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	<title>El Mostrador &#187; Edmundo Paz Soldán</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>La biblioteca de mi padre</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2012 10:52:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Tenía once, doce años y nada me interesaba más que  explorar la biblioteca de mi padre. Abría un libro al azar y lo  comenzaba a leer y si me enganchaba podía continuar por horas. Todo muy  diferente de estos tiempos en que llego a los libros después de leer  múltiples reseñas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>Tenía once, doce años y nada me interesaba más que  explorar la biblioteca de mi padre. Abría un libro al azar y lo  comenzaba a leer y si me enganchaba podía continuar por horas. Todo muy  diferente de estos tiempos en que llego a los libros después de leer  múltiples reseñas y escuchar las recomendaciones de amigos en quienes  confío. Son tantos los libros y no quisiera perder mi tiempo con algo  que no me va a gustar. Quizás he ganado en el porcentaje de libros  leídos que admiro, pero he perdido un poco de la capacidad para la  sorpresa de mis inicios.</div>
<p align="justify">Los escritores  inventamos nuestra biografía intelectual y nos creamos un linaje en la  que solo están las cumbres. Mencionamos entre nuestros mentores a  Borges, Vargas Llosa, Coetzee, Bolaño, Woolf, Lispector, y nos olvidamos  de esos otros libros menores o populares que leímos y que quizás nos  influyen de una manera más profunda que los grandes. Todavía recuerdo  con claridad el sacudón que fue para mí leer <em>Ficciones</em> a los  catorce años, ese momento fundacional en que me dije que si eso era la  literatura entonces quería ser escritor; a esa misma edad me  deslumbraron <em>Cien años de soledad</em> y <em>Lolita</em>, que  descubrí de casualidad en la biblioteca de un tío en Santa Cruz; sin  embargo, reconozco que hoy no sería el que soy sin esos otros libros que  leí en un momento en que mi capacidad para absorber lo que caía en mis  manos estaba en su punto máximo.</p>
<p align="justify">En la  biblioteca de mi padre encontré los libros de Erich von Däniken. Este  reduccionista suizo defendía la idea de que los extraterrestres habían  estado aquí antes que nosotros y eran los verdaderos creadores de  nuestras principales civilizaciones, responsables tanto las líneas de  Nazca como de las pirámides egipcias y las estatuas de la isla de  Pascua. Leía y veía las fotos que apoyaban las teorías y no sé si me lo  creía todo pero al menos estaba dispuesto a dejarme maravillar y no  descartarlas. Con los años se ha demostrado que von Däniken falseó  muchas cosas -por ejemplo, contrató a un alfarero para que hiciera vasos  de cerámica mostrando imágenes de platillos voladores, y presentó esos  vasos como si hubieran sido descubiertos durante excavaciones  arqueológicas- y que sus ideas eran un refrito de <em>El retorno de los brujos</em>,  un libro muy popular en los años sesenta que exploraba entre otras  cosas la conexión entre el nazismo y el ocultismo y sostenía que los  primeros astronautas en la tierra fueron visitantes extraterrestres. No  he vuelto a leer a von Däniken, pero hoy me asombro ante la capacidad de  la literatura para imponer sus ficciones a la realidad: algunos  críticos de <em>El retorno de los brujos</em> señalan que el libro le  debe mucho a algunos cuentos de Lovecraft, con lo se puede concluir que  mis padres y yo, al leer a von Däniken y creer en sus teorías, éramos  lovecraftianos sin saberlo. Y ni qué decir de un par de generaciones en  los años sesenta y setenta.</p>
<p align="justify">A mi papá también le gustaban los <em>best-sellers</em> de ese entonces: leía a Sidney Sheldon y a Irving Wallace con placer.  Yo me saltaba las páginas buscando las escenas seudoeróticas, que eran  muchas (en esa misma época, gracias a otro tío, descubrí las memorias  verdaderamente pornográficas de Xaviera Hollander y me olvidé de Sheldon  y Wallace). Las novelas policíacas eran otra cosa: había estantes  enteros dedicados a Agatha Christie y Erle Stanley Gardner. Podía leerme  novelas enteras de la Christie en un solo día, tomar notas para  descubrir quién era el asesino antes que el detective Hercules Poirot, y  eso preocupaba a mi madre. Decía que me crearían una mente morbosa.  Para contrarrestar la influencia nociva de <em>Asesinato en el Orient-Express</em> y <em>El misterioso caso de Styles</em>, me compró las obras completas de Shakespeare, que leí entusiasmado: el autor de <em>El mercader de Venecia</em> era más morboso que la Christie.</p>
<p align="justify">Había  otros libros en esa biblioteca. Política e historia bolivianas, y  también literatura clásica. Pero de esos no me acuerdo tanto como de von  Däniken y Agatha Christie. Debe ser por algo.</p>
<p align="justify">(La Tercera, 25 de febrero 2012)</p>
<p>Tenía  once, doce años y nada me interesaba más que explorar la biblioteca de  mi padre. Abría un libro al azar y lo comenzaba a leer y si me  enganchaba podía continuar por horas. Todo muy diferente de estos  tiempos en que llego a los libros después de leer múltiples reseñas y  escuchar las recomendaciones de amigos en quienes confío. Son tantos los  libros y no quisiera perder mi tiempo con algo que no me va a gustar.  Quizás he ganado en el porcentaje de libros leídos que admiro, pero he  perdido un poco de la capacidad para la sorpresa de mis inicios.</p>
<p>Los  escritores inventamos nuestra biografía intelectual y nos creamos un  linaje en la que solo están las cumbres. Mencionamos entre nuestros  mentores a Borges, Vargas Llosa, Coetzee, Woolf, Lispector, y nos  olvidamos de esos otros libros menores o populares que leímos y que  quizás nos influyen de una manera más profunda que los grandes. Todavía  recuerdo con claridad el sacudón que fue para mí leer <em>Ficciones</em> a  los catorce años, ese momento fundacional en que me dije que si eso era  la literatura entonces quería ser escritor; a esa misma edad me  deslumbraron <em>Cien años de soledad</em> y <em>Lolita</em>, que descubrí  de casualidad en la biblioteca de un tío en Santa Cruz; sin embargo,  reconozco que hoy no sería el que soy sin esos otros libros que leí en  un momento en que mi capacidad para absorber lo que leía y veía y  escuchaba estaba en su punto máximo.</p>
