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	<title>El Mostrador &#187; Carlos Monge</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Política exterior: nubarrones en el vecindario</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 05:48:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Nuestra Cancillería y los organismos de Estado, que deben cumplir la función de vigías, ignoran declaraciones como éstas, porque no están dentro del clipping contratado por la Embajada. O en los informes de la Unidad de Inteligencia del The Economist, a través de los cuales se informan los empresarios. ]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El diagnóstico es preocupante: Chile no está mirando, como Estado, a la región que le es más próxima con la atención que debiera. Uno de nuestros vecinos del Norte, Perú, nos tiene demandados ante el Tribunal Internacional de La Haya por diferencias relacionadas principalmente con el límite marítimo. Otro, Bolivia, ha anunciado que seguirá el mismo camino con el fin de buscar escenarios más favorables que le permitan poner en un lugar destacado de la agenda su reivindicación de una salida al mar. Y con el tercer país con el que compartimos fronteras, la relación bilateral tampoco está estabilizada, al punto de que la Presidenta Cristina Fernández suspendió en septiembre del año pasado una visita oficial que estaba ya anunciada y todavía no hay una fecha prevista para su concreción.</p>
<p>Los nubarrones se ciernen sobre el cielo y el Servicio Meteorológico —en este caso, Cancillería, Estados Mayores, <em>think tanks</em>, etcétera— que se supone tendrían que estar vigilante para avizorarlos y a partir de ello diseñar estrategias que hicieran posible atenuar los efectos de una eventual “tormenta perfecta”, parece estar impertérrito y durmiendo una larga siesta de la cual no quiere ser despertado.</p>
<p>Las evidencias de que algo está mal se acumulan, mientras tanto, en los escritorios. Y basta ser un lector atento de los medios de prensa internacionales y chilenos para descubrir que todas las señales recibidas deberían generar, al menos, algún atisbo de inquietud en quienes tienen en sus manos la responsabilidad de la conducción de la política externa del Estado chileno.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Nuestra Cancillería y los organismos de Estado, que deben cumplir la función de vigías, ignoran declaraciones como éstas, porque no están dentro del <em>clipping </em>contratado por la Embajada. O en los informes de la Unidad de Inteligencia del <em>The Economist</em>, a través de los cuales se informan los empresarios.</blockquote></div>
<p>Cito algunas: Argentina lanza una campaña diplomática para reactivar su demanda sempiterna sobre las islas Malvinas, sobre el telón de fondo del 30 aniversario de la guerra que sostuvo en 1982 con el Reino Unido, a partir de una operación militar promovida por el general Leopoldo Fortunato Galtieri. Como parte de esa ofensiva, logra que los Estados miembros y asociados del Mercosur —Chile, entre ellos— acuerden en Montevideo, el 20 de diciembre de 2011, que no aceptarán en sus puertos a barcos con “la bandera ilegal de las Malvinas”.</p>
<p>Casi de inmediato, el ministro de Exteriores, William Hague, informa al Parlamento británico que “Uruguay, Chile y Brasil no tienen intención de participar en un bloqueo a la isla”, y les envía, además, un recado nada sutil a estos países, sugiriéndoles que “no deben ser cómplices de Argentina”. El canciller argentino, Héctor Timerman, se comunica enseguida con sus colegas de las naciones aludidas, quienes le confirman que no han modificado su posición en relación al acuerdo firmado en Montevideo.</p>
<p>El “tira y afloja” por la soberanía de las islas que están en disputa desde 1833, cuando un barco de guerra inglés desalojó a una modesta guarnición argentina y elevó en el pequeño archipiélago la bandera de la “Union Jack”, se reavivó a partir de que el gobierno británico autorizó en 2010 prospecciones en el área en busca de yacimientos petroleros. Trabajos que hasta ahora —que se sepa— no han arrojado resultados positivos.</p>
<p>Pero lo cierto es que, más allá de los arrebatos retóricos, esto ha sido como remover un avispero y vecinos como Chile, que se supone observa desde un palco esta contienda, en la que uno y otros se acusan de “colonialistas”, termina por ser objeto de las agudas lancetas de las avispas que salen de la caja de Pandora que sacudieron otros.</p>
<p>Pruebas al canto: a fines de diciembre del año pasado, la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), de Argentina, le prohíbe a la aerolínea chilena  LAN hacer vuelos regionales desde Aeroparque, porque según argumenta, este terminal está saturado de operaciones. El tema se salda con el anuncio de la empresa chilena de que recurrirá a la justicia, ya que sus ejecutivos consideran que no se han dado las mismas condiciones de igualdad con respecto a sus competidores.</p>
<p>Hasta ahí, es sólo un problema entre una agencia reguladora y una empresa privada. Pero todo hace sospechar que es mucho más que eso, si se piensa que cualquier estrategia argentina tendiente a crearle dificultades logísticas a las islas Malvinas, necesariamente requiere ir estrechando el cerco.</p>
<p>Y el próximo paso en esa dirección, en el que coinciden todos los especialistas en la materia, consistiría en desahuciar el acuerdo, firmado entre Argentina e Inglaterra en 1999, que dispuso la reanudación de un vuelo regular semanal de LAN Chile entre Punta Arenas y Malvinas, con escalas mensuales en Río Gallegos. Tal como lo anunció, por otra parte, Cristina Fernández, en la Asamblea General de la ONU, si es que no observaba a Londres allanarse a reanudar conversaciones con Buenos Aires, en un tiempo prudente.</p>
<h3><strong>Disyuntivas complejas</strong></h3>
<p>En dicho caso, Chile se verá forzado a elegir entre dos países a los que históricamente considera como amigos. Con la diferencia importante, claro está, de que con uno de estos amigos comparte miles de kilómetros de frontera y tiene también (conviene no olvidarlo) un diferendo limítrofe pendiente, el de Campos de Hielo. Diferendo que ambos protagonistas han preferido por el momento no agitar, “congelándolo” de un modo adecuado y coherente con la naturaleza del espacio en disputa.</p>
<p>A todo este complejo escenario, habría que agregarle una derivada que ciertamente no es menor ni despreciable y que se refiere al escenario macro-regional en el que las anteriores diferencias se inscriben. ¿Qué opinará, por ejemplo, Brasil, en los escenarios multilaterales en los que, de manera inevitable, todos estos temas formarán parte de algún modo de la agenda? Y estamos pensando, por ejemplo, sin ir más lejos, en la Asamblea General de la OEA, que tendrá lugar en Cochabamba (junio de 2012) y donde Evo Morales arremeterá, casi sin duda alguna, con el asunto de la mediterraneidad de su país.</p>
<p>La opinión de Brasil, qué duda cabe, es en extremo relevante, considerando que es la de una potencia emergente que no oculta su vocación de líder regional, con especial énfasis en América del Sur. Nadie puede pronosticar, por cierto, su postura. Pero ya hay datos a considerar.</p>
