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Clima Social ICSOH-UDP: 69% de los chilenos usa IA para resolver dudas sobre salud y tratamientos PAÍS Archivo

Clima Social ICSOH-UDP: 69% de los chilenos usa IA para resolver dudas sobre salud y tratamientos

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El sondeo ICSOH-UDP revela una adopción masiva de la inteligencia artificial, aunque acompañada de desconfianza y demanda de regulación. Un 54% teme quedarse atrás con las nuevas tecnologías y el 80% exige mantener atención humana en servicios esenciales.


Resumen
Síntesis generada con OpenAI
La encuesta ICSOH-UDP, aplicada a 1.500 adultos, muestra que el 69% ha utilizado IA para estudiar y también para resolver dudas sobre salud, síntomas o tratamientos. Pese a que el 55% la considera principalmente una oportunidad, predominan emociones como curiosidad y desconfianza, mientras el 80% respalda garantizar por ley atención humana en bancos, salud y servicios públicos.
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La inteligencia artificial ya forma parte de actividades cotidianas de una amplia mayoría de los chilenos, incluso en ámbitos sensibles como la salud, pero su rápida expansión convive con altos niveles de desconfianza y una fuerte demanda por establecer resguardos frente al reemplazo de las personas.

Así lo muestra la segunda entrega de la Encuesta ICSOH-UDP serie Clima Social 2026, elaborada por el Instituto de Investigación en Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad Diego Portales. El estudio fue realizado por Ipsos entre el 14 y el 19 de agosto mediante una encuesta online a 1.500 personas mayores de 18 años, con cobertura nacional.

Los resultados muestran que el uso de estas herramientas se encuentra ampliamente extendido. Durante los últimos seis meses, un 69% declaró haber utilizado alguna herramienta de IA para estudiar o aprender algo nuevo. El mismo porcentaje afirmó haber recurrido a ella para resolver dudas sobre salud, interpretar síntomas, exámenes o tratamientos.

En este último ámbito existe una diferencia por género: el uso llega al 72% entre las mujeres y al 65% entre los hombres. Además, un 54% empleó inteligencia artificial para tareas laborales, un 48% para tomar decisiones cotidianas y un 39% para recibir consejos personales, incluido apoyo emocional. Entre los menores de 30 años, este último porcentaje aumenta hasta el 55%.

La masificación, sin embargo, no se traduce necesariamente en confianza. La emoción más asociada al avance de la IA es la curiosidad, con un 59%, seguida por la desconfianza, con 44%; la vulnerabilidad, con 35%; y el miedo, con 24%. La confianza aparece bastante más abajo, con apenas un 10%.

También existe inquietud respecto de quiénes terminarán beneficiándose de esta transformación. El 76% considera que la IA favorecerá principalmente a las personas con mayores recursos económicos, mientras solo un 6% cree que beneficiará más a quienes tienen menos recursos. A su vez, un 73% estima que las empresas serán más beneficiadas que el Estado.

Entre los principales temores aparecen que niños y jóvenes desarrollen una dependencia excesiva de la IA que perjudique su aprendizaje y que estas tecnologías reemplacen puestos de trabajo, ambas preocupaciones mencionadas por un 40%. Un 37% teme además una reducción de la capacidad de las personas para pensar por sí mismas.

La preocupación se traduce también en una fuerte demanda por establecer límites. Un 80% está de acuerdo con obligar por ley a mantener atención realizada por personas en bancos, servicios de salud y servicios públicos, mientras un 76% respalda garantizar que determinados trabajos continúen siendo desempeñados por seres humanos.

Incluso un 68% apoya cobrar impuestos especiales a las empresas que sustituyan trabajadores por máquinas o inteligencia artificial. En tanto, un 53% respalda que el Estado pague un sueldo base si la IA reemplaza una cantidad significativa de empleos y un 50% está de acuerdo con pausar o frenar su desarrollo hasta comprender mejor sus riesgos.

El estudio también detecta una brecha en las capacidades para enfrentar los riesgos del mundo digital. Aunque un 65% considera que se maneja bien o muy bien con las tecnologías, solo un 48% dice que le resulta fácil identificar si un mensaje, enlace o página web puede ser falso o fraudulento. La cifra cae hasta 35% entre los mayores de 50 años.

La encuesta retrata así una relación ambivalente con la tecnología: mientras la IA se instala rápidamente en el estudio, el trabajo, la salud y hasta el apoyo emocional, su expansión también alimenta temores sobre empleo, desigualdad, aprendizaje y autonomía, junto con una demanda mayoritaria por conservar espacios donde la intervención humana siga estando garantizada.

Lea el estudio completo en el siguiente link.

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