<p>En la biblioteca de mi  padre había un lugar central para Erich von Däniken. Este reduccionista  suizo defendía la idea de que los extraterrestres habían estado aquí  antes que nosotros y eran los verdaderos creadores de nuestras  principales civilizaciones, responsables tanto las líneas de Nazca como  de las pirámides egipcias y las estatuas de la isla de Pascua. Leía y  veía las fotos que apoyaban las teorías y no sé si me lo creía todo pero  al menos estaba dispuesto a dejarme maravillar y no descartarlas. Con  los años se ha demostrado que von Däniken falseó muchas cosas -por  ejemplo, contrató a un alfarero para que hiciera vasos de cerámica  mostrando imágenes de platillos voladores, y presentó esos vasos como si  hubieran sido descubiertos durante excavaciones arqueológicas- y que  sus ideas eran un refrito de <em>El retorno de los brujos</em>, un libro  muy popular en los años sesenta que exploraba entre otras cosas la  conexión entre el nazismo y el ocultismo y sostenía que los primeros  astronautas en la tierra fueron visitantes extraterrestres. No he vuelto  a leer a von Däniken, pero hoy me asombro ante la capacidad de la  literatura para imponer sus ficciones a la realidad: algunos críticos de  <em>El retorno de los brujos</em> señalan que el libro le debe mucho a  algunos cuentos de Lovecraft, con lo se puede concluir que mis padres y  yo, al leer a von Däniken y creer en sus teorías, éramos lovecraftianos  sin saberlo. Y ni qué decir de un par de generaciones en los años  sesenta y setenta.</p>
<p>A mi papá también le gustaban los <em>best-sellers</em> de ese entonces: leía a Sidney Sheldon y a Irving Wallace con placer. A  mí no me interesaban mucho; me saltaba las páginas buscando las escenas  seudoeróticas, que eran muchas (en esa misma época, gracias a otro tío,  descubrí las memorias verdaderamente pornográficas de Xaviera Hollander  y me olvidé de Sheldon y Wallace). Las novelas policíacas eran otra  cosa: en mi casa había estantes enteros dedicados a Agatha Christie y  Erle Stanley Gardner. Podía leerme novelas enteras de la Christie en un  solo día, tomar notas para descubrir quién era el asesino antes que el  detective Hercules Poirot, y eso preocupaba a mi madre. Decía que me  crearían una mente morbosa. Para contrarrestar la influencia nociva de <em>Asesinato en el Orient-Express</em> y <em>El misterioso caso de Styles</em>, me compró las obras completas de Shakespeare, que leí entusiasmado: el autor de <em>El mercader de Venecia</em> era más morboso que la Christie.</p>
<p>Había  otros libros en esa biblioteca. Política e historia bolivianas, y  también literatura clásica. Pero de esos no me acuerdo tanto como de von  Däniken y Agatha Christie. Debe ser por algo.</p>
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		<title>Viaje al corazón de la crisis</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Nov 2011 10:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Curiosamente, los banqueros se portaron bien; su único error fue prestarle 30 billones de euros al gobierno: "en Grecia los bancos no hudieron al país; el país hundió a los bancos". Lewis deja claro que para salir del atolladero Grecia necesita, más que recetas de austeridad de Merkel o Sarkozy, un cambio en costumbres muy enraizadas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El lenguaje de la economía, de las altas finanzas, se ha vuelto complejo, hermético; un saber para iniciados. El gran público necesita traductores de este idiolecto; gente capaz de clarificar este panorama tan confuso, tan asfixiante. Michael Lewis es uno de esos traductores imprescindibles. En libros como The Big Short (2010), en el que abundan conceptos como &#8220;permuta de incumplimiento crediticio&#8221; (credit default swap) u &#8220;obligación de deuda colateralizada&#8221;, ha sido capaz de explicar de manera clara y convincente el porqué del colapso del mercado inmobiliario en los Estados Unidos; es tan didáctico que hasta Hollywood adapta sus obras (ver, por ejemplo, la reciente Moneyball). Su nuevo libro, Boomerang: Travels in The New Third World, es más ligero que los anteriores, pero igual ayuda a entender la crisis económica actual.</p>
<p>Boomerang nace cuando, a fines del 2008, Lewis conoce a Kyle Bass, a cargo de un fondo de inversión. Según Bass, la crisis financiera de ese año se había solucionado momentáneamente gracias a que los gobiernos podían prestar todo lo que se necesitaba para rescatar a los bancos, pero, ¿qué pasaría si los mismos gobiernos dejaban de ser creíbles? Bass comenzó a comprar &#8220;permutas de incumplimiento crediticio&#8221; de los países que él y su equipo consideraban que en dos a cinco años no podrían pagar sus deudas: Grecia, Irlanda, Italia, Suiza, Portugal y España. Lewis sonríe, incómodo; Bass suena convincente, pero, ¿se puede creer en lo que dice un texano del futuro de países en los que jamás ha estado y cuyas economías no sabe cómo funcionan? Dos años y medio después, el mundo ha cambiado, y Lewis decide viajar a algunos de esos países en los que Bass había visto venir la crisis antes que sus gobernantes o ciudadanos.</p>
<p>El capítulo sobre Bass muestra el talento de Lewis para darle carne y textura a los números, traducir conceptos abtrusos a imágenes. Boomerang está lleno de personajes pintorescos como Bass, desde los monjes griegos de un monasterio en el monte Athos, dispuestos a conseguir bienes inmobiliarios, hasta el ministro de finanzas alemán que solo quiere ser un noble servidor del Estado. Todos ellos le sirven a Lewis para entender la idiosincracia de los países que visita. El crédito barato que fluyó entre el 2002 y el 2007 sirvió para que &#8220;sociedades enteras revelen aspectos de su carácter que en una situación normal no estarían dispuestas a mostrar&#8221;. Así, los norteamericanos decidieron comprarse McMansiones y dar rienda suelta al espíritu más salvaje del capitalismo, los irlandeses quisieron dejar de ser irlandeses, los islandeses revelaron un talento escondido para la megalomanía, y los griegos&#8230; ah, los griegos.</p>
