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	<title>El Mostrador &#187; Iván Witker</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Huáscar: un trofeo escurridizo</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 06:41:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Las guerras tienen facetas simbólicas no sólo durante su ejecución, sino también de tipo ex post, reflejadas en los trofeos de las mismas. Trofeos que se materializan en el apoderamiento (saqueo o robo, si se quiere) de objetos de uso diverso, tanto militar como civil, o bien simplemente de piezas culturales de alto significado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tal cual ocurre cada cierto tiempo,  vivimos una suerte de apogeo de propuestas respecto al Huáscar. Lo curioso en este nuevo ciclo es que no sólo se escuchan las letanías de dejar de lado la “melancolía nacionalista”, y devolverlo sin más, o las ya consabidas propuestas de retenerlo “a cualquier precio, para no dar señales equívocas”. En esta oportunidad se han hecho presente otras iniciativas, algo fuera de lo común. Que sea hundido, que se le saque la mugre (sic) a quienes desean devolverlo a Lima, que la parte peruana reflote la Esmeralda y otras.</p>
<p>Resulta interesante apreciar en esto una relativa incapacidad de entender qué simboliza realmente el Huáscar. Porque debemos concordar que no estamos ni ante un monitor ni un blindado, sino ante un símbolo.</p>
<p>Una primera constatación que parece necesaria, es comprender que las guerras tienen facetas simbólicas no sólo durante su ejecución, sino también de tipo ex post, reflejadas en los trofeos de las mismas. Trofeos que se materializan en el apoderamiento (saqueo o robo, si se quiere) de objetos de uso diverso, tanto militar como civil, o bien simplemente de piezas culturales de alto significado. Por eso, Napoleón no sólo fue un gran conductor bélico, sino que también un gran organizador de acciones para obtener trofeos en territorios que hoy corresponden a Alemania, Italia, Holanda y Egipto. Y tuvo especial predilección por piezas culturales. Igual predilección se observó a lo largo del siglo XX. Tanto nazis como soviéticos tuvieron en sus respectivos ejércitos unidades especialmente adiestradas para apoderarse de tales trofeos.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Tampoco debe olvidarse que el Huáscar también sirvió en la  Armada chilena hasta 1897 y, tras cumplir un período como “reliquia  histórica”, se le dio desde comienzos de los 50 categoría “museográfica”  de alto nivel (reconocida internacionalmente), muy útil, no sólo para  generaciones de chilenos.</blockquote></div>
<p>Así entonces, tres unidades nazis (Rosenberg, Künsberg y Ahnenerbe), formaron parte de la llamada Kunstschutztruppe, bajo directa supervisión de Heinrich Himmler, se dedicaron a saquear bibliotecas, castillos, museos y colecciones privadas de arte, libros, joyas, archivos históricos, incunables y todo cuanto considerasen de interés, llevándoselos a territorio alemán. Famosa es la orden dada por el propio Hitler el 30 de junio de 1940 de apoderarse de todo tipo de bienes culturales en el ocupado Paris. Y, desde luego que fuera de toda duda, el mayor trofeo de la gran guerra fue la cámara de ámbar (regalo de Federico I al zar Pedro el Grande) saqueada por los nazis en el palacio de Catalina durante el sitio del entonces Leningrado.</p>
<p>No menos impetuosas fueron las “comisiones de trofeo”, bajo mando directo del estado mayor del ejército rojo de la URSS, que se apoderaron de todo cuanto encontraron de valor en su paso hacia Berlin, llevándoselo a Moscú. El mayor trofeo de los saqueos soviéticos fue la colección Schliemann, conocida como el Oro de Troya, que, por orden directa de Stalin, fue llevada en aviones especiales a Moscú, y mantenida por décadas en el museo Puschkin.  No en vano, el Tratado URSS-Alemania de 1990, que implicó una serie de arreglos geopolíticos en Europa, contempló acápites especiales para ver la situación jurídica de estos trofeos.</p>
<p>Desde hace algunas décadas se observa una tendencia global a poner acento en la supuesta necesidad moral que habría de devolver a los perdedores todo trofeo obtenido en conflictos armados. No deja de ser curioso constatar, que esta propuesta política surgió originalmente de un dictador africano, Mobutu Sese Seko, Presidente del entonces Zaire, el mismo que al igual que otros sátrapas africanos, fue acusado de canibalismo, tras su muerte. Sese Seko intervino ante la Asamblea General de la ONU en septiembre de 1973, reclamando como “derecho de los países del Tercer Mundo, la devolución de todo objeto robado durante el colonialismo y las guerras imperialistas”. Desde entonces, casi por un problema de remordimiento de conciencia, el tema comenzó a ser agendado por la UNESCO y cuanto organismo internacional quisiera aparecer a la “vanguardia de los derechos de los pueblos”. A inicios de los 80, Melina Mercouri, la actriz que asumió como ministra de Cultura del socialista Andreas Papandreu en Grecia, instaló con fuerza el tema de la devolución de grandes trofeos en el debate europeo, exigiendo al British Museum la devolución de todo cuanto oliera a civilización helénica. David Wilson, entonces director del British Museum le respondió algo que aún suena en esos pasillos: “Los países serios no pensamos en tales cosas”.</p>
