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La invasión a Irak: El día que Lagos le dijo “no” a Estados Unidos
En marzo de 2003 el expresidente Ricardo Lagos recibió una llamada de George Bush, pidiéndole su voto favorable en la ONU, a fin de atacar a Saddam Hussein. Lagos se negó, pese a que a esa fecha ya estaba claro que le legación nacional en Nueva York era espiada.
“No somos el patio trasero de ningún país” dijo ayer el Ministro de Defensa, Fernando Barros, en una entrevista en TVN, refiriéndose de ese modo al discurso pronunciado en Panamá por el Secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, en el cual este llamó a 18 países de América a aumentar su gasto militar, abandonar la Corte Penal Internacional (CPI) y formar una coalición comandada por Estados Unidos, con el fin de combatir “narcoterroristas” así como “marxistas radicales”, entre otros.
Se trata de una especie de reedición de la famosa doctrina Monroe (de 1823); de la doctrina de la seguridad nacional, que comenzó a imperar en los años ’60, y del “corolario Trump” o doctrina “Donroe”, emitida el año pasado.
La respuesta del ministro Barros no fue casual ni al pasar. Para nadie es un misterio que desde hace muchos años que en Washington DC el concepto de backyard (“patio trasero”) es una forma habitual para referirse a América Latina y aunque por lo general se evita decirla en público, Hegseth la mencionó en su discurso, cuando habló de los ataques contra supuestas narcolanchas, agregando que continuarán “las ejecuciones de narcoterroristas que amenazan nuestro patio trasero”. Posteriormente, dijo que el nuevo lema de la alianza es que “le hacemos cosas malas a malas personas”.
Armas de destrucción masiva
La actitud del ministro Barros llamó la atención por dos aspectos. El primero de ellos tiene que ver con la cercanía del gobierno de José Antonio Kast con el de Donald Trump y, asimismo, con la influencia histórica que dicho país ha ejercido respecto de las demás naciones del continente.
De hecho, en la historia chilena existen pocos precedentes recientes, y quizá el más destacado de ellos fue el “No” del Presidente Ricardo Lagos a George Bush hijo, en marzo de 2003, en orden a autorizar una invasión a Irak, lo que a muchos incluso hizo temer que significara que se cayeran los trámites finales destinados a implementar el Tratado de Libre Comercio entre Chile y Estados Unidos (hoy, derogado en la práctica).
El episodio tuvo su origen en los atentados de 2001, cometidos por Al Qaeda en contra de varios objetivos estadounidenses, entre ellos las Torres Gemelas de Manhattan y el Pentágono, en Washington DC. Luego de la invasión a Afganistán (donde se creía que se refugiaba Osama Bin Laden, el líder de Al Qaeda) distintas fuerzas al interior del gobierno de Bush comenzaron a acusar que detrás de los ataques estaba el gobierno de Saddam Hussein, en Irak, y que dicha dictadura poseía “armas de destrucción masiva”. Eso nunca se comprobó.
En noviembre de 2002 el Consejo de Seguridad de la Organización de Naciones Unidas (ONU) dio “una última oportunidad” a Irak para que inspectores de dicha entidad viajaran a revisar las armas, pero como Hussein se negó, Estados Unidos, con el apoyo de España y Reino Unido, intentó que se aprobara una resolución que les permitiera usar la fuerza, por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que está compuesto por cinco miembros permanentes (EEUU, Reino Unido, Rusia, Francia y China) y 10 no permanentes, que duran dos años en el cargo. Justamente Chile era uno de los miembros no permanentes en ese momento.
Por ende, el Presidente Bush comenzó a buscar votos, pues requería un mínimo de nueve. Sin embargo, El 1 de marzo las cosas se tensaron mucho, cuando el periódico The Guardian publicó un memo secreto, firmado por un agente de la National Security Agency (NSA) estadounidense Frank Koza y fechado el 31 de enero de ese año, enviado a varios agentes de inteligencia británicos, pedía “esfuerzos contra los miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas Angola, Camerún, Chile, Bulgaria y Guinea, así como un foco extra en los asuntos de Pakistán y la ONU”.
Luego, el 7 de marzo de ese año, Mohamed ElBaradei, director de la Agencia de Energía Atómica, informó que no había evidencia de que Irak tuviera armas nucleares, y cinco días más tarde Bush llamó por teléfono a Lagos.
—Ricardo, ¿podemos contar con tu voto? —preguntó el mandatario estadounidense a su par chileno, según este reveló en 2021 a La Tercera, diario que relató que el diálogo completo fue el siguiente:
—¿Estás seguro de que es momento de forzar la votación (en el Consejo de Seguridad de la ONU)? —respondió Lagos.
—Es el momento, Ricardo. Hemos mantenido este debate demasiado tiempo. Yo quiero pedirte que me apoyes en ir a la guerra.
—No, no puedo apoyarte en ir a la guerra, si vas a la guerra sin el Consejo de Seguridad yo no te puedo apoyar. Pienso que hay que darle un mes más.
—Sr. Presidente, le agradezco mucho su franqueza —finalizó Bush.
—Yo me considero amigo de Estados Unidos y entre los amigos debemos ser francos y por eso he sido muy franco con usted —finalizó Lagos, quien realizó su doctorado en una de las mejor universidades de ese país, Duke.
El chileno, por cierto, no estaba a favor de Hussein, pero su idea de dar más tiempo a las inspecciones no tuvo eco en Bush, quien el 17 de marzo retiró la votación del consejo de seguridad, sabiendo que no reuniría los votos, emprendiendo una invasión a Irak dos días más tarde.
La filtradora y los micrófonos
Posteriormente se sabría que quien había filtrado el mail de Koza era una traductora perteneciente a la inteligencia británica, Katharine Gun, quien fue detenida y sometida a juicio, pero finalmente la fiscalía decidió no seguir con el caso, luego de una fuerte oleada de opinión pública a favor de ella, tras una campaña encabezada por Daniel Ellsberg, el autor de la filtración conocida como “Los papeles del Pentágono”. En 2019 se estrenó la película Official Secrets, que revive todo el affaire, con Keira Knightley como Gun.
Una investigación periodística posterior, realizada por Los Angeles Times, estableció que en las oficinas de Chile en la ONU -cuyo embajador era Juan Gabriel Valdés– se encontraron un sistema de escucha dirigido al escritorio de Valdés, que estaba instalado en un edificio cercano y un micrófono en su residencia, así como se constataron también que habían sido intervenidos los teléfonos de la misión diplomática y de los domicilios de los representantes de Chile.
El mismo reportaje reseña que los seis países mencionados en el memo se reunieron justamente en las oficinas chilenas, donde redactaron una propuesta destinada a evitar el conflicto bélico, pero aún no la habían terminado cuando autoridades de EEUU comenzaron a llamar a sus respectivos países, protestando por el contenido del documento.
Lea el memo de Frank Koza: