniciativa avanzó al Senado con cambios impulsados por la oposición y sin Arrau en la Sala, pese a tratarse de un proyecto de su propia agenda.

  • Parlamentarios clave para la negociación anticiparon un complejo camino en el desierto. Araya habló de la necesidad de “menos calculadora parlamentaria y más conducción”, mientras que el senador Karim Bianchi advirtió una “barrera altísima” para conseguir los respaldos requeridos en el Senado.

“Nosotros nos podemos entender con el ministro Segpres y así liberamos al ministro Arrau de esta molestia”, dijo el independiente del comité Evópoli, Matías Walker.

  • La presidenta de la Cámara Alta, Paulina Núñez (RN), llevó el diagnóstico un paso más allá: habló de “falta de conducción política” y de una “cadena de errores”. Su advertencia apunta al problema de fondo: si La Moneda no corrige su estrategia de interlocución con el Congreso, las dificultades legislativas de Arrau pueden terminar convirtiéndose en un problema político del Gobierno.
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Halloween adelantado en La Moneda: los sustos que rondan a Kast

A José Antonio Kast se le adelantó Halloween. Y el primer susto llegó desde su propia coalición: Renovación Nacional (RN) quiere “piñerizar” la agenda de empleo.

La receta es concreta. RN propone recuperar dos herramientas de Piñera II: un subsidio a las nuevas contrataciones y el fortalecimiento del Fogape. Pero el asunto dejó rápidamente de ser solo económico: desde el partido ampliaron la apuesta y plantearon que había que “piñerizar en muchas cosas” al Gobierno.

  • Ahí se abrió otra pelea entre RN y Republicanos. Desde el partido de Kast respondieron que “el piñerismo sin Piñera no existe”. RN devolvió el golpe con una frase más incómoda: “El piñerismo tiene la experiencia que a este Gobierno le falta”.

El cruce toca una fibra conocida. Kast construyó parte importante de su identidad en la derecha diferenciándose de Sebastián Piñera. En 2021 llegó a decir que su segundo mandato pasaría a la historia como “uno de los peores gobiernos” desde la Independencia y habló de “cuatro años de mal Gobierno”. Cinco años después, sus aliados le piden recuperar parte de aquella receta.

  • Kast tomó distancia de la etiqueta, aunque no del legado laboral. Dijo que “no se trata de ocupar la fórmula de uno u otro Presidente”, destacó los empleos creados bajo Piñera y mencionó incluso a Evelyn Matthei –una de las voces críticas de su gestión– como su exministra del Trabajo.

En Republicanos tampoco hay una sola línea: algunos están disponibles para recoger políticas que funcionen; otros rechazan que “piñerizar” se transforme en la hoja de ruta de La Moneda.

Y el debate llega en un momento especialmente incómodo. Dos tropiezos consecutivos en la Cámara –la caída por un voto de la reforma migratoria y una derrota clave en la Ley Antibarricadas 2.0– volvieron a poner bajo la lupa a la Segpres y su coordinación legislativa.

  • Desde RN, la presidenta del Senado, Paulina Núñez, habló derechamente de “déficit político”y de una “cirugía mayor” al gabinete, aunque defendió a José García Ruminot. En medio de esas presiones, un eventual ajuste ministerial vuelve a abrir la discusión sobre cuánto espacio podría ganar Chile Vamos dentro de la fórmula que Kast ya instaló: ampliar la base sin diluir el proyecto.

Así, “piñerizar” dejó de ser solo una discusión sobre empleo. También terminó poniendo sobre la mesa experiencia política, conducción y el peso que tendrá la derecha tradicional dentro del Gobierno.

Pero Piñera no es el único susto.

El retiro de Michelle Bachelet de la carrera por la Secretaría General de la ONU encendió otra alerta en RN. Desde el partido advirtieron que podría convertirse en un “pilar fundamental” para reorganizar a la oposición y admitieron que, para el sector, habría sido mejor verla trabajando en Naciones Unidas que “instalada en Chile”.

  • Bachelet no ha dicho que vaya a asumir ese papel y anunció que seguirá ligada al trabajo internacional. Pero ya protagonizó una primera acción política junto a Gabriel Boric: ambos cuestionaron la adhesión de Chile al Escudo de las Américas y pidieron a Kast reconsiderarla. La posibilidad de que recupere peso en una oposición fragmentada dejó de ser, al menos para la derecha, una preocupación puramente hipotética.

Y desde el PDG reapareció otro asunto que Kast conoce bien: los altos sueldos del Estado.

Zandra Parisi propuso reducir las remuneraciones públicas superiores a $6 millones como alternativa para financiar Sala Cuna Universal. Franco Parisi ya venía golpeando sobre la misma tecla: en junio recordó que durante la campaña le habían planteado a Kast bajar los sueldos y recalcó que hablaba de una rebaja general, “no como donación”.

El archivo vuelve a incomodar. En la misma campaña de 2021 en que cargó contra Piñera, Kast prometió rebajarse el sueldo presidencial a la mitad y disminuir las remuneraciones y asignaciones de las altas autoridades del Estado.

Así, mientras La Moneda intenta recuperar iniciativa, tres asuntos vuelven a golpear la puerta: Piñera como receta para el empleo y motivo de disputa entre RN y Republicanos; Bachelet como eventual factor de articulación opositora; y Parisi reviviendo una vieja promesa de austeridad del propio Kast.