<p>Y claro, los trofeos son elementos simbólicos cuya carga histórica no se entiende mediante simples declamaciones. Representan momentos extremos, de tan alto dramatismo, como es cualquier conflicto armado, que, independientemente del juicio que se tenga sobre los mismos, la pregunta real a hacerse, ante cada caso de reclamo, es a qué propósito político responde la iniciativa de devolver algún trofeo específico.</p>
<p>Una breve reseña de devoluciones indica que ninguna escapa al obvio principio <em>quid pro quo</em>; es decir, ¿qué se recibe a cambio? Restituir un trofeo debe situarse en un contexto político y jurídico. Proponer otra cosa es pensar –con una buena dosis de idealismo- que la historia puede ser enmendada de manera fácil, mediante un simple acto voluntarista o un decreto administrativo.</p>
<p>La restitución a los perdedores, de aquellos bienes obtenidos en guerras, es algo sumamente complejo, y, por eso, enturbia hasta hoy la relación entre varios países europeos (Rusia-Alemania, Polonia-Alemania, Polonia-Ucrania y otros).</p>
<p>Aún más, el valor simbólico de los trofeos lo han asumido incluso grupos terroristas. Un caso notable fue la sustracción de la espada de Bolívar de su casa museo en Bogotá en enero de 1974 por parte de un comando del M-19, que se inspiró en el robo de la bandera de Artigas por parte de un comando tupamaro, ocurrido previamente. La espada de Bolívar inició un periplo no menos simbólico; fue guardada por largo tiempo en un prostíbulo de Bogotá y luego llevada a casas de varios intelectuales simpatizantes del grupo para ser trasladada más tarde a Cuba. Desde ahí, el dirigente Antonio Navarro Wolff la llevó a Bogotá y la devolvió al Estado colombiano en 1991, como símbolo político del abandono de las acciones armadas. No la devolvió ni como gesto personal ni como regalo de un grupo de arrepentidos.</p>
<p>En situaciones de paz ocurre algo similar. Howard Carter descubrió la tumba de Tutankamón y Heinrich Schliemman hizo las primeras grandes excavaciones de Troya. Los resultados de ambas expediciones científicas se exhiben hoy fuera de los territorios desde donde fueron extraídos y cada cierto tiempo surgen voces reclamando la restitución a “sus legítimos dueños”. Claro, se puede discutir quiénes tendrían más derechos sobre tales objetos, pero pocas dudan caben que, si no hubiese sido por ellos, tales objetos podrían estar todavía enterrados o bien pasando de mano en mano en el mercado negro. Ni soñar con verlos en los museos de categoría como hoy están.</p>
<p>El tema del Huáscar no es distinto. Es un trofeo de guerra con alta carga simbólica, y debe ser tratado como tal. La experiencia de otras situaciones extremas y dramáticas indica que, en este caso, debe haber motivaciones muy fundamentales, con gran elaboración política y jurídica, para pensar en un cambio de destino. Tampoco debe olvidarse que el Huáscar también sirvió en la Armada chilena hasta 1897 y, tras cumplir un período como “reliquia histórica”, se le dio desde comienzos de los 50 categoría “museográfica” de alto nivel (reconocida internacionalmente), muy útil, no sólo para generaciones de chilenos. De manera, que, guardando las proporciones, es una pieza dotada de un cierto halo <em>carteriano o schliemanniano.</em></p>
<p>Por cierto que cabe preguntarse bajo qué condiciones sería pensable llegar a un acuerdo con Perú para darle a este trofeo un sentido binacional efectivo. Eso respondería más genuinamente a un espíritu constructivo entre los dos países y, además, se estaría en concordancia con la tendencia global de examinar con afán cooperativo aquellos elementos simbólicos que han sido parte de los conflictos armados.</p>
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		<title>Colombia-Venezuela: cuánto de crisis, cuánto de juego político</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 06:41:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
				<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Mundo]]></category>
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		<description><![CDATA[El hombre busca, desde hace ya varios meses, dar un “golpe de timón” en el enrarecido clima interno. Los medios  nos informan a diario de la tensa situación doméstica, que parece acercarse cada vez más a una convulsión; Lenin ya la habría calificado de “situación pre-revolucionaria”.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis desatada por Caracas en su relación con Colombia a propósito de una denuncia ante la OEA sobre campamentos de las FARC en suelo venezolano, obliga a reflexionar sobre ciertos aspectos de la retórica del Presidente Chávez y sus implicancias en la política regional, especialmente en lo relativo a la seguridad.</p>
<p>En efecto, a estas alturas ya muy pocos dudan que la violencia en Colombia sea producto de algo distinto a la alianza entre remanentes de las FARC y el ELN con el crimen organizado. En consecuencia, parece enteramente legítimo que el gobierno de aquel país pretenda reforzar la cooperación internacional en este punto de tanta conflictividad. Es algo que cualquier gobierno ante semejantes niveles de violencia, amén de cierto sentimiento de responsabilidad sobre su misión, haría.</p>
