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“Kafkiano” y “sin autoridad”: oficialismo dispara contra Boric por críticas a reforma de seguridad
La arremetida del expresidente logró ordenar momentáneamente al oficialismo detrás de la defensa del Gobierno, pese a que la reforma de seguridad sigue generando reparos dentro de la propia derecha por el alcance de las facultades presidenciales.
Las dudas que la reforma constitucional de seguridad de José Antonio Kast ha abierto incluso dentro de la derecha pasaron momentáneamente a segundo plano. Ante la irrupción de Gabriel Boric en el debate, el oficialismo cerró filas y convirtió al expresidente en el blanco: republicanos, RN, la UDI y el senador Rojo Edwards salieron a cuestionar sus credenciales para objetar la agenda con que La Moneda busca enfrentar al crimen organizado.
Boric había entrado de lleno a la discusión este martes durante la presentación en Magallanes de “La montaña rusa”, el libro de su exministro de Hacienda Mario Marcel. Allí llamó a la oposición a enfrentar de manera “franca, respetuosa, pero abierta, clara y firme” la reforma constitucional impulsada por el Gobierno.
Boric: “Una limitación de libertades que no se había visto”
Su principal cuestionamiento apuntó al nuevo estado de excepción constitucional de seguridad pública, que el proyecto permite decretar inicialmente por hasta 120 días y prorrogar por otros 120 sin autorización previa del Congreso; eventuales extensiones posteriores sí requerirían acuerdo parlamentario. Durante su vigencia podrían restringirse o suspenderse derechos como la libertad personal, de locomoción y reunión, además de restringirse la asociación e interceptarse comunicaciones.
Boric describió esa figura —que formalmente no corresponde al actual estado de sitio— como un “estado de sitio de 240 días” y acusó una “limitación de libertades que no se había visto” e “inédita en la democracia chilena”.
La respuesta más dura llegó desde Republicanos.
“Que Boric venga a dar recetas para abordar la seguridad es kafkiano”, disparó el presidente de la colectividad, Arturo Squella. El senador además sacó a relucir una de las decisiones más controvertidas del gobierno anterior: “No sorprende que defienda la libertad de criminales, todavía no olvidamos cómo sacó de la cárcel con pensión de gracia incluida a quienes quemaron Chile, incluido un terrorista”.
El jefe de la bancada republicana, Benjamín Moreno, siguió la misma línea y sostuvo que antes de “apuntar con el dedo” el exmandatario debería realizar una autocrítica por no haber conseguido mejorar la situación de seguridad durante sus cuatro años en La Moneda.
Schalper: “Lo aliento a no entorpecer la agenda de seguridad del Gobierno”
RN también se sumó al fuego cruzado. Su jefe de bancada, Diego Schalper, acusó a Boric de intentar transformarse en un “analista amnésico y externo”.
“Amnésico”, explicó, porque a su juicio el exmandatario olvidaría el respaldo que entregó al primer proyecto constitucional durante su gobierno. Y “externo”, agregó, porque si quiere incidir en la reforma actual debería coordinarse con los parlamentarios del Frente Amplio y presentar indicaciones durante su tramitación.
“Yo lo aliento a no entorpecer la agenda de seguridad del Gobierno”, remató Schalper.
Desde la UDI, Eduardo Cretton puso el foco en el nuevo papel político que comienza a asumir el exjefe de Estado.
“A medida que van pasando los meses, el Presidente Boric empieza a dejar de habitar el cargo de expresidente y empieza a ponerse el traje de comentarista político”, sostuvo, según consigna Emol. Cretton reconoció que pueden existir reparos sobre los alcances de la reforma, pero consideró “excesivo” que Boric cuestione las credenciales democráticas del Gobierno a partir de ella.
Ese matiz no es menor. La defensa cerrada frente a Boric convive con aprensiones dentro del propio sector sobre algunas de las medidas levantadas por La Moneda. La discusión previa de la agenda ya había provocado reparos desde partidos oficialistas respecto del alcance de las restricciones propuestas y las facultades extraordinarias contempladas para enfrentar el crimen organizado.
Cabe mencionar que la excandidata presidencial de Chile Vamos, Evelyn Matthei, también cuestionó la reforma de Kast: sostuvo que cambiar la Constitución no resolverá la crisis de seguridad y advirtió por las amplias facultades que tendría el Presidente bajo el nuevo estado de excepción.
Se sumó a las críticas el senador Rojo Edwards (independiente-RN) apuntó directamente a la trayectoria del exmandatario en seguridad.
“El Presidente Boric hoy día se alza como paladín de la seguridad”, ironizó, antes de recordarle los indultos concedidos durante su administración y sus antiguas posiciones respecto de Carabineros.
“Él no tiene autoridad en temas de seguridad”, sentenció Edwards, quien llamó al expresidente a ser “más prudente” en sus declaraciones.
La oposición recoge el guante
Al otro lado del Congreso, sin embargo, las palabras de Boric encontraron respaldo.
El diputado Daniel Manouchehri (PS) sostuvo que la advertencia del expresidente no constituye una inquietud exclusiva de la izquierda y acusó al Gobierno de buscar “facultades extraordinarias de un poder sin control”.
“Dentro del Partido Socialista, y esperamos en la izquierda, no va a haber ningún voto para entregarle poderes extraordinarios al Presidente para pasar por encima de la democracia”, afirmó.
Manouchehri también cargó contra el ministro de Seguridad, Martín Arrau, cuya defensa de la duración del nuevo estado de excepción calificó como una “excusa barata”. A su juicio, la propuesta refleja una intención de reducir el control parlamentario sobre el Ejecutivo.
Más duro en el diagnóstico político fue el presidente de la Comisión de Constitución de la Cámara, Jaime Mulet (FRVS). El diputado sostuvo que el proyecto contiene exigencias que difícilmente reunirán los votos necesarios y acusó al Gobierno de tender una “trampa” tanto a la oposición como a sectores de la propia derecha.
Según Mulet, La Moneda sabría que una fórmula que permita mantener durante hasta 240 días determinadas restricciones sin control inicial del Congreso enfrenta severas resistencias, pero buscaría utilizar un eventual rechazo para responsabilizar al Parlamento por la falta de avances en seguridad.
“Es una operación política para responsabilizar a otros”, acusó.
Mulet sostuvo además que existen herramientas alternativas para reforzar la seguridad —desde aumentar con mayor rapidez la dotación policial hasta liberar a Carabineros de determinadas funciones administrativas— y sentenció que un nuevo estado de excepción en los términos planteados constituye “un exceso que no se va a aprobar”.
Así, la entrada de Boric terminó produciendo una paradoja política: una reforma que había expuesto diferencias en la propia derecha consiguió, al menos por unas horas, ordenar al oficialismo detrás de un adversario común. El debate sobre los límites de las facultades presidenciales quedó intacto; lo que cambió fue el blanco.