<p>La respuesta de los griegos fue &#8220;peculiar&#8221;, dice Lewis, tratando de ser elegante. ¿Cuán peculiar? Convirtieron al Estado en una piñata. Como había límites de sueldo para trabajos en el gobierno, decidieron evitar esos límites añadiendo al calendario meses que no existían (los empleados recibían sueldo catorce meses al año); como la edad de la jubilación era 55 si el trabajo era &#8220;arduo&#8221;, más de 600 profesiones fueron reclasificadas como arduas (peluqueros, camareros, músicos, etc); como no se pagaba impuestos si se ganaba menos de 12.000 euros al año, dos tercios de los doctores griegos declaraban ganar menos de esa suma. Curiosamente, los banqueros se portaron bien; su único error fue prestarle 30 billones de euros al gobierno: &#8220;en Grecia los bancos no hudieron al país; el país hundió a los bancos&#8221;. Lewis deja claro que para salir del atolladero Grecia necesita, más que recetas de austeridad de Merkel o Sarkozy, un cambio en costumbres muy enraizadas.</p>
<p>No es fácil hablar de esencias nacionales. Lewis visita un país por pocos días y en ocasiones incurre en estereotipos (los islandeses son machos alfa, los alemanes están fascinados con la escatología); las más de las veces, sin embargo, su libro sirve para iluminar aspectos desconocidos de esta crisis.</p>
<p>(La Tercera, 19 de noviembre 2011)</p>
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		<title>La actualidad del comunismo</title>
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		<pubDate>Thu, 13 Oct 2011 09:00:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Slavoj Zizek en Wall Street
La gente se asusta ante la idea del comunismo. No es difícil ver por qué: la historia de la implementación de esta ideología está llena de fracasos. El sueño comunista del &#8220;hombre nuevo&#8221; y la sociedad justa terminó en totalitarismos salvajes, en las purgas y las muertes de Stalin, en la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><em>Slavoj Zizek en Wall Street</em></p>
<p>La gente se asusta ante la idea del comunismo. No es difícil ver por qué: la historia de la implementación de esta ideología está llena de fracasos. El sueño comunista del &#8220;hombre nuevo&#8221; y la sociedad justa terminó en totalitarismos salvajes, en las purgas y las muertes de Stalin, en la ruptura de la libertad en Cuba y Europa del Este, en acusaciones y contraacusaciones de desviacionismo en todas partes. Pese a todo ello, la crisis económica de los últimos años ha llevado a un cuestionamiento tan severo de los preceptos más sagrados del capitalismo que algunos intelectuales prominentes -Alan Badiou, Slavoj Zizek, Toni Negri&#8211; se han atrevido a desempolvar del archivo histórico la idea del comunismo. Un ya mítico congreso en Londres el 2009 cristalizó ciertas tendencias de la izquierda contemporánea; la próxima semana en Nueva York, otro congreso -&#8221;Comunismo: ¿Un nuevo principio?&#8221;&#8211; tratará de mantener el impulso.</p>
<p>Bruno Bosteels, mi colega en Cornell y uno de los intelectuales más reputados de la izquierda, acaba de publicar The Actuality of Communism (Verso Books), un libro esclarecedor en el que analiza el trabajo de los ideólogos de este renacimiento comunista (Badiou, Zizek, Ranciere). Uno de los principales aportes de Bosteels es el de sacar la discusión de sus límites eurocéntricos y ampliar el marco, con un análisis fascinante del pensamiento de Álvaro García Linera, actual vicepresidente de Bolivia. Bosteels valora el mérito de García Linera de afirmar su marxismo o rechazar la muerte del socialismo a principios de los 90, en un momento en que no era tan fácil hacerlo (acababa de colapsar la Unión Soviética), y analiza los cambios de su pensamiento en la relación sociedad/Estado. A principios de los 90, García Linera veía al Estado como un obstáculo para la emancipación social -llegó incluso a pedir la destrucción del Congreso y todo el aparato estatal&#8211;; hoy, la paradoja consiste en que, junto a Evo Morales, está a cargo de un proyecto hegemónico centralista desde el Estado. Bosteels concluye sugiriendo acertadamente que hay que criticar los triunfos y fracasos del gobierno de Morales y García Linera a partir de las conclusiones derivadas de una lectura del mismo García Linera: &#8220;comunismo es nada menos que el acto total de autoemancipación colectiva por el cual el pueblo -como comunidad, sociedad civil, nación u organización internacional-asume el control de su propio destino&#8221;.</p>
<p>Bosteels recuerda que Badiou define el comunismo como una serie de &#8220;axiomas invariables&#8221; que aparecen cuando una movilización de masas se enfrenta a &#8220;los privilegios de la propiedad, la jerarquía y la autoridad&#8221;, y de cómo &#8220;actores políticos específicos&#8221; tratan de &#8220;implementar los invariables comunistas&#8221;. Para Bosteels, el problema de los invariables es que pueden llevar a una &#8220;purificación del comunismo&#8221;, a hablar de éste &#8220;fuera de un tiempo y lugar dados&#8221;. Para evitar los peligros del &#8220;izquierdismo especulativo&#8221;, Bosteels cree que el comunismo debería ser &#8220;rehistorizado&#8221;  y actualizado en formas concretas internacionalistas de acción que no deberían pasar necesariamente a través un partido político. Esto no es fácil, porque aquí comienzan los desacuerdos, pero es necesario; después de todo, como dice Bosteels, el socialismo y el comunismo fueron derrotados (quizás no filosóficamente, pero sí política e ideológicamente).</p>
<p>Para Badiou, de Espartaco a Mao, la &#8220;subjetividad rebelde&#8221; se refiere al comunismo, a pesar de que no se mencione la palabra. Es notable el esfuerzo de Bosteels por dotar de realismo a la discusión, pero lo cierto es que, aun así, la historia no está desligada de la palabra. &#8220;Comunismo&#8221; se refirió alguna vez a la utopia de una sociedad de iguales; hoy es una palabra manchada a la que no se podrá rehabilitar fácilmente. Lo que sí es actual, desde los &#8220;indignados&#8221; en España a la &#8220;primavera árabe&#8221; y el movimiento Occupy Wall Street de los Estados Unidos, es la subjetividad rebelde; quizás sea necesario entonces, antes que nada, buscar nuevas formas de nombrar un viejo sueño.</p>
<p style="text-align: right;">(La Tercera, 8 de octubre 2011)</p>