<p>Es en ese marco que la diplomacia colombiana resolvió entregar a los 32 países de la OEA antecedentes sobre una hipótesis bastante plausible. Que estos grupos tengan bases de apoyo en los países vecinos, específicamente en Venezuela. El embajador Luis Alfonso Hoyos señala en su informe que habría alrededor de 1.500 integrantes de las FARC y el ELN en varios campamentos a 23 kilómetros de la frontera, con nombres tales como: Bolivariano, Berta, Santrich, Ernesto y otros.  Incluso entrega  “evidencias” de que líderes guerrilleros como “Pablito” (ELN) y “Pablo Márquez” (FARC) estarían allí, y pide que se tomen medidas “urgentes y sin dilaciones”.</p>
<p>Sin embargo, la respuesta de Caracas resulta, a lo menos, curiosa. Ruptura de relaciones diplomáticas, movilización de efectivos militares, argumentación ad hominem sobre la decisión colombiana y una desmesurada teatralidad en los anuncios (Maradona incluido).</p>
<p>Desde luego que ningún analista ni político involucrado, o interesado en el caso, hubiese esperado respuestas inmediatas como exige la parte colombiana. En todo caso, sí un cierto nivel de interés en la materia planteada (toda vez que se trata de un país vecino e igualmente bolivariano), o bien alguna condena genérica a la violencia (se supone que el socialismo del siglo 21 aspira a la paz), o quizás alguna palabrita de buena crianza de esas que los diplomáticos diestros suelen usar para dilatar decisiones, o haber exteriorizado una opinión neutra que los políticos sagaces usan para desviar la atención. También se pudo haber esperado algún recurso sacado de un estudio comparado, o, por último, un malabarismo acrobático que desconcertara al denunciante. Pero nada de eso ocurrió.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Churchill decía que si alguien se cree volcán (y lo más probable es que Chávez sí se crea), lo menos que puede hacer es echar humo.</blockquote></div>
<p>El gran heredero de Cipriano Castro optó por una belicosidad sugerente y un poco fuera de contexto.  Entonces, cabe preguntarse, ¿qué razones habrá tenido? Algunas pistas podrían ser las siguientes:</p>
<p>Primero, es probable que busque trasladar una discrepancia político-diplomática al ámbito militar, donde se siente más seguro, al menos en cuanto a la retórica. Además, con relaciones diplomáticas rotas no hay límites en el lenguaje.</p>
<p>Segundo, ignorar por completo lo señalado en el informe Hoyos. La argumentación ad hominem le permite evitar referencias eidéticas y conceptuales, que lo llevarían a un territorio completamente desconocido. El hombre sabe que el pensamiento abstracto no es lo suyo y lo más probable es que, siguiendo su notable instinto, encuentre que la única manera de enfrentar la situación es descalificando todo y a todos. La descalificación brutal ya le ha redituado éxitos no menores en el pasado.</p>
<p>Tercero, la beligerancia retórica le permite retomar protagonismo, aunque sea momentáneamente, justo antes de unos importantes comicios y de grandes decisiones en el diferendo que mantiene con medios de comunicación, algo que le ha traído más de un dolor de cabeza en los últimos años. Por lo demás, aprovechar un desafío externo con fines domésticos es relativamente frecuente, especialmente en América Latina.</p>
<p>Cuarto, y quizás aquí esté la razón de tanta teatralidad, el hombre busca, desde hace ya varios meses, dar un “golpe de timón” en el enrarecido clima interno. Los medios  nos informan a diario de la tensa situación doméstica, que parece acercarse cada vez más a una convulsión; Lenin ya la habría calificado de “situación pre-revolucionaria”.</p>
<p>Ahora bien, la reacción de Chávez hay que comprenderla en el marco del delicado momento que vive la parte norte de Sudamérica. Delicado por los ajustes que traerá consigo la asunción del Presidente Santos en Colombia, tras un triunfo electoral cuya magnitud dejó más de un sorprendido y que le da un enorme espacio de maniobra.</p>
<p>En efecto, la democracia colombiana vive un momento de cierta complejidad con este tránsito de Uribe a Santos. Por un lado, la posible captura del líder de las FARC, Guillermo León Sanz (alias Alfonso Cano), dentro del escaso tiempo que le queda al Presidente Uribe, cambiaría el tenor de los desafíos que se le avecinan al Presidente Santos. Lo más probable es que la captura de Cano atomice definitivamente a las FARC, y con ello la relación colombo-venezolana debería tomar un curso distinto al actual. Por el contrario, si no se encuentra a Cano en las próximas semanas, ese desafío será heredado al Presidente Santos, lo que necesariamente atenuará las energías que éste quiere poner en un nuevo entendimiento regional; un interés que se visualiza en su apretada gira por México, Panamá, Chile, Perú y Argentina, y que parece del todo necesario. Si Cano cae, y si se logra remecer las estructuras multilaterales para que se clarifique de una vez por todas si las FARC utilizan o no suelo de países vecinos, las posibilidades que se le abren al Presidente Santos para ocupar con energía escenarios regionales no son menores.</p>
<p>Por eso, el actual diferendo debe verse de manera matizada. Tiene visos de crisis, sin duda. Que  llegue a entreveros armados, imposible de descartar a priori. Pero que ambos países opten por dirimir sus diferencias en las selvas y pantanos que cruzan sus límites, resulta casi imposible de concluir.</p>
<p>Churchill decía que si alguien se cree volcán (y lo más probable es que Chávez sí se crea), lo menos que puede hacer es echar humo. Puestas esas palabras en el caso que nos ocupa, la retórica con que ha contestado a esta necesidad colombiana de cambiar de capítulo en su historia de violencia interna, obedece, más que a afanes belicistas, a un nuevo juego político, donde los protagonistas ya han empezado a cambiar y el espacio para la política vociferante tiende a reducirse.</p>
