PAÍS
Agencia Uno
Gobierno chutea la pelota: esperarán elecciones de medio término en EEUU para definirse sobre la CPI
La Moneda responderá en noviembre a la propuesta de Washington, que incluye cooperación contra el narcotráfico y el llamado a abandonar la Corte Penal Internacional. La fecha coincide con las elecciones de medio término en EE.UU., que medirán la fuerza política de Donald Trump.
Chile no ha dicho que sí, pero tampoco que no. Frente a la ofensiva de Estados Unidos para articular una nueva estrategia regional de seguridad, el Gobierno optó por ganar tiempo y fijó noviembre como horizonte para entregar una respuesta sobre su eventual participación en el denominado “Escudo de las Américas”.
La fecha no es inocua. En noviembre se celebrarán las elecciones de medio término en Estados Unidos, una prueba clave para determinar la correlación de fuerzas que tendrá Donald Trump durante la segunda mitad de su mandato. El resultado podría modificar el margen con que países como Chile enfrenten las exigencias que Washington está poniendo sobre la mesa para América Latina.
La propuesta estadounidense no se limita a incrementar la cooperación contra el narcotráfico. El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, llamó a los países de la región a aumentar su gasto militar, participar en una estrategia conjunta contra los carteles y abandonar la Corte Penal Internacional (CPI).
Es precisamente esa combinación la que sitúa a Chile ante una definición que excede la cooperación técnica en seguridad. El país ratificó el Estatuto de Roma y en 2009 modificó su Constitución para reconocer la jurisdicción de la CPI, mientras Estados Unidos nunca ha reconocido el tratado que dio origen al tribunal.
Por ahora, la respuesta del ministro de Defensa, Fernando Barros, ha sido mantener abiertas las alternativas. Chile participó como observador en la conferencia realizada en Ciudad de Panamá y el secretario de Estado confirmó que el Gobierno todavía no adhiere al programa completo promovido por Washington.
“En esta reunión el tema no son los aspectos geopolíticos, ni el financiamiento o la inversión en defensa; es un plan de trabajo, de cooperación y de intercambio de esfuerzos entre los países”, explicó Barros.
La fórmula utilizada por Defensa permite separar los distintos componentes de la propuesta estadounidense y evitar, al menos por ahora, una adhesión o un rechazo en bloque.
“El tema no es binario. Aquí hay una oferta de colaboración y uno puede participar en todo o en aquellas cosas que realmente necesita”, afirmó el ministro.
En ese diseño, Chile identifica áreas en las que sí existiría espacio para trabajar junto a Washington. “Nos vienen muy bien las ayudas en ciertas áreas, como inteligencia, información y tecnología. Pero no necesitamos más que eso. Participaremos en esto en la medida que nos dé cosas que necesitamos y podamos colaborar”, sostuvo Barros.
La posición también permite tomar distancia de uno de los componentes más sensibles de la propuesta: la incorporación de capacidades militares a la lucha regional contra el narcotráfico. El ministro recordó que, bajo el ordenamiento chileno, esa tarea corresponde principalmente a las policías, el Ministerio Público y los organismos estatales competentes.
“Primero se respeta la soberanía, la legislación, tanto la Constitución como las leyes de cada país”, recalcó.
Una cautela similar expresó ante la presión estadounidense para incrementar los presupuestos militares. Hegseth ha pedido una inversión “sustancial” en capacidades defensivas y el subsecretario de Guerra, Elbridge Colby, calificó como “absurdo” que países latinoamericanos gasten menos del 1% de su PIB en Defensa. Chile destina un 1,52%.
Para Barros, sin embargo, esa decisión no puede imponerse desde Washington. El gasto militar “es un tema que cada país tiene que ver en función de su realidad, de sus necesidades, de sus capacidades y prioridades”, señaló. Aseguró que Chile dispone actualmente de un presupuesto “razonable”, aunque reconoció la necesidad de avanzar hacia un sistema de financiamiento de la Defensa más estable y predecible.
Detrás de la discusión aparece también la disputa estratégica de Estados Unidos con China. Washington busca reforzar su presencia en América Latina mediante una fuerza de tarea relacionada con el “Escudo de las Américas” y el Comando Sur, mientras Chile mantiene como principal socio comercial precisamente al gigante asiático.
La presión llega, además, mientras Santiago negocia con Washington una rebaja de los aranceles que afectan a parte de sus exportaciones, después de que estos aumentaran desde un 10% hasta un 12,5%.
El propio Barros marcó un límite frente a la reivindicación estadounidense de la Doctrina Monroe y su lectura sobre el continente. “Desde el punto de vista de Chile, nosotros no somos el patio trasero de ningún país. Somos un país muy orgulloso de nuestra realidad”, afirmó.
Así, la decisión de esperar hasta noviembre le entrega al Gobierno espacio para observar el escenario estadounidense antes de adoptar una posición definitiva. Si Trump emerge fortalecido de las elecciones de medio término, la capacidad de Chile para mantenerse al margen de la estrategia promovida por Washington podría estrecharse. Si el mandatario sufre un revés electoral, en cambio, La Moneda podría contar con mayor margen para distanciarse de sus componentes más controvertidos.
Hasta entonces, la estrategia chilena parece ser mantener las opciones abiertas: aceptar que existen ámbitos de cooperación útiles, marcar límites en materias de soberanía y legislación interna y, sobre todo, evitar una definición inmediata sobre un paquete que incluye desde inteligencia y tecnología hasta asuntos de mayor alcance político e institucional, como el papel de las Fuerzas Armadas y la permanencia en la Corte Penal Internacional.
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