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		<title>Los límites de Evo Morales</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Sep 2011 12:00:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hace poco más de un mes, el 15 de agosto, cuando se inició la marcha indígena convocada en protesta contra la construcción de una carretera, el presidente Evo Morales dijo: “Cuando se presentan este tipo de problemas, para mí no es nada. Algún ministro se asusta”. Después de que esa marcha fuera reprimida por la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace poco más de un mes, el 15 de agosto, cuando se inició la marcha indígena convocada en protesta contra la construcción de una carretera, el presidente Evo Morales dijo: “Cuando se presentan este tipo de problemas, para mí no es nada. Algún ministro se asusta”. Después de que esa marcha fuera reprimida por la policía el pasado domingo, con el saldo de varios indígenas detenidos, la protesta popular creció tanto que quizás Evo se haya asustado un poco. Dos días más tarde, dos ministros renunciaron y  se  anunció que diez parlamentarios indígenas abandonarían la coalición del MAS (sin esos parlamentarios Evo perdería los dos tercios necesarios para aprobar leyes sin debate, como lo ha venido haciendo). No solo eso: en mensaje a la nación Evo anunció que suspendería la construcción de la carretera mientras se hicieran consultas a la población. Para entonces, el movimiento se siente con la fuerza suficiente para exigir la cancelación del proyecto, lo que obligaría a buscar otra ruta para la carretera.</p>
<p>El conflicto indígena ha obligado a Evo a retroceder por segunda vez en menos de un año. El pasado diciembre, el gasolinazo –alza del precio de la gasolina para que esta se adecuara a su costo en países limítrofres&#8211; fue otra medida que llevó a la gente a la calle y asestó un golpe duro a la popularidad del presidente (nueve meses después, aun no se ha recuperado: en una encuesta reciente, recibe un 36% de apoyo). Lo novedoso de estas crisis ha sido que la protesta proviene sobre todo de los movimientos sociales afines al partido de gobierno; en el último caso, el añadido simbólico es que son indígenas quienes dicen no sentirse representados por Evo.</p>
<p>La carretera motivo de la discordia iba a dividir el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS), creado en 1990, sin que los pueblos indígenas que viven en esa región hubieran sido consultados, según lo manda la propia Constitución impulsada por el gobierno de Evo. Para muchos, se cayó la máscara ecologista e indigenista de Evo, mostrando que él es, antes que nada, el líder sindical de los productores de coca del Chapare (los más beneficiados con la construcción de la carretera).</p>
<p>Las crisis de los últimos meses muestran que Evo ha encontrado los límites de su poder. Hubo un momento en que su inmenso capital político le permitió “refundar” el país aprobando una nueva Constitución, arrinconar los deseos de autonomía de departamentos económicamente poderosos como Santa Cruz y burlar las leyes a su antojo para desmantelar cualquier intento de oposición a su gobierno. Y muestra que el estilo autoritario, centralista, bajo el viejo molde del caudillismo latinoamericano, puede gobernar pero no construir un Estado. Sin instituciones sólidas, el caudillo termina siendo víctima de las mismas fuerzas que lo encumbraron. Evo recibió un Estado en crisis; su carisma, su capacidad de convocatoria, maquillaron esa crisis, pero no la trascendieron. Su discurso etnopopulista de izquierda, además, trazó una serie de coordenadas de las que no puede desviarse; se sabe que, tarde o temprano, el gobierno debe dejar de subvencionar la gasolina y aumentar el precio, pero esa medida es vista más como de un gobierno neoliberal –las cosas deben costar lo que dice el mercado que cuesten&#8211; y no como de uno que se debe al pueblo; se sabe también que quizás se necesiten más carreteras para vincular internamente al país, pero éstas no pueden hacerse sin la venia de las comunidades indígenas a las que se les ha prometido autogobierno. Así, el modelo desarrollista de Evo naufraga en medio de sus contradicciones internas.</p>
<p>El TIPNIS traerá cola. Por lo pronto, la oposición ha aprovechado para tomar la iniciativa, se ha reinventado como defensora de derechos indígenas que antes aceptó con reticencia, y busca responsables de la decisión de usar la fuerza para reprimir la marcha (los policías dicen que actuaron siguiendo órdenes de un fiscal, los fiscales dicen que no dijeron nada, el ministro de Gobierno acusó a  su viceministro, el viceministro dice que no sabía nada, el presidente dice que de él no partió la orden…). A pesar de eso, la oposición carece de liderazgo visible. Si ese hecho tranquiliza a Evo, sí deberían inquietarle los movimientos sociales que lo llevaron al poder; son ellos quienes, ante un sistema institucional que su gobierno ha debilitado, podrían hacerlo tambalear cualquier rato. De hecho, ya lo están haciendo.</p>
<p>(El País, 29 de septiembre 2011)</p>
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		<title>Café con Mussolini</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jul 2011 11:49:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Estaba en casa de unos amigos en Italia hace un mes cuando abrí una alacena en busca de café y me encontré con una caja de bolsitas de azúcar con el rostro de Mussolini y una frase: Quando c&#8217;era lui la vita era più dolce (Cuando estaba él la vida era más dulce). En todas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba en casa de unos amigos en Italia hace un mes cuando abrí una alacena en busca de café y me encontré con una caja de bolsitas de azúcar con el rostro de Mussolini y una frase: Quando c&#8217;era lui la vita era più dolce (Cuando estaba él la vida era más dulce). En todas las bolsitas había una dirección en la red para comprar parafernalia de ultraderecha. Mi amigo se rió de mi descubrimiento del &#8220;azúcar fascista&#8221; y me mostró monedas fascistas, vinos fascistas, etc. Se los había regalado un anciano amigo de la familia. Sospechaba que el anciano había perdido la razón. Guardaba los regalos como algo pintoresco.</p>
<p>Pensé en todo eso esta semana, después de los ochenta muertos en Noruega a manos de Anders Breivik, cuando escuché al europarlamentario italiano Mario Borghezio decir: &#8220;El 100% de las ideas de Breivik son buenas y coinciden con las de los movimientos que ahora ganan en cualquier lugar en Europa&#8221;. Borghezio pertenece a la Liga, partido en el poder gracias a su alianza con Berlusconi; no hay mejor prueba de cómo las ideas xenófobas y racistas de la ultraderecha, hace algunas décadas en el margen de Europa, se han vuelto cada vez más populares. Los italianos pueden decir que solo el 8.3% de los votantes simpatiza con ideas de ultraderecha (en Noruega son el 23%), pero ese porcentaje no es marginal.</p>