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		<title>“Flotilla de la paz”, el costo político de las operaciones asimétricas</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Jun 2010 06:43:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El incidente elevará el prestigio de Hamas. Su rol de víctima se verá fortalecido. Su gobierno dirigido por Salam Fayad quedará ahora casi en igualdad de condiciones que su archi-enemigo, el de la OLP  de Mahmoud Abbas. La tarea de largo plazo que Washington, Moscú, Beijing y la UE estaban construyendo pacientemente en torno a hacer de Abbas el gran interlocutor palestino, aislando a Hamas, se verá obstaculizada al menos por un tiempo previsible.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El caso del navío turco “Marmora” y sus fallecidos activistas pro-paz a manos de comandos israelíes, no sólo debe ser visto como un capítulo más de la ya larga contienda árabe-israelí, sino, ante todo, como ejemplo del nuevo tipo de conflicto que tiende a consolidarse en el escenario mundial y que se caracteriza por la asimetría y la no convencionalidad.</p>
<p>En efecto, la “flotilla de la paz”, si bien cumplía con un propósito humanitario real  e indesmentible, simboliza la nueva forma de encarar un conflicto internacional cuando ya no parece posible resolverlo por vías convencionales, o sea por medio de un enfrentamiento horizontal, de igual  a igual. Ciertamente que están quienes creen que en los conflictos internacionales rara vez  se enfrentan bandos relativamente equivalentes. Sin embargo, la evidencia que emana de la mayoría de los conflictos post Guerra Fría, es que ahora, más que nunca antes, los bandos <em>débiles</em> encuentran formas de enfrentamiento relativamente exitosas frente a rivales<em> poderosos</em>.  Brzezinski la denomina, poder de la debilidad.</p>
<p>Ya la guerra entre Hizbollah e Israel (2006), y luego la Operación Plomo Fundido (2008) entregaron las primeras claves de esta profunda asimetría y no convencionalidad en que se encuentra inmerso el Medio Oriente.</p>
<p>Ahora, el incidente de la “flotilla de la paz” entrega otras. No es más que el símbolo comunicacional de uno de los actores relevantes, el Movimiento Gaza Libre, que intenta desde hace tres años, romper el bloqueo a que Israel tiene sometida la franja de Gaza (que según sus críticos contraviene el art.33 de la Convención de Ginebra). Para ello cuenta con el apoyo financiero de muchas ONGs, fundaciones y partidos políticos, que miran con simpatía esta vertiente más dura de la causa palestina representada por Hamas. El principal financista de ésta, la última expedición, abortada por la Marina israelí en alta mar, fue la Fundación para los Derechos Humanos y la Libertad (IHH), con asiento en Turquía, creada en 1995, para asistir humanitariamente a las víctimas musulmanas de la guerra en Bosnia. Sin embargo, un reciente estudio del Instituto Danés de Relaciones Internacionales (dirigido por Evan Kohlman) titulado “El rol de las instituciones de caridad islámicas en el reclutamiento y financiamiento de grupos terroristas” menciona a la IHH de estar involucrada en el apoyo encubierto de varios grupos que operan en el Medio Oriente. Como consecuencia de ello, el IHH fue declarado ilegal en Israel ya en 2008. Inclusive, el representante de IHH en Gaza, Izzet Sahin fue arrestado hace pocas semanas por transferir grandes sumas de dinero a  filiales de Hamas. Aunque el Movimiento Gaza Libre ha organizado ya varias expediciones del tipo “flotilla de la libertad”, desde agosto de 2008 a la fecha, ésta última, la de mayo de 2010, estaba destinada a constituirse en una prueba de fuerza importante con Tel Aviv. La muy dura posición anti-israelí adoptada por el gobierno turco de Recep Erdogan, reflejada en varios altercados en público y rupturas indisimuladas, brindó energía extra a IHH para preparar esta expedición y alcanzar el máximo de visibilidad mediática. Esta última “flotilla de la paz” estaba inserta en dicho quiebre regional, cuyas repercusiones geopolíticas son aún difíciles de establecer. Y es que Israel y Turquía (pieza clave de la OTAN) fueron desde los 80 algo más que amigos; fueron cuasi aliados. Ambos se enfrentaban a Siria, país que daba refugio a los grupos  kurdos y de Hamas, y tenían, además, una estrecha cooperación a nivel de FF.AA. y de sus respectivas industrias militares.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Estas expediciones humanitarias, por su inserción en un conflicto asimétrico y no convencional tan profundo, iban a explotar tarde o temprano. Por su misma naturaleza estaban destinadas a llegar a un choque final.</blockquote></div>
<p>Dada la complejidad del contexto, cabe preguntarse entonces, ¿pudo haber reaccionado de otra manera Israel ante esta expedición humanitaria? Lógico. Una primera opción fue haber detenido la flotilla, sometiéndola a inspección, y luego tomar una decisión sobre su ruta definitiva. Una segunda opción, simplemente haber dejado pasar el convoy entero, ya que si hubiese sido usado para un traslado masivo de armas, la seguridad israelí lo habría detectado. La versión oficial israelí dice que fueron encontradas armas livianas y pistolas.  Entonces, cuesta entender que una unidad de elite, como es la Shayetet 6, no haya sido capaz de contener una turba equipada con armas cortas, y que, si seguimos la versión oficial israelí, haya sido víctima incluso de robos de armas a bordo por parte de activistas que, en cualquier caso, no tienen preparación militar equivalente.  Luego, el haber efectuado esta operación en aguas internacionales, con tal cantidad de muertos, tendrá repercusiones negativas para la imagen de Israel y durante un  tiempo largo.</p>