<p>Leo una reciente entrevista a Samuel Pinheiro Guimaraes, uno de los estrategas de Itamaraty, quien es hoy Alto Representante del Mercosur, que es muy reveladora. En ella plantea —¡ojo con esto!— que está proponiendo que Bolivia y Ecuador pasen a ser miembros con plenos derechos de Mercosur lo más pronto posible. Y recuerda, de paso, que fue Brasil, en alianza con otros, pero jugando su peso específico en el empeño, quien hizo fracasar la propuesta del ALCA, área de libre comercio modelada por EE.UU. para la subregión.</p>
<p>A Chile le dedica pocas líneas. Se limita a decir: “Hay una idea en la prensa internacional de que existen los regímenes serios en América del Sur, como Chile, Colombia y Perú (no el Perú de ahora, el de antes) y los regímenes populistas y autoritarios antidemocráticos que son Venezuela, Argentina. Brasil tiene que decidir, dice la prensa internacional, si se queda del lado de los regímenes autoritarios, populistas, y así por delante” (<em>Caros Amigos</em>, Nro. 176, 2011).</p>
<p>¿A alguien le caben dudas, después de leer esto, de qué lado estarán las simpatías de Brasil, en caso de verse forzado a optar por alguien en un futuro “gallito” diplomático? Pero, probablemente (y eso es lo más triste), nuestra Cancillería y los organismos de Estado, que deben cumplir la función de vigías, ignoran declaraciones como éstas, porque no están dentro del <em>clipping </em>contratado por la  Embajada. O en los informes de la Unidad de Inteligencia del <em>The Economist</em>, a través de los cuales se informan los empresarios.</p>
<p>Esa es la pura y lamentable realidad. Agravada, más encima, por un Presidente que no está interesado mayormente en lo que ocurre en este dinámico y cambiante vecindario. Y no lo digo yo. Lo asegura el Presidente de Uruguay, José Mujica, quien tuvo la oportunidad de compartir un par de días con Sebastián Piñera en la Antártida, y comprobó que eso era así.</p>
<p>“Pepe” Mujica le comentó a El Observador de Montevideo sus impresiones de viaje. Y le dijo, en síntesis, que había llegado a la conclusión de que Piñera no mira hacia la región ni el Mercosur (pese a que actualmente es, por ejemplo, presidente <em>pro tempore</em> de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC). “Su gobierno apunta a Singapur, Australia y a un tratado en el Pacífico, del que puede participar Estados Unidos”.</p>
<p>Más claro, echarle agua.</p>
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		<title>Endeudados y rabiosos</title>
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		<pubDate>Wed, 24 Aug 2011 06:42:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto]]></category>
		<category><![CDATA[Derecha]]></category>
		<category><![CDATA[Movimiento estudiantil]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[La herramienta favorita de movilidad social en cualquier sociedad, que es la educación, en el caso chileno debe ser financiada, con grandes sacrificios, por los que aspiran a que sus hijos tengan un futuro mejor que el suyo. Y no hay, por otra parte, ninguna garantía de que esto ocurra, ya que la evidencia demuestra que lo único que muchos pueden aspirar a “comprar” en el mercado educacional es un producto de baja calidad, en instituciones privadas que no son fiscalizadas adecuadamente, lo cual redunda en títulos de escasa cotización en el mercado laboral.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hermógenes Pérez de Arce acaba de dar la voz de alerta: no sólo existe una revolución en marcha en Chile, sino que (y eso es lo peor de todo, para él) el movimiento tiene un gran apoyo popular. Tanto lo inquieta esa posibilidad que decidió abandonar, por un momento, su rol de opositor (de derecha) al gobierno de Piñera, para alertarlo respecto a esta peligrosa sublevación en ciernes.</p>
<p>La derecha está nerviosa, qué duda cabe. Y se empiezan a oír otras voces, también desde el <em>establishment</em>, que ponen el acento en la necesidad de revisar el modelo e introducir correcciones que impidan una eventual catástrofe. Marta Lagos comenta en Twitter que uno de los hermanos Cueto (ex socios de Piñera en LAN) está convencido de que los empresarios deben estar dispuestos a pagar el precio que sea necesario a cambio de la esquiva paz social. Y Daniel Platovsky, en la misma línea, pero más asertivo aún, plantea en La Tercera que “un nuevo pacto social debe estar abierto a una reforma tributaria” (22/8/2011).</p>
<p>En resumen, lo que se plantea es que el pacto social tácito que permitió el desarrollo de la transición a la democracia, de 1988 en adelante, está irremediablemente agotado y no se lo podrá revitalizar mediante reformas cosméticas, dado que lo que hace falta es cirugía mayor y cambio de folio.  Las demandas en un país con 5.000 dólares de ingreso per capita no son las mismas, dice Platovsky, que en uno donde ya rozan los 15.000.</p>
<p>Y los “amarres” y controles sistémicos que garantizaban la gobernabilidad tampoco resultan ser eficaces, cuando vastos sectores de la sociedad descubren que el tramado estructural de la misma está diseñado para perpetuar y reproducir <em>ad eternum</em> las desigualdades.</p>
<p>El amplio movimiento ciudadano y social a favor de la educación pública no es más que el síntoma emergente de un malestar mucho mayor. Una sociedad de consumo expandida, como la que existe en Chile, incita en forma permanente a las personas a tener acceso a todos los bienes disponibles (entre los cuales, por cierto, está la educación, ese “bien de consumo”, como lo definió Piñera alguna vez).</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Situado en esta encrucijada concreta, el gobierno de Piñera debería acudir, quizás, a las lecciones de la historia para intentar buscar una salida a su compleja situación. No sería malo, por ejemplo, que tomara en cuenta la experiencia de la grave crisis que vivió la República romana en los años 60 antes de nuestra era.</blockquote></div>
<p>Y para vastos sectores, relegados a los peldaños inferiores del consumismo, ese acceso sólo es posible a través de dos vías: el endeudamiento con bancos o tiendas, o la delincuencia, que es la forma “salvaje” de redistribución del ingreso, en una estructura social en la que algunos juegan con cartas marcadas y otros con desventajas iniciales irremontables.</p>
<h3><strong>Debiendo hasta la camisa</strong></h3>
<p>En esta columna, nos ocuparemos del primer caso. Veamos datos duros al respecto: A raíz del caso La Polar, la Escuela de Negocios IEDE y la  Universidad Andrés Bello, realizaron la primera encuesta sobre la “Percepción del retail en Chile y nivel de endeudamiento de los chilenos”.</p>
<p>Del total de encuestados, el  79% dijo estar endeudado en grandes tiendas del retail, y un 75% declaró sentirse desprotegido frente al sistema crediticio de estas grandes tiendas. Además, un 46% reconoció que tiene deudas tanto en el sistema bancario (excluyendo los créditos hipotecarios) como en casas comerciales.</p>
