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Fotos: AgenciaUNO
Oficialismo llega a febrero con el divorcio sobre la mesa
Por ahora, nadie quiere firmar el acta de divorcio. Pero todos se están preparando para vivir separados. Van dos lunes sin comité político ampliado. Y el PS, más que partido, es hoy el territorio en disputa donde se juega el mapa de la futura oposición.
El calendario avanza y la mesa sigue vacía. Este lunes 2 de febrero podría volver el comité político ampliado en La Moneda, pero el antecedente inmediato no juega a favor: van dos lunes consecutivos sin esa reunión, en medio de un clima de desconfianza, reproches cruzados y conversaciones paralelas que hacen dudar a más de alguno de que la cita, esta vez, efectivamente se concrete.
En el Socialismo Democrático el ambiente es de inquietud. Fuentes del bloque comentan a El Mostrador que no ha existido convocatoria formal para el comité ampliado y que en palacio se habría instalado un temor práctico pero políticamente delicado: citar y que alguno de los presidentes de partido no llegue. La imagen de una silla vacía, admiten, hoy pesa más que la incomodidad de seguir postergando la reunión.
Desde el Gobierno, en cambio, la explicación es más prosaica. Se insiste en que la ausencia del comité responde a temas de agenda y que “se buscará la mejor fecha” para retomarlo. La semana pasada, por ejemplo, se argumentó que la instancia no se realizó debido a la reunión entre Álvaro Elizalde y Claudio Alvarado, para coordinar el cambio de mando. En el Socialismo Democrático confirman esa versión, pero agregan un matiz clave: el tiempo político se está acabando.
El reloj corriendo
El problema ya no es solo la falta de coordinación semanal, sino el horizonte inmediato. En la interna del progresismo crece el temor a que llegue el 11 de marzo sin que vuelva a realizarse un comité político ampliado, sellando de facto el final de la coalición de gobierno sin una conversación ordenada sobre lo que viene a futuro.
Y es que, puertas adentro, la mayoría coincide en que, desde el 11 de marzo en adelante, no habrá una oposición clara al nuevo Gobierno, sino otra cosa en construcción. Algunos le ponen nombre: dos oposiciones. En el Frente Amplio hablan derechamente de tres identidades —Socialismo Democrático, FA y PC— que se coordinarán caso a caso, sin una orgánica común.
El senador y presidente del PPD, Jaime Quintana, afirmó esta semana ante la prensa que a partir de marzo habrá “dos oposiciones” y criticó que el Gobierno “hace rato no se toma en serio el Comité Político Ampliado”.
“Cuántas oposiciones van a haber o cómo nos vamos a comportar va a depender del carácter del gobierno (de Kast)”, declaró también esta semana el secretario general del Frente Amplio, Andrés Couble.
El PS como pieza clave
Las últimas semanas han sido un vaivén. Por un lado, reuniones del Socialismo Democrático con la DC y otros partidos, sin el FA ni el PC, para perfilar un polo de centroizquierda. Por otro, llamados públicos a la unidad y encuentros discretos para recomponer relaciones, especialmente tras la escalada de tensiones por la Ley Naín-Retamal.
El PS quedó atrapado en el centro del conflicto: presionado por quienes quieren marcar distancia con la izquierda y, al mismo tiempo, cuestionado por aliados que temen que ese movimiento termine favoreciendo a la derecha. Desde el FA y el PC se insiste en la necesidad de coordinación, aunque no sin reproches. En la DC y el mundo del Socialismo Democrático, en tanto, varios advierten que no pueden quedar esperando indefinidamente a que el PS resuelva sus dilemas internos.
La escena que descolocó a medio sector fue el jueves en la tarde: Lautaro Carmona y Bárbara Figueroa, presidente y secretaria general del PC, saliendo de la sede del PS. Semanas antes, la timonel socialista Paulina Vodanovic había marcado distancia con los comunistas y el FA, suspendiendo su participación en instancias de coordinación y empujando reuniones con la DC y partidos del Socialismo Democrático sin ellos.
“El Partido Socialista es una izquierda leal, responsable y terminaremos la tarea. Como he dicho, hemos resuelto congelar la participación en las reuniones del Comité Político Ampliado y del cónclave, pero seguiremos trabajando y en materia legislativa cumpliremos con nuestra tarea y seguiremos impulsando y apoyando todos aquellos proyectos que son buenos para Chile, como los proyectos de seguridad, como los proyectos de crecimiento económico y todos los proyectos que tengan que ver con el bienestar de las personas”, dijo la senadora Paulina Vodanovic.
Tras debates internos —y varias señales públicas de incomodidad dentro de sus propias filas— Vodanovic optó por retomar contactos con el PC y el FA.
Desde la tienda presidida por Lautaro Carmona cuentan que el jueves se habló de convocar a un encuentro más amplio del progresismo a comienzos de marzo para coordinar posiciones frente al nuevo Congreso y al futuro gobierno.
El problema es que el PS no está discutiendo solo con sus socios. También está discutiendo consigo mismo.
Dirigentes de la centroizquierda describen un quiebre generacional nítido: senadores y parte de la dirigencia histórica son más proclives a tomar distancia del FA y el PC, mientras diputados más jóvenes resisten romper puentes con la izquierda. La reunión convocada por Vodanovic que excluyó a comunistas y frenteamplistas desató críticas públicas desde la propia bancada socialista.
Así, la pregunta dejó de ser solo qué oposición quiere el PS. Ahora también es qué PS se va a imponer.
La gran pregunta: cómo será Kast
Todo este reordenamiento ocurre con una incógnita que sobrevuela cada conversación: qué tipo de gobierno encabezará José Antonio Kast. En el progresismo se preguntan si se concretarán los retrocesos en derechos y libertades que han advertido durante la campaña, o si el nuevo gobierno se concentrará —al menos en los primeros años— en seguridad y gestión de la contingencia.
De esa respuesta dependerá buena parte del diseño opositor. Porque todos asumen que habrá que coordinar partidos y bancadas, pero nadie tiene claro todavía desde qué eje político ni con qué grado de unidad.
Por ahora, el dato duro es uno solo: dos lunes seguidos sin comité político ampliado y un tercero que asoma lleno de dudas.