<p>En rigor, las aguas internacionales son de libre circulación y nadie tiene jurisdicción sobre ellas, por lo que apelar al derecho de autodefensa es de difícil argumentación; ¿cómo podrá explicar Tel Aviv una operación mar adentro en circunstancias que sus propias normas disponen un bloqueo en torno a Gaza que no va más de 20 millas náuticas?.Y, desde luego, que el deterioro de las ya desgastadas  relaciones con Turquía sólo puede agravar el cuadro regional, dado el vasto arco de influencia que tiene Ankara.</p>
<p>Estas expediciones<em> humanitarias</em>, por su inserción en un conflicto asimétrico y no convencional tan profundo, iban a explotar tarde o temprano. Por su misma naturaleza estaban destinadas a llegar a un choque final, incluso por alguna cuestión nimia. Por ejemplo, el cemento. Un material que el 80 % del millón y medio de palestinos que vive en Gaza necesita de manera urgente para (re)construir sus casas (hay 21 mil casas que necesitan ser reparadas), pero que ha sido priorizado por los milicianos de Hamas para fabricar casi 400 túneles hacia Egipto y hacia el propio Israel. Sea para el contrabando de armas, o para lanzar sus  Qassam contra blancos civiles en Israel. Por eso, su ingreso <em>humanitario</em> a Gaza está prohibido.</p>
<p>Es justamente la asimetría y el no convencionalismo lo que provoca estupor, pero también reacciones que sintetiza esa cínica expresión “uso desproporcionado de la fuerza”. Como si la destrucción material o muerte de un ser humano cometida con un arma rudimentaria fuera menor a la de una de alta tecnología.</p>
<p>En este caso concreto, la tragedia se hizo inevitable desde ambos lados. Si de ayuda humanitaria en estricto sentido se hubiese tratado, los activistas podrían haber utilizado los canales habituales: Cruz Roja, ONU, etc. Incluso pudieron haber utilizado el puerto sugerido por las autoridades israelíes, el de Ashdod. Pero eso no iba  a ocurrir precisamente por tratarse de un conflicto asimétrico y no convencional, donde lo estrictamente humanitario es marginal.</p>
<p>El incidente elevará el prestigio de Hamas. Su rol de víctima se verá fortalecido. Su gobierno dirigido por Salam Fayad quedará ahora casi en igualdad de condiciones que su archi-enemigo, el de la OLP  de Mahmoud Abbas. La tarea de largo plazo que Washington, Moscú, Beijing y la UE estaban construyendo pacientemente en torno a hacer de Abbas el gran interlocutor palestino, aislando a Hamas, se verá obstaculizada al menos por un tiempo previsible.</p>
<p>En este tipo de conflictos, como lo demostró la guerra Israel/ Hizbollah y luego la operación Plomo Fundido, la fuerza claramente no asegura la victoria.</p>
<p><em>*Ivan Witker, profesor Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos, ANEPE.</em></p>
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		<title>Cuba: legados sólidos, legados líquidos</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Mar 2010 06:41:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Incongruente con las ágiles demandas de la sociedad de la información, con las tendencias irreversibles hacia el individualismo y los deseos de libertad. Por lo mismo, esa elite, pese a su opción por el pragmatismo, no logró entender a la disidente blogera. El propio líder máximo ha reconocido que rara vez se ha sentado ante un computador.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Sorprendente resulta comprobar lo vasto de la devaluación que sufre por estos días el experimento colectivista cubano. Hasta hace escasos meses parecía seguir siendo enormemente motivante visitar en su lecho de enfermo, o bien rendir sentidos <em>homages,</em> al máximo líder.</p>
<p>Pero hoy día hasta los más fanáticos reconocen dificultades con el respeto a los derechos de los individuos, la existencia de censura a la actividad informativa y se observa una no disimulada insatisfacción con el funcionamiento de la economía. Especialmente difícil –aseguran los melancólicos admiradores de la <em>trayectoria revolucionaria</em>- es defender la legitimidad del gobierno ante la ausencia de elecciones democráticas. La represión a la disidencia, en plena era de internet, ha devenido en una verdadera cereza sobre el postre. Ese país, que embrujó a generaciones durante décadas se ha transformado en un reflejo de barbarie. ¿Cómo pudo suceder esto?</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> El experimento de los hermanos Castro provocó una brecha entre  blancos y negros, inédita en el contexto latinoamericano.</blockquote></div>
<p>Primero, por la incapacidad de su actual presidente para renovar las elites del país, lo que ha dejado de manifiesto una personalización del régimen superior a la de sus equivalentes más próximos -Corea del Norte y Libia- los cuales sí encontraron fórmulas de re-generación por vía filial. En este sentido, el modelo de los hermanos Castro demostró particularidades muy fuertes respecto a otros socialismos, donde la verticalidad del régimen tenía un carácter tricéfalo, bastante despersonalizado  (partido, FF.AA. y aparatos de seguridad). Los chinos inclusive descubrieron una fórmula más innovadora, la <em>inner party democracy</em>, que vehiculiza sucesiones no traumáticas a la cabeza de los máximos órganos de poder en este tipo de regímenes.</p>
