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Crecimiento versus biodiversidad: la falsa disyuntiva que condiciona el futuro de Chile

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En un nuevo episodio de Purísima Podcast, Olga Barbosa recorre experiencias en ciudades, comunidades y viñas para mostrar cómo la conservación puede traducirse en decisiones productivas, territoriales y públicas concretas.


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Chile discute con frecuencia el crecimiento económico como si la protección de la biodiversidad fuera un costo que debe moderarse o postergarse. La ecóloga Olga Barbosa, investigadora del Centro de Investigación para la Sustentabilidad de la Facultad de Ciencias de la Vida UNAB y directora alterna del Instituto Milenio de Ecología y Biodiversidad cuestiona esa oposición: las actividades que sostienen la economía dependen de ecosistemas capaces de seguir funcionando.

“Usualmente entendemos que el desarrollo es contrapuesto a la conservación de la biodiversidad. Sin embargo, es todo lo contrario: el desarrollo económico depende absolutamente de la biodiversidad”, sostiene en conversación con Alejandra Delgado y Tatiana Oliveros en Purísima Podcast.

Barbosa ha estudiado la relación entre los sistemas naturales, las actividades productivas y las formas en que las sociedades enfrentan los cambios ambientales.

Desde la agricultura hasta una institución financiera, explica, existe una cadena económica que depende directa o indirectamente de la naturaleza. El problema, por tanto, no es elegir entre conservar o crecer, sino preguntarse qué tipo de crecimiento puede sostenerse cuando la base natural que lo hace posible está deteriorándose.

Restaurar paisajes transformados

Esa transformación también puede observarse en los paisajes. Barbosa creció entre la ciudad y el campo y, años más tarde, regresó como ecóloga a varios de los lugares que había conocido durante su infancia. Encontró menos árboles grandes, quebradas sin agua y una humedad que había desaparecido.

“Esos ecosistemas no van a volver jamás a como eran”, afirma. La constatación no conduce necesariamente a intentar reconstruir una imagen perdida. Para la investigadora, la restauración debe asumir las nuevas condiciones ambientales y recuperar las funciones que permiten sostener la vida: el flujo de agua, el hábitat de las aves y la continuidad de los procesos ecológicos.

La pérdida de contacto con la naturaleza también modifica la manera en que las personas se relacionan con ella. Las nuevas generaciones conocen paisajes distintos y cuentan con menos experiencias directas en entornos naturales. Esa distancia, advierte Barbosa, puede disminuir la disposición a protegerlos: “Uno cuida finalmente lo que conoce”.

La conversación se desplaza también hacia la justicia ambiental. El acceso a áreas verdes, humedales, bosques urbanos y otros beneficios de la naturaleza no se distribuye de la misma manera en todas las ciudades ni entre todos los sectores sociales. Reconocer y proteger espacios que no forman parte de los parques y plazas oficiales podría contribuir a reducir esa desigualdad.

Las preguntas que orientan la ciencia

Para Barbosa, incorporar estas preguntas supone revisar también ciertas convenciones del trabajo científico. Aunque el método científico busca la objetividad, las preguntas de investigación no aparecen en el vacío.

“No somos objetivos cuando nos hacemos una pregunta científica. De partida, te estás haciendo una pregunta que a ti te interesa”, señala. Su experiencia en proyectos interdisciplinarios le ha permitido trabajar con herramientas provenientes de las ciencias naturales y sociales, aunque las estructuras académicas todavía dificultan esas colaboraciones mediante plazos, financiamientos y sistemas de evaluación pensados para investigaciones disciplinarias.

Un ejemplo concreto es su trabajo con el sector vitivinícola, iniciado hace casi dos décadas. La colaboración entre equipos científicos, viñas, viticultores y enólogos ha permitido incorporar prácticas de conservación y proteger miles de hectáreas de bosque esclerófilo. También ha abierto preguntas sobre la relación entre la biodiversidad del paisaje y la identidad del vino chileno.

Más que una solución única, Barbosa plantea la necesidad de comprender cómo interactúan los distintos sistemas que sostienen al país. Las crisis ambientales, económicas y sociales no operan por separado, y abordarlas exige superar tanto los ciclos políticos y financieros de corto plazo como las divisiones tradicionales entre disciplinas.

La conversación completa está disponible en un nuevo episodio de Purísima Podcast en Spotify.

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