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Desaparecidos en Colonia Dignidad: el caso de las amapolas rojizas Investigación Carlos Basso

Desaparecidos en Colonia Dignidad: el caso de las amapolas rojizas

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Carlos Basso Prieto
Por : Carlos Basso Prieto Unidad de Investigación El Mostrador
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Hijo de ingeniero químico desaparecido en Catillo en 1974, plantea que la secta estuvo detrás del caso de su padre porque este habló con una revista de circulación nacional denunciando la plantación de amapolas en el predio de Parral, planta de la cual se extrae el opio.


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¿Y eso? –preguntó Ruperto Torres Aravena a los alemanes de Colonia Dignidad a quienes estaba comprando tejas, indicándoles un extenso cultivo de flores rojizas, de unas dos hectáreas de extensión, que se veía muy cerca de donde estaban, en las inmediaciones del enorme galpón ubicado en el centro de la villa, conocido como Hildegard Halle, en el cual funcionaba en este tiempo, entre otras cosas, una clínica dental mantenida por un colono que jamás había estudiado odontología.  

Su hijo Gustavo Torres Castillo, hoy de 81 años, estima que eso debió haber sucedido hacia 1966 o 1967 aproximadamente, dado que hacía poco se había producido la primera fuga desde el interior de la secta, luego de que huyera de allí el entonces joven Wolfgang Kneese, quien antes de tener éxito trató de escapar dos veces y fue recapturado (en una de esas ocasiones por Carabineros), dato que es relevante por los hechos que sucedieron a continuación.

Después del golpe de Estado, Hildegard Halle se convirtió en el cuartel que la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) mantuvo por años al interior de la secta. Un poco más allá se encuentra aún el galpón de pinturas, que era manejado por Gerhard Mücke, uno de los adláteres más leales a Paul Schäfer, en cuyo interior se dictó, en 1974, un curso de inteligencia para oficiales y suboficiales de la DINA, cuyo relator era el exoficial de la Gestapo Walther Rauff, según dijeron en 2015 a El Mostrador los excolonos Franz Bäar (ya fallecido) e Ingrid Szurgelies, aunque a juicio del ministro en visita Jorge Zepeda el instructor fue otro exoficial nazi, Cornelius Krieg, quien vivía en Concepción.

A 100 metros de ese galpón se emplaza otro recinto semejante, donde en los primeros días tras el golpe del Estado el Ejército tuvo viviendo a cerca de 500 soldados, con los cuales se emprendió un operativo en el sector de Cerro Gallo, destinado a exterminar a supuestos extremistas que según los alemanes se encontraban en esa cumbre, ubicada muy cerca de la colonia.

El galpón donde alojaban los militares al interior de la colonia.

Amapolas de uso culinario

Para hacer aceite –respondieron a Torres Aravena ante su pregunta, pero este no pudo evitar un gesto de incredulidad y musitar “ustedes saben para qué es la amapola”.

Torres se había avecindado en un sector colindante al enclave, en la precordillera de Parral, algunos años antes, pero a diferencia de la mayoría de los modestos campesinos de la zona, él tenía preparación profesional: era ingeniero químico y, además, un experto en aceites.

–A mi papá no le podían decir eso, porque él hizo andar la Fábrica Nacional de Aceites (Fanac) en el año 36, en Santiago, así que no le podían contar ese cuento –rememora Gustavo Torres. 

Por su preparación profesional y su experiencia, su padre sabía muy bien que la amapola es cultivada por lo general con el fin de producir opio y sus derivados, entre ellos, morfina, codeína o heroína, estupefacientes controlados en Chile y en todo el mundo, tanto en sus formas medicinales como recreativas. 

Por cierto, no era el único cultivo de este tipo. Según lo que su suegro le contó años después a Torres hijo, en otro sector del complejo, Los Maitenes, había una plantación de al menos ocho hectáreas de amapolas.

Parte de los terrenos de Colonia Dignidad.

Las drogas y el defensor

Luego de que se conociera la espectacular fuga de Kneese desde el interior del predio, distintos equipos periodísticos llegaron hasta la colonia, incluyendo a reporteros de la desaparecida revista Aquí Está.

–Mi papá les contó que había encontrado un campo de amapolas. Les dijo que él sabía para qué era eso y que ellos (los periodistas) también lo sabían. Entonces, mi papá pasó a ser el peor enemigo de los alemanes –relató a El Mostrador Gustavo Torres Castillo el sábado antepasado, mientras a un costado de donde era entrevistado, en la rampa de acceso a la Hildegard Halle, se desarrollaba un acto en homenaje a las personas asesinadas, desaparecidas y torturadas al interior y al exterior del enclave alemán, luego del golpe de Estado de 1973.