<p>Segundo, por la anomalía con las grandes tendencias del mundo moderno. Todos los escenarios post Castro colisionan con la idea de democracia. Y, lo que es peor, son percibidos como poco benignos, cuando no decididamente malos, para futuros proyectos de la izquierda; por eso la devaluación ante sus congéneres y amigos.</p>
<p>Cualquier líder <em>progresista </em>(incluso de segundo rango) entiende que en un ambiente internacional dominado por los medios de prensa y proclive a acrecentar los márgenes de libertad, el verse asociado a regímenes altamente personalizados y esclerotizados es dañino y poco rentable. Resulta a lo menos curioso que los dos países  más cálidos para los autoproclamados <em>progresistas</em> son los únicos del hemisferio gobernados por militares.</p>
<p>Ante la inminencia de la disgregación, parece pertinente echar una mirada <em>ex ante</em> al legado de estos 50 años, toda vez que las marcadas particularidades anticipan dos tipos de éstos, que, parafreaseando a Zigmunt Bauman, se pueden definir como legados líquidos y aquellos sólidos. Los primeros son los de rápida difuminación y reemplazo por una dinámica apabullante en favor del libre mercado, tal cual ocurrió en Europa central y oriental. Como dijo el primer ministro estonio en ENADE hace dos años: “Ante cada problema pensábamos cómo lo haría un comunista y optábamos por hacer justo lo contrario”. En cambio, los legados sólidos son aquellos que por su naturaleza misma desatarán profundos debates. Entre estos últimos se visualizan los siguientes.</p>
<p>Legado difuso en materias políticas. Tras el fin de la Guerra Fría, La Habana perdió gravitación en los asuntos globales debiendo retirarse de África, amén de quedar sin sus grandes aliados en el Viejo Continente. Desde entonces concentró sus maltrechas energías en el hemisferio. El colapso del régimen parecía cuestión de días, pero el destino quiso que una potencia petrolera, como Venezuela, apareciera en su horizonte con un bolsillo generoso.  Sin embargo, el shock de 1990 llevó al régimen a un pragmatismo impensado. Se invitó (y luego visitó) al Papa, se reconoció a los gobiernos de la región buscando comercio y diálogo político. Rápidamente, aquellos indóciles y desgarbados guerrilleros cambiaron sus atuendos, su vocabulario y ademanes. Del caótico “territorio libre de América”, sumido en la <em>pasión credal</em> de la revolución, apareció en los 90 el estado cubano, preocupado por las formas, las instituciones y por introducir un mínimo de racionalidad económica. Pero así como la idea de la revolución, corporizada en los hermanos Castro y en Guevara, tuvo sus décadas doradas en los 60, 70 y 80, la reconstitución del Estado en forma ocurrió fuera de época, bajo la fosilizante dinámica del sedentarismo mental. Es decir, incongruente con las ágiles demandas de la sociedad de la información, con las tendencias irreversibles hacia el individualismo y los deseos de libertad. Por lo mismo, esa elite, pese a su opción por el pragmatismo, no logró entender a la disidente blogera. El propio líder máximo ha reconocido que rara vez se ha sentado ante un computador.  La opción por el pragmatismo tampoco impidió que jóvenes y profesionales sigan emigrando masivamente en busca de sociedades que respeten sus derechos individuales.  Y, desde luego, que la actitud del gobierno frente a los presos de conciencia confirma los padecimientos denunciados desde hace años. Recordemos que el propio Fidel Castro escribió su famoso opúsculo “La Historia me absolverá” en la cárcel (en la vieja Remington familiar ingresada al penal, autorizado por jueces y guardias).  Y nadie podría desmentir, que la justicia de aquellos años, dominada por Batista (de por sí anacrónica para nuestros códigos), le permitió defenderse judicialmente.</p>
<p>Legado explosivo en materia racial. El experimento de los hermanos Castro provocó una brecha entre blancos y negros, inédita en el contexto latinoamericano. No sólo la amplia mayoría de quienes emigran al extranjero es racialmente blanca. También lo es la composición de la elite política (ministros, embajadores, generales, gerentes de las grandes empresas). Todas las cifras de orden socioeconómico muestran una gran marginalidad de la población negra. Dicho cuadro, con contornos de apartheid, contiene elementos sumamente combustibles e indican que la violencia post régimen estará dada en lo básico por una lucha a favor de derechos civiles.</p>
<p>Legado de fragilidad extrema en materias económicas. La economía nunca logró en 40 años superar los problemas energéticos y ha permanecido en estado de dependencia absoluta de subvenciones externas (URSS, Angola, Venezuela). Esto afianzará necesariamente las posiciones pro-mercado.</p>
<p>Legado peligroso en el ámbito demográfico. La población cubana envejece, no sólo producto de una mayor expectativa de vida y baja natalidad, sino principalmente de las masivas migraciones, lo que está alterando las tendencias evolutivas naturales. Resulta ocioso profundizar en el impacto que este problema tiene sobre la población económicamente activa, así como sobre otras externalidades.</p>