<p><a href="http://www.elmostrador.cl/media/2011/07/Mussolini.jpg"><img class="size-medium wp-image-185525 alignright" title="Mussolini" src="http://www.elmostrador.cl/media/2011/07/Mussolini-300x225.jpg" alt="Mussolini" width="300" height="225" /></a>Hace poco, el semanario alemán Der Spiegel dedicó su nota principal a la decadencia de Italia. La portada titulaba Ciao bella! y mostraba un dibujo de Berlusconi en una góndola veneciana junto a dos sirenas con los pechos desnudos. No sé si daban ganas de reír o de llorar. Pensaba encontrar ese país esta visita. De hecho, me topé con un artículo en una revista del corazón en el que el médico de Berlusconi certificaba que el primer ministro italiano podía acostarse con mujeres jóvenes todos los días porque era un hombre &#8220;física y mentalmente superior al resto&#8221;. Pero con lo que más me encontré fue con la indignación ante la crisis económica y social, que ha derivado en una guerra de valores culturales. El país no crece, y para la ultraderecha los responsables son los liberales que se aliaron al sueño multicultural europeo.</p>
<p>Al otro extremo, los escritores e intelectuales progresistas de la llamada generación TQ (conocidos así porque sus edades oscilan entre los trenta y los quaranta), acaban de publicar un manifiesto que puede leerse como una crítica brutal al estado de las cosas en Italia: un momento en que prima el sinsentido, en el que &#8220;han caído juntas tanto las ideologías como los ideales, la autoridad del pasado como la fuerza del futuro, las certezas morales y las materiales&#8221;. Los líderes principales del TQ quieren que su manifiesto se lea como un gesto político y no uno literario. Creen que el neoliberalismo es &#8220;la nueva epidemia de Occidente&#8221; y piden que la nueva generación asuma una &#8220;responsabilidad colectiva para hacer algo juntos&#8221;. Gabrielle Pedullà, uno de los líderes, sabe que el desafío es difícil porque &#8220;la nuestra es una generación de solitarios&#8221;. Giorgio Vasta, otro de los líderes, es de objetivos modestos y dice que lo suyo no es una guerra sino una &#8220;guerrilla, acciones de perturbación del orden cultural y artístico que permitan que se le preste atención al valor civil de la discusión&#8221;.</p>
<p>Así están las cosas en el bel paese. Los jóvenes escritores e intelectuales de la generación TQ quieren pensar en grande y refundar el país pero, en lo concreto, sueñan con mínimas acciones neovanguardistas y creen que hablando se entiende la gente. Al otro lado están los que aplauden la masacre de Noruega y venden parafernalia exaltando la violencia como la mejor manera de salir de la crisis. Mientras tanto, la bolsa sigue cayendo y Berlusconi llama a su gente de confianza para organizar el bunga-bunga del fin de semana.</p>
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		<title>Ficción y realidad del retrato en PHotoEspaña</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 11:22:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La decimocuarta edición de PHotoEspaña reúne a 370 fotógrafos de 55 países, en 57 sedes diseminadas por todo Madrid. Están las exposiciones centrales, en el Reina Sofía o en el Instituto Cervantes, y también el festival off, en galerías y salas pequeñas. Yo fui en busca de la galería Elvira González, que acogía la obra [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La decimocuarta edición de PHotoEspaña reúne a 370 fotógrafos de 55 países, en 57 sedes diseminadas por todo Madrid. Están las exposiciones centrales, en el Reina Sofía o en el Instituto Cervantes, y también el festival off, en galerías y salas pequeñas. Yo fui en busca de la galería Elvira González, que acogía la obra de Robert Mapplethorpe, y en el camino me topé con otras dos galerías que no conocía y que también exponían obras de PHotoEspaña. El responsable artístico de este enorme despliegue es el cubano Gerardo Mosquera, nuevo comisario del certamen.</p>
<p>El tema central de este año es el retrato. PHotoEspaña muestra una variedad impresionante de registros, que van desde el uso de la fotografía para dar testimonio de una realidad -las fotos del legendario paparazzi Ron Galella, por ejemplo- hasta para mostrar cómo esa realidad puede ficcionalizarse. Yuxtapuestos en el mismo certamen, los registros se mezclan hasta que no sabemos dónde termina uno y comienza otro. Galella nos muestra la &#8220;realidad&#8221; de una Jackie Onassis despeinada y de un Marlon Brando a punto de romperle la mandíbula al fotógrafo intruso. Pero no son menos &#8220;reales&#8221; las fotos artificiosas de Mapplethorpe, incluso cuando señalan claramente sus raíces clásicas para convertir en gran arte al mundo de la pornografía y de la homosexualidad en su vertiente sadomasoquista (S/M). Contagiado por la mirada de Mapplethorpe, uno comienza a ver símbolos fálicos y de dolor en las plantas y flores más inocentes: la realidad ha sido transformada por la ficción.</p>
<p>Irene de Andrés, una de las fotógrafas españolas más importantes de la nueva generación, dice que &#8220;la fotografía es ahora irrealidad&#8221;; su proyecto, que se presenta en la galería Marta Cervera, juega con cámaras y videos para retratar el paso del tiempo en la habitación de un hotel. El espectador se queda con la sensación de que las fotos capturan todo un día, pero tan solo se trata de ocho minutos: es el cierre del obturador de la cámara el que logra el efecto del transcurrir de las horas.</p>
<p>La relación de la fotografía con la ficción, sin embargo, no es solo de hoy. En la sala Alcalá de<br />
la Comunidad de Madrid se pueden ver las fotos conceptuales de Cindy Sherman, que en los años setenta comenzó a explorar, en series como &#8220;Bus Riders&#8221;, con la idea de la identidad como escenificación y performance. En sus fotos, Sherman encarna a todos los pasajeros de un autobús: la viejecita insoportable, la adolescente sexy, el joven con cara de pocos amigos, incluso los negros (en un gesto políticamente incorrecto, Sherman usa blackface para representar a los negros).</p>