<p>El estudio agrega que un 42% de los encuestados destina hasta un 20% de sus ingresos mensuales a pagar deudas y un 37% debe derivar al servicio de sus deudas entre un 20% y un 50% de sus ingresos. Por su parte, en la desagregación por grupo económico se pudo constatar que  el porcentaje de mayor deuda está concentrado en los segmentos D y C2 (51% y 46% respectivamente).</p>
<p>En el plano educativo, por su parte, se enarbola como un gran éxito de la sociedad en su conjunto que más del 70% de los jóvenes que van hoy a la Universidad son los primeros universitarios de sus familias. Pero se silencia el hecho de que esta ampliación de la cobertura, a nivel de la educación terciaria, se apoya,  en su mayor parte, en el esfuerzo y el  consecuente endeudamiento de sus núcleos familiares, y no porque exista una inversión especial del Estado en este ámbito.</p>
<p>El diagnóstico de la  OECD (2010) sobre la educación chilena es muy claro. En educación primaria y secundaria, Chile gasta poco más de dos mil dólares anuales por alumno, mientras que el gasto promedio de la OECD es de US$ 7.572. Si estas cifras se estiman por alumno y corregidas por poder de compra, considerado en relación al PIB, el gasto en educación primaria en Chile es de 16 dólares, mientras que el promedio del club de los países más desarrollados del mundo llega a 20 dólares. La misma medición, aplicada, a su vez, en la enseñanza media, indica que  Chile sigue gastando 16 dólares por alumno, mientras que el promedio OECD aumenta a 24 dólares.</p>
<p>Pero el dato más relevante de este estudio es, probablemente, el que señala que en contraste con la mayoría de los países OECD, el 40% del gasto educacional chileno es aporte de las familias.</p>
<p>Vale decir, que la herramienta favorita de movilidad social en cualquier sociedad, que es la educación, en el caso chileno debe ser financiada, con grandes sacrificios, por los que aspiran a que sus hijos tengan un futuro mejor que el suyo. Y no hay, por otra parte, ninguna garantía de que esto ocurra, ya que la evidencia demuestra que lo único que muchos pueden aspirar a “comprar” en el mercado educacional es un producto de baja calidad, en instituciones privadas que no son fiscalizadas adecuadamente, lo cual redunda en títulos de escasa cotización en el mercado laboral.</p>
<p>Como vemos, un círculo vicioso del que pocos pueden escapar. Ahí está el corazón, sin duda alguna, de desigualdades que ya no son tolerables y que se traducen en malestar y efervescencia social en ascenso, ante la cual el sistema político no ha sido capaz de reaccionar con eficacia, reduciendo –como diría Niklas Luhmann- las complejidades que todo sistema político debe constantemente enfrentar.</p>
<h3><strong>La conspiración de Catilina</strong></h3>
<p><strong> </strong></p>
<p>Situado en esta encrucijada concreta, el gobierno de Piñera debería acudir, quizás, a las lecciones de la historia para intentar buscar una salida a su compleja situación. No sería malo, por ejemplo, que tomara en cuenta la experiencia de la grave crisis que vivió la República romana en los años 60 antes de nuestra era.</p>
<p>Roma venía de dejar atrás las violentas convulsiones provocadas por la dictadura de Sila, y emergieron bandos violentamente enfrentados entre sí.  Estos conflictos se resolvían en el Senado, con  mayor o menor grado de dificultades, hasta que apareció un tercer actor, Lucio Sergio Catilina, un noble arruinado que consiguió alinear detrás de sí a los excluidos del sistema de administración del poder con un solo programa básico: hacer “<em>tabula rasa</em>”. O sea, eliminar las deudas acumuladas y que se anotaban en una suerte de “Dicom” o lista de morosos de la época.</p>
<p>Catilina se presentó como candidato a cónsul, pero fue derrotado por Cicerón.  Urgido por sus deudas personales, que no eran pocas,  preparó una rebelión contra su rival reuniendo a nobles y plebeyos, que tenían en común la bandera de la condonación de los compromisos financieros, la distribución de las tierras y el rescate de los ciudadanos más pobres.</p>
<p>Se produjo, entonces, la llamada “conspiración de Catilina”, relatada por Salustio, y que terminó con su muerte, luego de que Cicerón desarticulara a tiempo la conjura.  Lo que vino después es historia conocida. Julio César, que había apoyado desde las sombras a Catilina pero luego le quitó su apoyo, en el año 59 a.c. fue elegido cónsul y posteriormente cruza el Rubicón, derrota a Pompeyo y se hace nombrar dictador vitalicio, hasta que en marzo del 44  a.c. es asesinado.</p>
<p>A Cicerón, por su parte, no le fue mucho mejor. Tras la muerte de César, se opone a su discípulo, Marco Antonio, y termina siendo traicionado por Octaviano, el futuro emperador Augusto, quien ordena su ejecución.</p>
<p>¿Resultado final? Se acaba un ciclo histórico. Muere la República en Roma y surge el Imperio. Y lo que gatilla el cierre de ese ciclo es un extendido malestar público que se ramifica en el seno de toda la sociedad romana a partir de un sistema político que no es capaz de generar un orden estable y justo tras una dictadura. Y donde las exclusiones políticas y la mala distribución de la riqueza terminan por instalar un escenario social incontrolable.</p>
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		<title>Brasil prueba sus músculos en la elección peruana</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Jun 2011 06:42:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
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		<category><![CDATA[política exterior]]></category>

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		<description><![CDATA[Es necesario subrayar que el diseño global de Itamaraty para la región acaba de sufrir un cambio fundamental que ha sido resaltado por no pocos analistas. La reciente elección peruana, en la que fue ungido Ollanta Humala como nuevo jefe de Estado, marca un antes y un después en la política brasileña hacia América Latina.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“<em>La política exterior de Brasil es más que un instrumento de proyección de sus intereses nacionales: es el elemento conformador de una realidad nacional, regional y global cambiante que ofrece oportunidades y riesgos</em>”. (Marcel Biato, actual embajador de Brasil en Bolivia).</p>
<p>“<em>Brasil no quiere repetir los errores de los imperios</em>”. (Samuel Pinheiro Guimaraes, alto representante del Mercosur  y ex secretario general de Itamaraty, la prestigiosa Cancillería brasileña).</p>
<p>Las citas anteriores sintetizan, en mi opinión, de manera clara y explícita, los principios motores de una política externa, como la brasileña, que se caracteriza y se distingue por su amplia visión estratégica y el orgullo de haber nacido, casi como un desgajamiento involuntario, del viejo tronco de la diplomacia imperial lusitana.</p>
<p>El hecho de definir a la política exterior como un “elemento conformador de una realidad nacional, regional y global cambiante”, inserta en medio de riesgos y oportunidades, revela un alto grado de autoconciencia del papel de Brasil en el mundo. Y dicha definición no parece ceñida, desde luego, a las eventuales restricciones que esto conlleva, sino a las posibilidades que su peso de potencia emergente hoy le ofrece.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Más allá de la casuística, tenemos por primera vez a un Brasil que no se inhibe de actuar en forma pública –a través de actores políticos, desde luego, y no estatales, para no correr el riesgo de ser acusado de interferencia inadmisible- en asuntos políticos claves relacionados con la reconfiguración y reordenamiento de su amplio vecindario.</blockquote></div>