<p>En síntesis, legados sólidos y legados líquidos que abren escenarios tan complejos como imprevisibles.  El gran desafío de los organismos multilaterales, de los gobiernos interesados y de los estadounidenses (y, quien sabe, quizás hasta de una operación de paz), será deflectar presiones. Estas provendrán tanto de las fuerzas que estarán compitiendo por la hegemonía como de los demonios y fantasmas nacidos estos últimos 40 años.</p>
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		<title>Qué tan importantes son las FF.AA.</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Mar 2010 05:49:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Defensa]]></category>
		<category><![CDATA[Fuerzas Armadas]]></category>
		<category><![CDATA[Terremoto en Chile]]></category>

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		<description><![CDATA[La evidencia apunta a concebir a las FF.AA. como un componente central de la acción y proyección del Estado, especialmente en situaciones de emergencia, sea en tiempos de paz o de guerra.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong> </strong></p>
<p>Esta es una pregunta que se han planteado desde siempre las diversas sociedades y las respuestas son muy disímiles. Están aquellos que las creen necesarias <em>per se</em>, y otros, ubicados en las antípodas, que no ahorran epítetos en su contra. En los ambientes académicos, especialmente desde el final de la Guerra Fría, se han trabajado cuestiones más precisas, que bien pueden ser sintetizadas en la duda, ¿para qué son importantes. No son pocas las corrientes de pensamiento que argumentan incluso a favor de su disolución. A raíz de la catástrofe natural ocurrida en nuestro país, bien vale profundizar en el tema, y reflexionar acerca de qué son las FF.AA. y de qué forma son útiles a la acción del Estado.</p>
<p>La defensa y seguridad estatales no son funciones que -al menos por un lapso previsible- se puedan privatizar y, por lo mismo, están íntimamente ligadas a los intereses nacionales, cuyas definiciones son por esencia políticas. Luego, éstas deben ajustarse a criterios objetivos del escenario donde sirven, es decir deben adecuarse a las dimensiones y características del país y a la situación geopolítica de éste. Por eso resulta una liviandad estimar <em>a priori</em> que las FF.AA. estén sobredimensionadas en algunos de sus aspectos o estén incurriendo en gastos innecesarios.  Un país adquiere la cantidad y calidad de equipamiento, y establece las características de sus FF.AA., únicamente en función de los parámetros mencionados, es decir de sus necesidades y sus posibilidades.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> La evidencia apunta a concebir a las FF.AA. como un componente central de la acción y proyección del Estado, especialmente en situaciones de emergencia, sea en tiempos de paz o de guerra.</blockquote></div>
<p>El desastre natural vivido por el país, unido al clamor de despliegue de sus FF.AA., deja algunas lecciones a considerar. Cierto, el despliegue rápido, incisivo y fulminante en situaciones de guerra o alta conflictividad, es muy deseable. Sin embargo, ha quedado en evidencia la necesidad de que nuestras FF .AA. sean modernizadas para atender también grandes catástrofes. De hecho, al menos en nuestro país, éstas son más frecuentes que las guerras y los conflictos violentos. ¿Quién podría negar hoy que las FF.AA. deben tener más hospitales de campaña, más puentes mecanos, y comunicaciones del más alto estándar? Un punto a meditar es qué hacer ante una catástrofe similar a la ocurrida, pero ya no en una zona accesible como es el centro del país, sino en zonas extremas. O bien, ¿qué hubiese ocurrido si la catástrofe hubiese sido directamente en Santiago?</p>
<p>La experiencia de los países que han eliminado, o reducido drásticamente las funciones y capacidades de sus FF.AA., es más bien negativa. Y cuando no lo es, se trata de situaciones demasiado específicas.</p>
<p>En efecto, de los 21 países sin FF.AA., la mayoría delega su defensa y seguridad en potencias centrales que les proveen tales bienes. Pero convengamos que se trata de naciones más bien pequeñas, que juegan roles claramente marginales en la vida política y comercial internacional. Algo que no corresponde a la realidad ni aspiraciones de los chilenos. ¿En quién podríamos delegarlas y quedarnos tranquilos?</p>
<p>Así entonces, están los casos de Panamá, que si bien abolió sus FF.AA. en 1994, dispone de una serie de dispositivos armados  disuasivos (policía, servicio de fronteras y otro aeronaval) y ha firmado acuerdos de defensa con EE.UU. con instalaciones  <em>ad hoc</em> en varias islas (Chapera, Rambalá y otras), amén de los importantes ejercicios multinacionales Panamax. Luego, varios micro-estados caribeños como Barbados, Dominica y Grenada tienen unidades policiales y semi-militares para emergencias y su defensa externa la han delegado en un sistema regional caribeño cuyo apoyo central es igualmente EE.UU.  Un caso dramático es el de Haití, que disolvió sus FF.AA. en 1995 tras una operación de paz que instaló en el gobierno a Bertrand Aristide, trasladándose los asuntos de seguridad a una milicia personal del Presidente, llamada Chimeres, cuyos estropicios demandaron una nueva operación de paz.  Suele citarse como exitoso el caso de Costa Rica, que abolió sus FF.AA. en 1949 tras una sangrienta guerra civil, pero se deja en el aire que ese país dispone de una Guardia Civil, una Guardia Rural, un Servicio de Vigilancia Marítimo, y una Unidad de Vigilancia Aérea, todas con capacidad de fuego y entrenamiento superior a la de muchos países, al punto que logró salir airoso de la grave desestabilización regional de los 80. Costa Rica dedica el 0,5% de su PIB a gastos en Defensa.</p>