<p>En la misma exposición de la Sherman se encuentran las fotos del mexicano Frank Montero Collado, quien ha sido para mí la gran revelación de PHotoEspaña. De Montero se conoce muy poco, y de hecho esta es la primera exposición de su obra. Su vida abarca la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del XX. En sus autorretratos va armando su biografía, que incluye trabajos como seminarista o profesor e incluso hipnotista y cantante de ópera. Las encargados de la exposición señalan que existen muchas dudas acerca de cuán auténtica es esta biografía, sobre todo por el hecho de que todas las anotaciones al pie de las fotos &#8211;que recrean diferentes momentos de una vida&#8211; fueron hechas al mismo tiempo. Sin embargo, cualquiera que vea las fotos se dará cuenta de la teatralización de las escenas, de la mirada burlona de Montero al espectador. Más de medio siglo antes de la Sherman, el gesto de este mexicano es más vanguardista que el de la fotógrafa de New Jersey.</p>
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		<title>En el tiempo de las teorías conspiratorias</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Jun 2011 11:29:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace algunos años una amiga de California me envió un enlace a un sitio en Internet dedicado a defender la teoría de que el ataque a las Torres Gemelas había sido parte de una trama secreta organizada por el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney. Cheney, junto a Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz, dos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace algunos años una amiga de California me envió<a href="http://www.911truth.org/"> un enlace </a>a un sitio en Internet dedicado a defender la teoría de que el ataque a las Torres Gemelas había sido parte de una trama secreta organizada por el vicepresidente de los Estados Unidos, Dick Cheney. Cheney, junto a Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz, dos pesos pesados de la administración de Bush, habían organizado el ataque porque necesitaban una excusa para lanzarse a una aventura imperial y hacerse de las reservas de petróleo en el mundo. Los administradores del sitio tenían teorías delirantes -las Torres no habían sido destruidas por aviones sino por bombas puestas previamente en los edificios por agentes de la CIA&#8211;, pero esgrimían pruebas científicas de ingenieros y expertos en demolición de edificios que tenían la virtud de la coherencia a una lógica interna. Todo estaba tan bien armado que no era difícil dudar de lo que el mundo había visto esa mañana del 11 de septiembre.</p>
<p>En Among the Truthers: A Journey Through America&#8217;s Vast Conspiracy Underground, Jonathan Kay argumenta que esas teorías conspiratorias son parte de las &#8220;consecuencias cognitivas del 11 de septiembre&#8221;. Las teorías conspiratorias han existido siempre, pero hay momentos en que su peso social se intensifica: una guerra, una crisis económica, un ataque terrorista pueden poner en duda el proyecto racional en que se fundan el edificio de Occidente. Que hace poco haya habido una campaña muy seria acerca de la verdadera nacionalidad de Barack Obama, que sugería que el presidente de los Estados Unidos es en realidad un musulmán nacido en Indonesia, un terrorista infiltrado, muestra que el trauma psíquico del 11 de septiembre todavía no ha sido reparado.</p>
<p>Kay sugiere que todas las teorías conspiratorias modernas descienden de lo ocurrido en torno a los Protocolos de los Sabios de Zion. En 1897, se llevó a cabo en Suiza el primer congreso sionista, que concluyó con un programa que pedía el establecimiento de un hogar para los judíos en Palestina. Para desacreditar este proyecto, un grupo de antisemitas zaristas inventó los Protocolos, un documento secreto que habría sido escrito durante ese congreso y que era un plan de los judíos para apoderarse del mundo. Los Protocolos fueron publicados en 1919, y dieron lugar a que se disparara el antisemitismo en Europa; tanto Hitler como otros criminales de guerra fueron inspirados por los Protocolos a actuar contra los judíos.</p>
<p>Los Protocolos condensan todos los males del mundo en una sola fuente de poder. Los sabios judíos de ese documento son hipercompetentes, ambiciosos, malignos y están enquistados en las altas esferas de los gobiernos. De la misma manera, muchas de las nuevas teorías conspiratorias apuntan a que existe hoy una metaconspiración de las élites del mundo, destinada a esclavizar a la gente: aquí se juntan Kissinger con Cheney, Halliburton, el grupo Bilderberg, Mossad, la CIA, el FMI, George Soros, etc. Los febriles teóricos de la conspiración dicen que si la gente no reacciona es porque está dopada con fluorido &#8211;una &#8220;neorotoxina letal&#8221; que se los gobiernos ponen en el agua- y otros agentes químicos inyectados en nuestro cuerpo a través de vacunas (ordenadas, por supuesto, por el gobierno).</p>
<p>Para Kay, estas teorías pueden ser descabelladas, pero conviene tomarlas en serio porque los &#8220;habitos mentales&#8221; que las sostienen se han vuelto parte fundamental del paisaje: son muchos los que desconfían del gobierno, están alienados de las formas tradicionales de la política, y mezclan ideas seculares con un discurso religioso apocalíptico. Es cierto que algunas conspiraciones han ocurrido de verdad (Watergate), y que algunos gobiernos han manipulado incidentes para sostener causas dudosas -desde la guerra de Vietnam hasta las armas nucleares de Saddam Hussein&#8211;, pero eso no debería llevarnos a concluir que detrás de cada acto hay una conspiración. Kay termina el libro con algunos consejos optimistas y algo ingenuos para desterrar de una vez por todas la mentalidad conspiratoria. Si hubiera sido consistente con el argumento de su libro, habría tenido que decir que los teóricos de la conspiración están tan seguros de su verdad que cualquier argumento en su contra -el libro de Kay, por ejemplo- será utilizado como prueba fehaciente de que hay una conspiración en las altas asferas.</p>
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		<title>Un lugar que pesa como una maldición</title>
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		<pubDate>Mon, 30 May 2011 11:33:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Para hablar de Knockemstiff, el magistral libro de cuentos de Donald Ray Pollock, se han mencionado nombres muy diversos: Sherwood Anderson, Denis Johnson, Chris Offut. A esos nombres hay que agregar el de Daniel Woodrell, el autor de Winter&#8217;s Bone, aunque para narrar sus cuentos de perdedores Pollock tiene más humor.