<p>A poco más de seis meses de la asunción al poder de Dilma Rousseff, como sucesora y continuadora del gobierno del Presidente Luiz Inácio Lula da Silva, tal vez sea prudente analizar hoy en qué pie se encuentra esa política externa y cuáles son los desafíos más relevantes que deberá acometer en el futuro cercano y en el más largo plazo.</p>
<p>Para empezar, es necesario subrayar que el diseño global de Itamaraty para la región acaba de sufrir un cambio fundamental que ha sido resaltado por no pocos analistas. La reciente elección peruana, en la que fue ungido Ollanta Humala como nuevo jefe de Estado, marca un antes y un después en la política brasileña hacia América Latina.</p>
<p>En efecto, tal como lo indica un reporte de un enviado especial del diario La  Nación de Buenos Aires, fechado el 13 de abril de 2011 –es decir, en medio de las dos vueltas electorales que supuso el ballotage en Perú-, Brasil ya está operando como una potencia regional que asume su condición de tal y procede en consecuencia.</p>
<p>El artículo comienza así: “Brasil se ha estrenado en Perú como auténtica potencia regional al influir sin tapujos en la victoria del candidato nacionalista Ollanta Humala en la primera vuelta de las presidenciales. Dos asesores, ambos miembros del gobernante Partido de los Trabajadores (PT), trabajan desde enero en Lima para moderar el discurso radical de Humala, con el fin de ampliar la base electoral del candidato”.</p>
<p>Y a renglón seguido agrega: “Hasta ahora Brasil había sido árbitro en varios conflictos regionales, como los que hubo entre Venezuela y Colombia, la crisis interna boliviana y el golpe de Estado hondureño, pero <em>nunca se había implicado tan directamente en una carrera presidencial extranjera </em>(la cursiva es nuestra)”.</p>
<p>Tal implicancia refleja, sin duda, un cambio cualitativo importante, pues puede que con anterioridad diversos gobiernos en la región se hayan involucrado tangencialmente en campañas de carácter electoral en países vecinos, con el fin de contribuir a generar escenarios favorables para sus propios intereses. Pero ese involucramiento jamás fue abierto y sin tapujos, como el que acabamos de ver en Perú.</p>
<p>La crónica en cuestión abunda en detalles, pero lo más significativo es que dos brasileños, Luis Favre y Valdemir Garreta, ligados al Partido de los Trabajadores, el lugar de militancia de Dilma Rousseff,  asesoraron desde el punto de vista comunicacional a Humala, teniendo como norte la estrategia “Lulinha, paz y amor”, que condujo a fines de 2002  a Lula a la presidencia, tras tres intentos fallidos.</p>
<p>El plan de campaña fue relativamente simple: alejar al candidato Humala de una presunta cercanía o emparentamiento con el presidente venezolano Hugo Chávez y la retórica bolivariana, que le habría jugado en contra en la elección anterior de junio de 2011, donde perdió por una diferencia de diez puntos frente a Alan García.</p>
<p>Y, en paralelo, junto con proyectar una imagen de mayor moderación, articular alianzas con sectores de izquierda y de centro que hasta el momento eran refractarios al perfil nacionalista y populista en exceso del “primer Humala”.</p>
<p>Cabe mencionar que en este último plano fue muy importante el trabajo de articulación y apoyo realizado en Lima por Valter Pomar, secretario ejecutivo del Foro de San Pablo. Una entidad creada bajo el influjo motivador de Lula en 1990, como un espacio apropiado para el diálogo, el reagrupamiento y la colaboración mutua de la izquierda latinoamericana, después del golpe que significó para la misma la caída del Muro de Berlín y el consiguiente fin de la confrontación Este-Oeste.</p>
<p>Como sea, cualquier análisis que pretenda ser completo y abarcador no puede, además, prescindir de realidades geoestratégicas de carácter más integral que también son determinantes en este ámbito y que tienen que ver con las dinámicas interestatales e incluso de intereses privados en este juego.</p>
<p>La periodista Jacqueline Fowks, de IDL-Reporteros, indicó, en el mismo artículo mencionado: &#8220;Hay muchas empresas brasileñas de construcción que ya han hecho grandes negocios con el Gobierno de Alan García a las que les interesa mantener esos privilegios. Brasil y Perú firmaron un acuerdo de cooperación energética del que los peruanos nos enteramos por los medios brasileños. El pacto prevé la construcción de varias centrales hidroeléctricas para proveer de energía a Brasil, entre ellas la de Inambari, la más próxima a la frontera&#8221;, expresó Fowks.</p>
<p>Y la nota señala, asimismo, que Brasil  “ha invertido mucho en el trazado de dos carreteras interoceánicas (una terminada y la otra en construcción) para tener acceso a los puertos del Pacífico peruano y de ahí saltar al mercado asiático”.</p>
<p>Lo cierto, entonces, es que más allá de la casuística, tenemos por primera vez a un Brasil que no se inhibe de actuar en forma pública –a través de actores políticos, desde luego, y no estatales, para no correr el riesgo de ser acusado de interferencia inadmisible- en asuntos políticos claves relacionados con la reconfiguración y reordenamiento de su amplio vecindario.</p>
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		<title>La cuestión social: la gran asignatura pendiente</title>
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		<pubDate>Sat, 04 Sep 2010 06:48:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cuestión Social]]></category>
		<category><![CDATA[Mineros atrapados]]></category>

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		<description><![CDATA[No estaría mal que junto con valorar los avances alcanzados, sobre todo en materia de reducción de la pobreza (no está de más recordar que ésta pasó del 45,1% de la población, en 1987, a un 13,7%, en 2006), se reconozca que va a ser muy difícil dar el salto hasta el anhelado desarrollo si se sigue acumulando deuda social.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando los 33 mineros atrapados en las entrañas de una mina de Atacama sean rescatados, habrá buenos motivos para celebrar. En ese momento convendrá no olvidar  que hubo un instante en que las autoridades del gobierno, que se comprometieron a fondo con el operativo de rescate, declararon que existía apenas un 2% de probabilidades de salvar sus vidas. Un instante en el que todos nos preparamos para lo peor.</p>
<p>Pero más allá de la euforia, que suele ser la contracara de la angustia, hay un dato inequívoco: la deuda de arrastre que Chile tiene con sus trabajadores, en cualquiera de las áreas productivas, seguirá estando allí, luego de los festejos previsibles.</p>
<p>Es que si hay un punto en el cual debería haber el más amplio consenso es que el derrumbe en la mina San José ubicó en el centro de la agenda del Bicentenario un tema al que muchos preferían tener bajo la alfombra: la denominada “cuestión social”.</p>