Aunque durante años la secta encabezada por Paul Schäfer se caracterizó por mantener drogados a los colonos que eran considerados “rebeldes”, la relación del enclave con otro tipo de drogas solo emergió a inicios de los años 2000, cuando Carabineros de Concepción detuvo a un grupo de sujetos acusados de narcotráfico, sindicando como líder del grupo a Manuel Hernández Delgado, más conocido como “Mañungo”, que tenía en su poder un nutrido grupo de vehículos y armas de fuego. 

Sin embargo, según escribió uno de sus abogados defensores, Manuel Guerra (el mismo que después fue Fiscal Regional Metropolitano Oriente y que hoy está preso por sus vínculos con Luis Hermosilla), aseguró en un escrito dirigido al Primer Juzgado del Crimen de Talcahuano, donde su cliente estaba procesado, que todos los bienes eran de su hermana y que “Mañungo” solo poseía un automóvil Subarú Legacy verde, año 1996

El entonces defensor no lo decía en su escrito, pero ese auto, que poseía baliza y una sirena igual a las de Carabineros, en realidad pertenecía a Abratec S.A., una de las sociedades propiedad de la colonia, lugar que Hernández visitaba en forma constante y donde recibía un tratamiento VIP, a tal punto que al menos en tres ocasiones los alemanes enviaron un avión a recogerlo en el aeropuerto Carriel Sur, para llevarlo desde allí a Parral, según dijo su conviviente, una informante de Carabineros a quien se identificaba públicamente por su nombre de pila: Susana.

De hecho, cuando Hernández fue detenido portaba una peculiar lapicera que disparaba balas calibre .22, un arma mortal que era idéntica a las otras lapiceras-armas que en 2005 la PDI incautó al interior de Colonia Dignidad, cuando fue encontrado el segundo mayor arsenal jamás hallado en Chile . 

Parte del arsenal incautado en la colonia en 2005 (imagen de Carlos Acuña).

El retén de Catillo

El 15 de septiembre de 1973 Ruperto y Gustavo Torres fueron aprehendidos por carabineros del retén de Catillo y estuvieron cerca de 15 días presos, tras lo cual fueron liberados, pero al padre le dijeron –sin que existiera una orden judicial al respecto– que debía ir a firmar en forma diaria. La última vez que lo hizo fue el 13 de octubre de 1973, cuando desapareció.

Su hijo está convencido de que en ello intervino la colonia, pues la relación entre esta y los carabineros era muy estrecha y su padre no tenía militancia política alguna. Su único “pecado” era haber denunciado las plantaciones de amapolas. 

Además, los operativos realizados por la policía eran habitualmente dirigidos por el jefe de la DINA en Parral y en Colonia Dignidad, un gran amigo de Paul Schäfer, Fernando Gómez Segovia, y además de otras tres personas desaparecidas en Catillo, en total hubo casi 30 detenidos desaparecidos en el sector de Parral, respecto a todos los cuales sus deudos creen que fueron llevados al enclave alemán o asesinados en otros lugares con concurso de uniformados.

Además, sostiene que a su progenitor lo hicieron desaparecer dos veces, pues en 2010, en medio de trabajos que se realizaban en el retén de Catillo, aparecieron varias osamentas. La versión oficial fue que estas eran de origen animal, pero Gustavo Torres indica que según versiones extraoficiales también apareció un zapato de huaso talla 38, con un pedazo de hueso adentro, que él señala que está convencido de que era de su padre, pues este tenía el pie pequeño (calzaba esa talla) y usaba ese tipo de zapatos.

Según las versiones que le entregaron, esa y probablemente otras osamentas humanas fueron retiradas antes de la llegada de la Brigada de Derechos Humanos de la PDI, sepultadas y tapadas con cemento en otro lugar de la misma unidad policial, en la cual, además, señala que existe hasta hoy en día una cámara subterránea construida por los alemanes, como las que hay por todo el predio actualmente conocido como “Villa Baviera”, luego de que a fines de los años 70 el traficante internacional de armas Gerhard Mertins, un exoficial de las SS, le sugiriera a Paul Schäfer cambiar el nombre de la colonia con el fin de lavar la imagen de la secta, cuando esta comenzó a ser denunciada en Alemania por delitos como abuso sexual, torturas, homicidio y tráfico de armas, entre otros.



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