Todavía falta para Halloween. Pero algunos sustos políticos llegaron antes.

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El conflicto que comienza a asomar con Bolivia

Políticamente complejo está en Bolivia y también en Chile el caso de las “narcomaderas”, la incautación de más mil toneladas de maderas producidas en la región de Pando, en puertos como Arica, Iquique y Valparaíso, impregnadas con cocaína y ketamina y destinadas a ser exportadas a otros países, según indica la investigación del Ministerio Público de Arica y el Departamento de Inteligencia y Policía Marítima (Dipolmar) de la Armada, la cual cifra en 108 toneladas la cantidad de droga.

  • Desde que se dieron a conocer las incautaciones, las empresas bolivianas a las que se les requisaron los envíos (los que, por cierto, se iniciaron más de un año antes) comenzaron un fuerte lobby ante la Fiscalía y los medios de comunicación, que ha incluido además acciones como contratar a dos exagentes de la DEA norteamericana para que estos escribieran un informe que cuestiona los resultados del ISP chileno. 

Desde el inicio, el caso fue un escándalo en Bolivia, dado que el vicepresidente Edmand Lara (quien está en un abierto enfrentamiento con el presidente Rodrigo Paz) acusó que personas vinculadas al Gobierno estaban implicadas en el hecho, algo que Paz descartó de inmediato, aunque sí dijo que “el daño que se ha hecho es muy grande”, apoyando la idea de que todo es un montaje chileno y no existe droga.

  • Las cosas cambiaron de cariz esta semana cuando el expresidente Jorge “Tuto” Quiroga salió a respaldar la tesis del montaje, asegurando que lo dado a conocer por el fiscal Mario Carrera era un “show, una denuncia mediática”. Según él, lo obrado por la Fiscalía es “el peor daño” que se ha infligido a Bolivia desde la Guerra del Pacífico y, a su juicio, el Presidente José Antonio Kast debería pedir perdón “de rodillas” si se demuestra que no hay droga, insistiendo en algo que el ISP ya descartó, dado que encontró cocaína y ketamina en más de 300 muestras, aunque con un 0,5 % en las trazas.

El tema no es menor y es probable que en La Moneda no estén dimensionando las consecuencias políticas y diplomáticas en torno al caso. Chile y Bolivia firmaron el Acuerdo de las Américas que, en el papel, es un acuerdo de cooperación contra el crimen organizado. La Moneda, hasta ahora, respalda la investigación fiscal. Bolivia, por su parte, dice que la pega está mal hecha. El conflicto entre socios del Escudo es evidente.

Por cierto, el Presidente Kast tiene programado un viaje a La Paz para el próximo 15 de octubre, el que, de concretarse, podría derivar en un clima hostil hacia el Mandatario, una de cuyas apuestas estratégicas era, justamente, acercarse a Bolivia.

La pregunta cae de cajón: ¿seguirá al pie su agenda internacional o se bajará a última hora?

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La ciudad utópica que amigo de Peter Thiel levanta en Uruguay

The New York Times reportó que un tecnolibertario cercano al dueño de Palantir, Peter Thiel, Dryden Brown, de solo 30 años, está al frente de la construcción de una ciudad utópica ubicada en Uruguay: +Colonia, cerca de Colonia del Sacramento.

  • El NYT lo describe como un exsurfista que “ha prometido construir una nueva civilización”. Se lo describe como alguien que “ha provocado controversia por promover una visión de la sociedad hipermasculina y centrada en Occidente”. Por cierto, Brown es la cara más visible de Praxis, “una empresa cripto” en la cual, entre otros inversionistas, se cuenta Apollo Projects, el fondo de inversiones de Sam Altman, el CEO de OpenAI.

Otro de los rostros visibles es el argentino y asesor de Javier Milei, Eduardo Bastitta, quien dijo que “unos 2.700 praxianos, la gran mayoría nómades, ya mostraron interés en instalarse o tener algún tipo de participación en el proyecto”, aseverando que se trata del “proyecto de Smart city más libertario del mundo”, aunque no el único.

  • En efecto, desde 2013 existe en Honduras la ciudad de Próspera, emplazada en una zona con regímenes tributarios y normativos especiales, lo que atrajo en 2017 a Peter Thiel, quien –dice The Conversation– “firmó un acuerdo con el Gobierno hondureño para administrar allí un territorio bajo sus propias leyes. Estas estarían basadas en el common law y bajo la supervisión digital de jueces jubilados del estado de Arizona”.

Hay que recordar que a inicios de año Thiel se compró una mansión en Buenos Aires, donde se reunió con Javier Milei, para luego viajar a Santiago y hablar con José Antonio Kast, José Piñera y Johannes Kaiser, entre los que se sabe. Con posterioridad a ello, Thiel compró acciones del yacimiento de gas y petróleo Vaca Muerta, en Neuquén, y comenzó a construirse una casa en Uruguay también.

  • Apocalipisis now. Amén de la IA, Thiel y varios billonarios de Silicon Valley viven aterrorizados por la posibilidad de una hecatombe atómica, en medio de la cual América Latina emerge como un posible santuario de sobrevivencia, aunque, por supuesto, también les atraen los bajos impuestos y la escasa regulación.

Hasta aquí llega esta edición de +Política. Si tienen algún comentario, duda o información que quieran compartir, pueden escribirnos a maspolitica@elmostrador.cl.

 

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