<p>Y que también fue el “convidado de piedra” cuando en 1910, al conmemorarse los primeros años de existencia republicana de nuestro país, se hizo presente en forma inopinada en el banquete en que, al igual que ahora, brillaba por su ausencia.</p>
<p>Así, pues, el ver a los mineros, famélicos y desgrañados, pero al mismo tiempo enteros y llenos de las ganas de vivir que surgen de una voluntad colectiva organizada, en los primeros videos que ellos mismos registraron en su prisión subterránea, se transforma en una suerte de poderosa metáfora que nos habla de actores de la vida pública a los que Chile ha decidido sistemática y persistentemente olvidar.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> No estaría mal que junto con valorar los avances alcanzados, sobre todo en materia de reducción de la pobreza (no está de más recordar que ésta pasó del 45,1% de la población, en 1987, a un 13,7%, en 2006), se reconozca que va a ser muy difícil dar el salto hasta el anhelado desarrollo si se sigue acumulando deuda social.</blockquote></div>
<p>Y que recobran, por obra de un dramático accidente, un protagonismo que les había sido hasta entonces negado.</p>
<p>Ahora todo el mundo descubre que Mario Gómez, el  minero más experimentado, que comenzó a los 12 años a trabajar en los socavones,  fue el verdadero héroe de esta gesta al convocar a sus compañeros a racionar los escasos alimentos con que contaban y esperar de este modo un rescate que, en cualquier análisis, parecía temerario e improbable.</p>
<p>Su sapiencia y su calma lo han convertido en un ícono de esta aventura del espíritu humano que es la sobrevivencia a cualquier costo, expresada de manera magistral en la primera nota que enviaron a la superficie cuando la sonda perforó su lápida: “Estamos bien en el refugio los 33”.</p>
<p>Pero, además de devolvernos la esperanza, lo cierto es que Gómez y sus compañeros han salido ya de la invisibilidad a la que estaban condenados por un modelo económico “sui generis” que asigna importancia a todos los factores menos al fundamental: el factor humano.</p>
<p>Lo han dicho otros, pero no está demás repetirlo: ¿Cuánto del éxito del “boom” exportador chileno, sostenido a lo largo de los años, no está basado en enfermedades y malformaciones de temporeras afectadas por plaguicidas? ¿Qué porcentaje de las cifras que indican los avances de la industria del salmón en el mercado mundial no está asentado en los frecuentes “accidentes” de buzos obligados a sumergirse en pésimas condiciones?</p>
<p>Las preguntas, sin duda, suman y siguen.  Y no hay ningún sector económico, ya sea del área de la producción o los servicios, que pueda argüir que está libre de culpa.</p>
<p>De hecho, en una reciente columna en <strong>El Mostrador</strong>, Santiago Escobar recordaba cómo en diciembre de 2004 seis trabajadores resultaron muertos y otros 20 sufrieron graves heridas al caer un andamio desde el piso 14  de un edificio en construcción, en Santiago. Eso, mientras descendían desde los niveles más altos para hacer un minuto de silencio por otro compañero fallecido un par de días antes en similares condiciones.</p>
<p>La cuestión de fondo es ésa. Los datos macroeconómicos nos han hecho olvidar que, detrás de los números y las proyecciones de crecimientos, hay personas que trabajan en forma cotidiana en todos los ámbitos. Y que sus derechos laborales no son sólo una entelequia o una bandera de campaña electoral que se olvida velozmente cuando empieza a tallar la fría realidad del mercado.</p>
<p><strong>Pobreza y ausencia</strong></p>
<p>Hace poco participé en un seminario cuyo tema era la pobreza y la desigualdad en Chile. De las muchas intervenciones, una de las que más me conmovió fue la de un sacerdote jesuita, Luis Robledo, a cargo de un ambicioso programa de capacitación de trabajadores.</p>
<p>Robledo dijo, en síntesis, lo siguiente: “La pobreza tiene que ver con la ausencia. Y nosotros (el mundo progresista) nos fuimos del mundo de los pobres.  Los que administramos el poder nos desvinculamos de la gente.  Hay que volver a enamorarse del ser humano, y oponer a la ideología del liberalismo la ideología del bien común”.</p>
<p>Y agregó una anécdota estremecedora. Contó que invitó a Infocap, la entidad de la que es rector, a dos políticos: el diputado Osvaldo Andrade (PS) y el senador Pablo Longueira (UDI). Pensó que el enfrentamiento sería entre ellos. Pero no. Fue entre ambos y el auditorio, formado por alumnos que estudian y trabajan, quienes les reprochaban ser miembros del <em>establishment</em>, sin hacer ninguna diferencia ideológica entre uno u otro.</p>
<p>A ese grado extremo de deterioro de la imagen de la actividad política ante la opinión pública hemos llegado, alertaba Robledo. Quien a la par (nobleza obliga) reconocía que la Concertación y sus políticas sociales –en particular, el plan Auge y programas como “Sonrisa de mujer” o el pilar solidario en la protección social, introducido por el gobierno de Michelle Bachelet- han contribuido a devolver parte de la dignidad perdida a las personas.</p>
<p>Robledo concluyó su intervención subrayando un detalle no menor: que los humillados y ofendidos de nuestra tierra quieren tener la posibilidad de acceder a estándares mínimos de salud, bienestar y educación pero no como obsequios sino como derechos. “No quieren sueldo ético –añadió categórico- sino un ingreso justo”.</p>
<p>Esto trajo de inmediato a mi mente a Leonardo Farkas, quien se paseó por el Campamento La Esperanza, repartiendo cheques de cinco millones para las familias de los mineros, una vez que se supo que éstos habían sido ubicados con vida.</p>
<p>El señor Farkas tiene, por cierto, el derecho a hacer lo que le plazca con su dinero, pero ése no es para muchos chilenos –entre los cuales, desde luego, me incluyo- el modelo más correcto de hacer justicia social.</p>
<p>De hecho, la experiencia acumulada indica que ya hay un cierto cansancio (por no decir hartazgo) por la obligada realización de Teletones o campañas del tipo Chile ayuda a Chile, cuando cualquier evento inusual o contingencia, provocada por la naturaleza o la desidia humana, nos obliga a ver de frente el duro rostro de la inequidad.</p>
<p>Lo que corresponde y lo que se espera de los gobiernos, cualquiera sea su signo, es que como garantes del contrato social fiscalicen cuando corresponde y también penalicen a aquellos que, bajo cualquier subterfugio, intenten evadir sus responsabilidades.</p>
<p>Y no son pocos los que ya entienden que la cuasi tragedia en Copiapó, con los costos que la misma presupone (casi cinco millones de dólares, se prevé, costará sólo la perforación del túnel por el cual los mineros volverán a la superficie), se podría haber evitado si los empresarios de la minera en cuestión hubieran cumplido lo que prometieron para lograr la reapertura de la mina. Esto es, una vía de escape alternativa.</p>
<p>Como sea, y volviendo otra vez desde lo particular a lo general, lo que acá parece estar definitivamente claro y saldado es el ingreso en la agenda con fuerza de la cuestión social como el gran ítem olvidado, tanto de la transición post-dictadura como del Bicentenario.</p>