En el pueblo de Knockemstiff, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Para hablar de <em>Knockemstiff</em>, el magistral libro de cuentos de Donald Ray Pollock, se han mencionado nombres muy diversos: Sherwood Anderson, Denis Johnson, Chris Offut. A esos nombres hay que agregar el de Daniel Woodrell, el autor de <em>Winter&#8217;s Bone,</em> aunque para narrar sus cuentos de perdedores Pollock tiene más humor.</p>
<p>En el pueblo de Knockemstiff, en una desolada zona rural de Ohio, sus habitantes <em>white trash</em> no tienen más vías de escape que el alcohol, el sexo y las drogas, sobre todo las drogas: meth, speed, crack, crank, anfetaminas, todo sirve para soñar con escaparse a California y dejar atrás una vida miserable. Pero no: el lugar pesa más, como si se tratara de una maldición, y nadie puede salir de él por mucho tiempo.</p>
<p>Pollock es un maestro para agarrar al lector desde la primera línea del cuento: &#8220;Mi padre me enseñó a hacer daño a la gente una noche de agosto en el autocine Torch cuando yo tenía siete años&#8221; (<a href="http://librosdelsilencio.com/ficheros/Knockemstiff-DR_Pollock-LdS.pdf">&#8220;La vida real&#8221;</a>); también lo es para terminar el cuento con una imagen que abre el texto en múltiples direcciones.</p>
<p>Los personajes de un cuento reaparecen en otro, con lo que queda la sensación de que se nos ha contado la historia de una familia, de todo el pueblo. Y por ahí desfilan un vagabundo retardado que ve a un chiquillo llamado Truman teniendo sexo con su hermana de doce años en Dynamite Hole, y Bobby y Frankie, dos adolescentes que se roban anfetaminas para venderlas para terminar colocados con ellas, y Jimmy y su amigo, que aspiran Bactine en una bolsa de plástico para, con los ojos rojos mientras cae la nieve, poder ver algo que no han visto antes.</p>
<p>Pero ya todo ha sido visto, y no queda más que repetir de manera determinista los errores de los padres y de los tíos. La magia de Pollock consiste en lograr que, pese a que en ningún cuento hay redención posible, no sintamos nunca que el autor está siendo repetitivo. Sabemos lo que nos espera, y aun así nos sorprendemos. La traducción de Javier Calvo es impecable.</p>
<p><a href="http://www.elmostrador.cl/media/2011/05/knockemstiff_med.jpg"><img class="aligncenter size-medium wp-image-170529" title="knockemstiff_med" src="http://www.elmostrador.cl/media/2011/05/knockemstiff_med-200x300.jpg" alt="knockemstiff_med" width="200" height="300" /></a></p>
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		<title>A veinticinco años de Chernóbil</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Apr 2011 11:37:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace veinticinco años, el 26 de abril de 1986, ocurrió la catástrofe nuclear de Chernóbil. La gente se enteró días después de lo ocurrido por los periódicos y la televisión, pero la información no pasaba de generalidades. Las autoridades soviéticas fueron exitosas en su intento por evitar que se divulgaran los detalles de lo ocurrido: [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace veinticinco años, el 26 de abril de 1986, ocurrió la catástrofe nuclear de Chernóbil. La gente se enteró días después de lo ocurrido por los periódicos y la televisión, pero la información no pasaba de generalidades. Las autoridades soviéticas fueron exitosas en su intento por evitar que se divulgaran los detalles de lo ocurrido: aun hoy, los informes oficiales dicen que sólo hubo 64 muertes atribuidas a la radiación, mientras que la World Health Organization señala 4.000 y la revista rusa Chernobyl llega a sugerir 900.000. Semejante divergencia es la consecuencia normal de una sistemática campaña para tapar la verdad. Enterarnos de lo que realmente sucedió resulta de suma urgencia porque permitiría que entendamos mejor catástrofes como la reciente de Fukushima en el Japón, y que incluso se eviten algunos errores que puedan llevar a nuevos accidentes nucleares.</p>
<p>Santiago Camacho, periodista conocido por sus trabajos de divulgación de temas a medio camino entre la realidad y la leyenda (conspiraciones, sociedades secretas), acaba de publicar Chernóbil: 25 años después (Debate). El libro es un buen punto de partida para los que quieran enterarse de lo que se sabe hoy sobre Chernóbil. Camacho habla del antes (la historia de la radiación), el durante (lo que pasó ese fatídico 26 de abril) y el después (un viaje a Chernóbil y sus alrededores hoy).</p>
<p>Lo mejor del libro de Camacho es la reconstrucción del accidente. La central nuclear Vladimir Ilich Lenin era la más poderosa del planeta y se hallaba a sólo tres kilómetros de Prípiat, una ciudad de casi 50.000 habitantes en Ucrania construida apenas una década antes del accidente para albergar a los trabajadores nucleares. Ese 26 de abril, pasada la medianoche, había problemas en el reactor número 4 de la central, y en solucionarlos se afanaban tres hombres en la sala de control: Anatoli Diatlov, jefe adjunto de ingeniería de la central; Alexandr Akimov, supervisor del turno de noche; y Leonid Toptunov, de apenas 23 años y ya responsable del funcionamiento adecuado del reactor.</p>
<p>Esa noche iba a haber una prueba de seguridad que simularía un corte en el suministro de electricidad; no se debía haber bajado de loa 700 megavatios, pero la primera caída fue hasta los 512. De acuerdo a Camacho, Diatlov se saltó los protocolos de seguridad y quiso que se siguiera bajando hasta los 200. El problema era que ni Diatlov ni nadie conocían verdaderamente todos los detalles del reactor 4, construido con un apresuramiento que hizo que se saltaran varios importantes detalles de seguridad (el sistema de sensores, por ejemplo, no captaba todo lo que ocurría en el interior del reactor). Así, cuando Diatlov ordenó que se iniciara la prueba y se cortara la electricidad, no sabía que la temperatura había aumentado en el núcleo, con lo que la presión fue subiendo y buscó escaparse por todas partes, llevando a la explosión de las cubiertas del reactor: &#8220;la tapa del reactor, de 1.200 toneladas de peso, salió proyectada hacia el cielo&#8221; y en la atmósfera se liberó &#8220;energía atómica en diversas formas, quinientas veces superior a la liberada por las explosiones de Hiroshima o Nagasaki&#8221;.</p>