<p>De este modo no sería extraño la irrupción de voces que nos interpelen en relación a qué hemos hecho de concreto para superar la desigualdad flagrante que implica, por ejemplo, que el 47% del patrimonio bursátil del país estuviera, en el año 2009, en manos de cuatro familias: los Matte, los Luksic, los Piñera y los Angelini, según revela un reciente estudio del economista Luis Eduardo Escobar.</p>
<p><strong>De Recabarren al padre Hurtado</strong></p>
<p>La concentración extrema de la riqueza estimulará, sin duda, a nuevos actores que recuerden, con la misma fuerza que lo hizo Luis Emilio Recabarren en su famosa conferencia “Ricos y pobres”, del 3 de septiembre de 1910, que la suerte de las clases proletarias no había cambiado mucho en relación a la de los “gañanes” que combatieron junto a O’Higgins y Carrera, en términos de perspectivas de desarrollo individual y familiar.</p>
<p>Y para que no se nos acuse de bolcheviques trasnochados, digamos que esa misma preocupación movilizó más tarde a personas como Alberto Hurtado (hoy santificado), quien además de echar las bases del Hogar de Cristo creó la Acción Sindical y Económica Chilena (ASICH) , en 1945, lo que le valió ser acusado por sectores conservadores de su época como “cura rojo” o “comunista”.</p>
<p>Los derechos de los trabajadores, a no dudarlo, merecen formar parte esencial del debate público de un país que debe revisar el camino recorrido y hacer las correcciones que haga falta de cara a un tercer milenio que plantea nuevos y difíciles desafíos.</p>
<p>En ese sentido, no estaría mal que junto con valorar los avances alcanzados, sobre todo en materia de reducción de la pobreza (no está de más recordar que ésta pasó del 45,1% de la población, en 1987, a un 13,7%, en 2006), se reconozca que va a ser muy difícil dar el salto hasta el anhelado desarrollo si se sigue acumulando deuda social.</p>
<p>En el mismo seminario ya mencionado, Kirsten Sehnbruch apuntaba un dato extremadamente relevante al presentar su ponencia titulada “<em>El trabajo, el eslabón que no consideramos en nuestro camino al desarrollo</em>”: de los ocho clusters que el Consejo de Innovación eligió para pasar a una nueva fase exportadora, con mayor valor agregado para nuestros productos, seis caen en la categoría de empleos de baja calidad.</p>
<p>Vale decir, empleos precarizados y con una excesiva flexibilización y rotación. Lo que a la larga tiene altos costos en lo que se refiere a la capacidad de reproducción del capital humano, ya que, como es obvio, nadie capacita a trabajadores que se convierten en verdaderas aves de paso.</p>
<p>Sehnbruch planteó en sus conclusiones objetivos que suelen espantar a los defensores de los “equilibrios macroeconómicos” (siempre mirados, claro, desde la óptica empresarial). Está pendiente, sostuvo, una reforma integral del Código Laboral, que nivele la cancha hacia el lado de los trabajadores. Y junto con ello, el necesario fortalecimiento de los sindicatos y la negociación colectiva.</p>
<p>“No podemos pensar- sentenció- que nos vamos a convertir en un país desarrollado con el modelo laboral tal como está”.</p>
<p>De los políticos de todos los sectores dependerá lograr los consensos que sean necesarios para lograr superar este <em>impasse</em>, que es la gran asignatura pendiente de nuestra transición a la democracia.</p>
<p>Mientras a las empresas les resulte más barato pagar multas por los incumplimientos o presionar en las altas esferas del aparato estatal para lograr sus metas, antes que cumplir con los mínimos requerimientos del trabajo decente y ver en sus empleados a interlocutores con derechos y deberes, la mesa seguirá estando coja. Y los trabajadores se seguirán sintiendo los “convidados de piedra” en una sociedad que los margina y los invisibiliza.</p>
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		<title>Con hambre de triunfos</title>
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		<pubDate>Wed, 23 Jun 2010 06:43:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Marcelo Bielsa]]></category>
		<category><![CDATA[Selección Chilena de Fútbol]]></category>
		<category><![CDATA[Sudáfrica 2010]]></category>

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		<description><![CDATA[Se ha creado un círculo virtuoso en el que se unieron un adiestrador de lujo, con conceptos claros y una innegable capacidad de liderazgo, con un conjunto de muchachos bien dotados para el balompié, que entendieron que la primera valla a superar era “creérsela”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un fantasma recorre Chile. Es el fantasma del exitismo. Por primera vez, en toda nuestra historia deportiva, los chilenos nos estamos permitiendo soñar con los triunfos más altos -¿por qué no campeones del mundo…?- en vez de pensar en metas minimalistas como pasar a la segunda ronda del Mundial, y conformarnos con eso.</p>
<p>¿A qué se debe esta suerte de alucinación colectiva que nos embarga? ¿Será algo que viene con el agua lo que nos tiene en ese estado de intemperancia que se parece bastante a una borrachera? No tengo una respuesta muy elaborada, pero sí especulo con algunas hipótesis que expondré ante el respetable.</p>
<p>Para empezar, creo que es absolutamente cierto que el pasaje de Marcelo Bielsa como entrenador de la Selección Nacional ha marcado un cambio de mentalidad del que ya se ha hablado hasta el hartazgo.  De modo que no descubro en ningún caso a América en el mapa al destacarlo como un factor relevante.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Y existe la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, hay un  conjunto de hombres donde los errores lógicos y humanos de cada uno de  ellos, pueden ser ocultados o mitigados por las virtudes de otros.</blockquote></div>
<p>Estábamos acostumbrados a practicar la “táctica del murciélago” (colgarnos todos del arco y confiar en la mala puntería del contrario…), cuando vino un rosarino irreverente a enseñarnos que podíamos jugar de igual a igual con cualquiera y en cualquier parte.</p>
<p>Que la condición de local era importante, pero no definitiva. Y que si al fin y al cabo estábamos inmerso en un juego donde ganar o perder son las dos posibilidades más sobresalientes, más valía morir con las banderas al tope que “ratoneando” y pidiendo la hora, señor árbitro…</p>
<p>La apuesta de Bielsa, cabe acotar, no fue una apuesta a ciegas sino, como casi todo en él, una maniobra calculada en la que pesa más la visión de largo plazo del estratego que a la táctica escuela del salir del paso, a lo “Locutín” Santibáñez, en la que habíamos sido formados.</p>
<p>Bielsa sabía, porque como buen planificador es un hombre bien informado, que Chile contaba con materia prima interesante para hacer cosas de gran nivel, en la esfera futbolística. Sabía, por ejemplo, que la “Rojita” había cumplido una gran performance en el Mundial Juvenil Sub 20 de Canadá 2007, donde llegó a la final y perdió el cetro frente a Argentina, no porque tuviera  un peor fútbol sino porque no supo dominar los nervios en las instancias decisivas.</p>
<p>Sabía que en ese torneo habían brillado figuras promisorias como Alexis Sánchez, Arturo Vidal, Gary Medel y Carlos Carmona, entre otros, los que venían a ser algo así como joyas sin pulir que hoy constituyen la base de la Selección adulta que está compitiendo en Sudáfrica.</p>
<p>Reconocer la crucial intervención de Marcelo Bielsa en un proceso que le cambió la cara al fútbol chileno y lo situó como protagonista primero en las clasificatorias sudamericanas y ahora en el Mundial, es un tema que, por cierto, desafía al chauvinista primitivo que todos llevamos dentro. Y que, desde luego, probablemente no quisiera ningún tipo de injerencia externa en este “upgrade” notable que empieza a ser reconocido por moros y cristianos.</p>
<p>Son los mismos a los que seguramente no les hace ninguna gracia que un tal José de San Martín haya tenido bastante que ver con la Independencia de Chile, o que haya sido un zapatazo magistral de Walter Montillo –argentino también él- el que le dio el triunfo a la Universidad de Chile en su reciente y brillante triunfo ante Flamengo, en un Maracaná que quedó con la boca abierta ante su destreza y audacia ganadora.</p>
<p>Se ha creado, entonces, según mi modesto leal saber y entender, un círculo virtuoso en el que se unieron un adiestrador de lujo, con conceptos claros y una innegable capacidad de liderazgo, con un conjunto de muchachos bien dotados para el balompié, que entendieron que la primera valla a superar era “creérsela”.</p>
<p>Sentir que ellos eran tan buenos o mejor que cualquiera, y que en la cancha siempre juegan once contra once y que los partidos no se acaban –y con ello las posibilidades de dar vuelta un resultado- hasta que el referee no da el pitazo final.</p>
<p>Ésa es, sin mayores vueltas, la razón de que hasta ahora nos haya ido tan bien en el Mundial y que aspiremos a seguir avanzando, aunque sigamos siendo reos de la condena fatal de la falta de finiquito que hace que terminemos sufriendo y midiendo, calculadora en mano, la diferencia de goles, el maldito “gol average”.</p>
<p>Por eso es que todo Chile está fantaseando con la idea de que esta oncena prodigiosa será capaz de llevarnos, por qué no, a una final, de la mano de un Míster Pipa de hablar cancino y reconcentrado, que no hace ninguna concesión a la farándula, y que ha sabido sacarle partido a Sam, al Torito, al capitán Pirulete o a ese enrulado Palmatoria, mitad haitiano y mitad mapuche, que es capaz de vulnerar un arco que hasta entonces parecía infranqueable, y con ello darle alegría a un pueblo sediento de victorias. Tal vez porque ha conocido demasiadas derrotas.</p>
<p>El sueño de Barrabases, la revista de monitos de nuestra infancia, hecho realidad gracias, entre otras cosas, a un técnico con cara de pocos amigos que es capaz de gritarle a Estrada, un jugador más bien rudimentario, “¿<em>quién carajo te creés</em>?”, cuando quiere salir jugando desde su área, y luego es capaz también  de pedirle humildemente disculpas por su exabrupto público.</p>
<p>Por último, pero no menos importante, creo, además, que el sismo del 27 de febrero pasado, ha contribuido a forjar una épica de la victoria que no es menor.  Estos once jóvenes leones, de origen humilde en su mayor parte, se emocionaron hasta las lágrimas al ver llegar a Nelspruit la bandera del terremoto, aquel pabellón rasgado que se convirtió en el emblema de un pueblo golpeado por la naturaleza, pero decidido a resistir y salir adelante.</p>
<p>Y eso generó un compromiso, un deseo de que esta justa, el Mundial de Sudáfrica, se transformara en la oportunidad de la revancha. Por tal motivo es que, al margen de patrioterismos trasnochados, que suelen convertirse en más penosos aún de lo que son al verse reproducidos a diario por la caja de resonancia de la televisión y los medios, me atrevo a sostener que, detrás de todo esto, hay un legítimo y válido hambre de triunfos.</p>
<p>Y existe, asimismo, la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, hay un equipo, un conjunto de hombres donde los errores lógicos y humanos de cada uno de ellos, pueden ser ocultados o mitigados por las virtudes de otros.</p>
<p>Y que si hay un Alexis que se demora haciendo una innecesaria y circense bicicleta, siempre habrá un Mark González dispuesto a meterla adentro. O un Matías Fernández, que sacrifica su brillo propio por el bien del colectivo. O un “Huaso” Isla, que se viste de delantero para dar el pase oportuno.  Y para que todo Chile pueda decir que por fin hay un equipo en la cancha que nos entusiasma a todos  y nos hace vibrar al unísono, pensando que sólo aquel que tiene grandes sueños alcanza los mayores objetivos.</p>
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		<title>La “realpolitik” de Piñera en el vecindario</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 06:49:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Carlos Monge</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[América Latina]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[Por el momento Piñera ha optado por comportarse como un verdadero hombre de Estado antes que como un líder doctrinario.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Todas las expectativas alimentadas por los sectores más conservadores y doctrinarios de la Coalición por el Cambio, en relación a una política exterior del gobierno de Sebastián Piñera alineada en base a condicionamientos ideológicos y en abierta lucha contra el “eje del mal”, en su versión latinoamericana (Chávez, Morales, Castro),  se han visto hasta ahora frustradas.</p>
<p>El efecto generado por esta situación no ha pasado inadvertido para nadie. En el ámbito progresista -que es hasta el momento el dominante,  por lo menos en lo que se refiere al “vecindario”- fue el presidente de Ecuador, Rafael Correa, quien no pudo dejar de expresar hace pocos días la “grata sorpresa” que ha sido para muchos la gestión externa de Piñera.</p>
<p>En entrevista concedida al diario argentino La Nación, Correa manifestó abiertamente: “Nos preocupaba un poco el giro que podía dar Chile en el campo internacional, pero las participaciones de Sebastián Piñera a nivel de Unasur y en la cumbre Unión Europea-América Latina han sido extraordinarias”.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Por el momento Piñera ha optado por comportarse  como un verdadero hombre de Estado antes que como un líder  doctrinario.</blockquote></div>
<p>Gente bien informada indica que esas palabras pudieron haber sido suscritas, al pie de la letra, por Itamaraty, la experimentada Cancillería brasileña, o por Cristina Fernández de Kirchner, que acaba de ser anfitriona de Piñera en los festejos por el bicentenario de la  Independencia argentina en Buenos Aires.</p>
<p>Esa sorpresa, en cambio, no ha sido tan agradable, para quienes, desde el extremo opuesto de la vereda, esperaban ver a Piñera convertido en una suerte de abanderado de la lucha contra el “populismo chavista”, desde el momento en que su sola elección representaba un importante cambio en la correlación de fuerzas en América Latina.</p>