<p>La cadena de las equivocaciones continuó. Los bomberos que llegaron poco después no fueron informados de que se trataba de una explosión nuclear; sin equipamiento adecuado, esa misma noche murieron dos, y más de veinte en los meses siguientes. Al día siguiente, los militares descubrieron que en Prípiat la radiación era 600.000 superior a la normal, pero aun así no se ordenó la evacuación de la ciudad hasta 30 horas después de la explosión. Sólo tres días después, Moscú admitiría públicamente el desastre de Chernóbil. Luego llegaron los &#8220;liquidadores&#8221;: 700.000 hombres &#8220;pobremente equipados&#8221; que no sabían mucho del peligro de la radiación. Enviados a recoger los escombros de la explosión, fueron héroes suicidas a pesar de sí mismos: se calcula que murieron unos 9.000 sólo en los primeros días (el Kremlin todavía no lo ha admitido).</p>
<p>Ocho semanas después del accidente, se decidió aislar al rector con un sarcófago de acero y cemento. Se evacuaron 500 pueblos y aldeas. Hoy hay en Chernóbil un monumento a los &#8220;liquidadores&#8221;, y en el museo pueden verse restos de animales con malformaciones genéticas. 6.000 personas trabajan en el área, pero sólo por un tiempo, hasta que llegan al límite de radiación al que pueden exponerse. Invisible y fatal, la catástrofe nuclear sigue ocurriendo.<br />
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		<title>Obama, de la inspiración al pragmatismo</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Apr 2011 10:17:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Edmundo Paz Soldán</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Posteos del Día]]></category>

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		<description><![CDATA[Después de un breve período de descanso, la politica norteamericana volvió a la actividad la anterior semana. Por un lado, Obama lanzó su candidatura a las elecciones presidenciales del 2012; por otro, después de una larga lucha entre republicanos y demócratas, el presupuesto federal fue aprobado a último minuto cuando ya se temía una paralización [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div>Después de un breve período de descanso, la politica norteamericana volvió a la actividad la anterior semana. Por un lado, Obama lanzó su candidatura a las elecciones presidenciales del 2012; por otro, después de una larga lucha entre republicanos y demócratas, el presupuesto federal fue aprobado a último minuto cuando ya se temía una paralización total forzada de las operaciones del gobierno.</div>
<div>
Obviamente, ambas noticias están conectadas. Obama perdió las elecciones del congreso del año pasado porque permitió que sus oponentes lo definieran como un radical de izquierda, un &#8220;socialista&#8221; defensor de un gobierno intervencionista en todas las áreas de la sociedad; la lucha por el presupuesto le permitía consolidar su movimiento hacia el centro, iniciado días después de su derrota. Las concesiones hechas al Partido Republicano le han valido críticas duras del lado progresista de su partido: sí, se mantuvo firme en el tema de la educación y en el de los fondos para la planificación familiar (que los republicanos ven como un eufemismo para financiar abortos), pero cedió en temas clave como Medicare y Medicaid, que prestan apoyo a familias de escasos recursos y a ancianos, y abandonó muy rápidamente su sueño de conectar el país a través de ferrocarrilles de alta velocidad. Al final de la agitada semana pasada, le habló al país como un negociador triunfante, un estadista que destacaba la capacidad de los partidos de ponerse de acuerdo. Una imagen dudosa, pero calculada: el presidente procuró no mezclarse en una pelea que correspondía al Congreso, porque no podía arriesgarse a ser &#8220;el perdedor&#8221;. Al menos no tan evidentemente.</p>
<p>Barack Obama confunde a todos, y eso lo hace un político tan impredecible como peligroso: por experiencia e ideología, pertenece al ala progresista del partido Demócrata (así fue como ganó las elecciones anteriores), pero su impulso vital es el de trascender las luchas ideológicas que han desgastado a los Estados Unidos y contentar a todos. Hay días en que algunos lo ven como modelado en Clinton, pero el político sureño siempre fue centrista y sus ajustes durante su gobierno fueron vistos como naturales a él. Otros días Obama parece Ronald Reagan, por su optimismo natural y su capacidad para proyectar un Estados Unidos innovador en el futuro, capaz de seguir como líder de Occidente. Reagan, sin embargo, sí tenía una ideología, y creía que sólo a través de su imposición Estados Unidos podría mantener su liderazgo.</p>
<p>Obama ha abandonado la ideología progresista (entre otras cosas, continúa la guerra en Afganistán y la cárcel de Guantánamo sigue abierta) y no ha adquirido ninguna otra en su reemplazo. Toma pedazos de aquí y allá que no logran articularse en una visión, en un modelo de configuración nacional por el cual apostar. Resulta irónico que el gran líder de las elecciones pasadas, el hombre capaz de inspirar a una nación después de los años de pesadilla de Bush, termine convertido en el político pragmático por excelencia.</p></div>
<p>Para su fortuna, en la vereda del frente las amenzas aún no parecen serias. En el partido republicano no han asomado alternativas capaces de seducir al país: Sarah Palin ha perdido el fuelle, Mitt Romney luce como un burócrata sin carisma, y los demás son enanos en una batalla que requiere de gigantes para triunfar. Tal como están las cosas, Obama no tiene mucho de qué preocuparse. Excepto, claro, de su legado, más bien borroso a estas alturas, pero, si el próximo año tiene éxito, ya tendrá tiempo para aquello).</p>
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