<p>O tal vez el comienzo de la inclinación del péndulo, a nivel hemisférico,  hacia la centroderecha. Un proceso iniciado luego de la victoria electoral de Ricardo Martinelli en Panamá (mayo de 2009), quien sustituyó como Presidente a Martín Torrijos, hijo del asesinado líder nacionalista Omar Torrijos. Y que se espera siga adelante, con el previsible triunfo de Juan Manuel Santos en Colombia.</p>
<p>Dentro de la derecha criolla el que más fuertemente ha manifestado un sordo descontento con la actual situación ha sido, qué duda cabe, el senador de Renovación Nacional, Andrés Allamand. Tras no haber sido designado ministro de Relaciones Exteriores por Piñera, nominación por la que se habría jugado a fondo, el ex rugbier amenaza transformarse en una especie de conciencia crítica o “Pepe Grillo” del piñerismo, en lo que dice relación con la política exterior.</p>
<p>En una entrevista otorgada al diario El Mercurio, después del mensaje de Piñera del 21 de mayo, Allamand elogió su contenido  (“renació la nueva forma de gobernar…”), pero no se privó de dar algunos palos, casi de carácter preventivo, a la nueva Cancillería, encabezada por Alfredo Moreno Charme.</p>
<p>“La clave –dijo- es priorizar la defensa de nuestra integridad territorial aun por sobre los intercambios económicos”, al hacer alusión a cómo se deben tratar, a su juicio, los diferendos territoriales con Perú.</p>
<p>“Si un vecino me lleva a tribunales para mover los deslindes de la casa y me acusa de ser un peligro para el vecindario –agregó-, no puedo hacer como que aquí no ha pasado nada”.</p>
<p>Al mismo tiempo que remató sus ideas con el contundente mensaje de que “el juicio histórico acerca del gobierno de Piñera provendrá de su desempeño en el campo internacional”.</p>
<p><strong>Mensajes cruzados</strong></p>
<p>No se necesita ser un especialista en la decodificación de mensajes cifrados para darse cuenta que cuando se alerta con respecto a la sobrevaloración de los intercambios económicos en la relación bilateral con Perú se está apuntando por elevación contra Moreno Charme.</p>
<p>Un ex hombre de negocios que en el pasado estuvo íntimamente ligado a la conducción de Falabella, cadena del retail con amplia presencia en el país vecino.</p>
<p>Si la promiscuidad entre negocios y política resulta bastante poco digerible en política interna, en política exterior esta ligazón podría ser fatal, parece advertir Allamand, sin ningún tipo de anestesia.</p>
<p>Sus prevenciones podrían ser sólo suyas o expresar también a sectores nacionalistas preocupados porque un posible “economicismo”, de tinte cortoplacista, pudiera predominar sobre intereses más permanentes.</p>
<p>Como sea, lo cierto es que al lado de un nacionalismo rampante, que se manifiesta por lo general a través de columnistas como Hernán Felipe Errázuriz, cuyo “leit motiv” suele ser alertar en forma persistente contra la hipótesis de conflicto 3, aflora una crítica más de fondo que apunta a una presunta abdicación de las antiguas banderas ideológicas.</p>
<p>Quien lleva el estandarte en este terreno es José Piñera, hermano del Presidente y autor de las reformas laborales que definieron con más fuerza el perfil del modelo económico pinochetista.</p>
<p>Piñera (José) “tuiteó” un breve pero significativo mensaje: &#8220;Foto del Tercer Mundo: dos destructores de América Latina, Perón y Allende, homenajeados por madame Kirchner y sus siete fans&#8221;. Eso, a propósito de una foto donde se vio a su hermano Sebastián, junto a Cristina Fernández, cuando fue inaugurada la Galería de los Patriotas Latinoamericanos en la  Casa Rosada, donde Salvador Allende ocupa un lugar de privilegio junto a Juan Domingo Perón.</p>
<p>Lo cierto es que Piñera parece haber sucumbido ante la “realpolitik”, el viejo concepto acuñado por Otto Von Bismark y ejercido antes de él por Nicolás Maquiavelo, que aconseja ser prudente y tener como referente a los hechos por sobre los voluntarismos y los anhelos ideológicos.</p>
<p>Ni siquiera la reciente incontinencia del embajador chileno en Buenos Aires, Miguel Otero, que justificó a la dictadura militar, diciendo que sin ella Chile sería otra Cuba -independientemente de cómo termine este episodio, que ha puesto un innecesario ruido en la relación con la  Casa Rosada-, será capaz de cambiar este lineamiento estratégico. Su inmediato “mea culpa” así al menos lo confirma.</p>
<p><strong>Alineamiento con Lula</strong></p>
<p>La realidad indica que es hoy, sin duda, más aconsejable la “coexistencia dentro de la diversidad”, de la que habla Boris Yopo, que ser nave insignia de cruzadas improbables.</p>
<p>Por esa razón Piñera se ha alineado, con sabiduría, junto a Brasil, cuya tesis básica es mantener la interlocución con todos los sectores, y llegó a presentar incluso una propuesta conciliadora, previa a la reciente cumbre de Madrid, con el fin de desbloquear el tema de Honduras, mientras la derecha “clásica” abogaba por la participación abierta del nuevo presidente hondureño Porfirio Lobo en ese foro. Lo que equivalía, a fin de cuentas, a una especie de “perdón y olvido” o “borrón y cuenta nueva” para el golpe contra Manuel Zelaya.</p>
<p>Por eso también es que, a diferencia de Alan García y Álvaro Uribe, a quien se lo unía “a priori” como parte de un presunto tridente anti-ALBA y antibolivariano, Sebastián Piñera no rechazó la invitación a participar en los festejos de los 200 años de la Revolución de Mayo en Argentina. Es más: tuvo hasta el gesto de audacia de participar en un desfile de Presidentes por las calles bonaerenses, en un ambiente no protegido donde se expuso a eventuales contramanifestaciones.</p>
<p>El mensaje de fondo, hasta este instante, parece claro: Chile no resucitará las vetustas “fronteras ideológicas” propias de la  Guerra Fría (y aun así, superadas en su momento por Allende y por Lanusse, que no podían ser más antitéticos). Y tampoco pretende influir en los hechos políticos que sucedan más allá de sus límites, fijando posiciones de principios que pueden convertirse en vallas infranqueables.</p>
<p>Es obvio que en su fuero interno Sebastián Piñera siente más afinidad con Mauricio Macri, el intendente de centroderecha de Buenos Aires, que con los Kirchner. Y que probablemente vería con mejores ojos que en las próximas elecciones brasileñas se impusiera José Serra (que no es para nada un derechista, pese a que ha sellado una alianza duradera con el DEM, que es lo más parecido a RN en Brasil) antes que Dilma Rousseff, la heredera de Lula.</p>
<p>Pero por el momento ha optado por comportarse como un verdadero hombre de Estado antes que como un líder doctrinario. Y ha destruido muchos preconceptos que se tejían al respecto, caminando sin complejos al lado de Pepe Mujica, un ex guerrillero, o de Evo Morales y Fernando Lugo.</p>
<p>Resta por verse, sin embargo, si esta postura es sólo un acomodo temporal ante la realidad vecinal concreta –es decir, el barrio “realmente existente”- o un proyecto estratégico que ve en la integración latinoamericana algo más que la mera posibilidad de hacer buenos negocios.</p>
<p>El interrogante, por ahora, sigue abierto y únicamente el futuro cercano y los signos que se emitan desde La Moneda podrán darle algún tipo de respuesta.</p>
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