<p>En Europa los casos más interesantes son Islandia, que no tiene ejército desde 1859, pero es miembro de la OTAN; incluso hasta 2006 había emplazada en el país una sofisticada base aeronaval estadounidense. San Marino ha delegado su defensa externa en Italia, mientras que Andorra la ha entregado históricamente (por muchos siglos) a Francia y España. Francia es también responsable de la seguridad de Mónaco.</p>
<p>Países diminutos del Pacífico han tomado decisiones análogas. Kiribati, Tuvalú, Micronesia y Palao poseen guardia costera y han firmado un acuerdo con EE.UU., Naurú otro con Australia, y Samoa con Nueva Zelandia.</p>
<p>Un caso muy relevante para entender lo que puede pasar si un país no moderniza (operacional  y doctrinariamente) a sus FF.AA. es el Líbano, cuya élite en los 70 se dejó llevar por la confianza que suele inspirar la prosperidad económica sostenida durante varios años y no examinó adecuadamente las funestas consecuencias que iba a tener para su propia seguridad el hacer caso omiso del deterioro de su entorno geopolítico.</p>
<p>En síntesis, la evidencia apunta a concebir a las FF.AA. como un componente central de la acción y proyección del Estado, especialmente en situaciones de emergencia, sea en tiempos de paz o de guerra. Aún más, el conocimiento de los temas de defensa y seguridad, así como la voluntad a usar de manera normal todos sus instrumentos, parece ser esencial para las democracias modernas.</p>
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		<title>Cealc: ¿horizonte de expectativas o simple zona de experiencia?</title>
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		<pubDate>Thu, 25 Feb 2010 05:41:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Cealc]]></category>
		<category><![CDATA[Integración Regional]]></category>

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		<description><![CDATA[Aunque cada intento de crear un nuevo organismo sea prodigado con palabras de ternura, o arrebatos mesiánicos, la verdad es que son escasos los que se consolidan. Ahora se nos obsequia la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Cealc). ¿Nuevo foro de conversación?, podría ser. ¿Nueva instancia de colaboración entre nosotros?, podría ser. ¿Entidad que nos identifique ante el mundo?, difícil.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Pocas regiones del mundo pueden exhibir tal variedad de organismos de “integración” como América Latina. Variedad en cantidad, mas no en calidad. Lo que evidencian los números en materia de integración regional, en realidad, no tiene reflejo en la consolidación de los organismos ya creados.</p>
<p>Aunque cada intento sea prodigado con palabras de ternura, o arrebatos mesiánicos, la verdad es que son escasos los que se consolidan. Ahora se nos obsequia la Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe (Cealc). ¿Nuevo foro de conversación?, podría ser. ¿Nueva instancia de colaboración entre nosotros?, podría ser. ¿Entidad que nos identifique ante el mundo?, difícil.</p>
<p>Los números indican a lo menos dos patologías regionales: no sentirse satisfecho con lo conseguido y una desconfianza infinita en el otro. Paradójico.  Muchos son los que sostienen, con dejo de orgullo, que la gran característica de los latinoamericanos sería saber captar la otredad; atender los particularismos.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> No pareciera haber razones para seguir fundando organismos, entidades y uniones que no pasan de lo declarativo. Varios ni siquiera llegaron a un <em>corpus iuris</em>. Por fortuna, añádase que la Cealc se ve harto inofensiva.</blockquote></div>
<p>Sin embargo, la evidencia que emana de la recientemente creada Cealc apunta más bien a mostrar nuevas grietas en la ya avanzada fragmentación regional. Y la puesta en escena no pudo ser más elocuente. Las amenazas entre los contertulios debieron ser calmadas por un comandante que no goza, precisamente, de fama de hombre pacífico ni menos de blandengue. ¿No estamos en un encuentro de unidad?, preguntó algo azorado.</p>
<p>Más allá de la anécdota, es preocupante este curso de colisión múltiple que ha tomado la región. No porque en las riñas vayamos a perder amigos, ni se vaya a dilapidar aún más tiempo y energía en la lucha contra la pobreza y el subdesarrollo (ya de por sí grave), sino porque parece que en esta región, asociado a las patologías, se ha perdido una noción muy elemental, cual es que el sistema internacional tiene dos rasgos inalterables: el carácter obligatorio de la interacción con los demás, más allá de la voluntad individual, y la imposibilidad de cambiar la localización geográfica.</p>
<p>Por lo mismo la Cealc y todas las propuestas “integracionistas” futuras, no pueden sino ser asumidas con una importante dosis de pragmatismo. Una actitud muy necesaria, que pasa por dejar de lado al menos tres grandes tentaciones, que a veces se presentan concatenadamente, al maximalismo, al moralismo y a la ideologización. Cada una de estas tentaciones encierra el peligro real de verse envuelto en dimes y diretes ajenos, en peleas estériles y embrollos de toda naturaleza.</p>
<p>Maximalista, en ninguna dirección. Los sistemas políticos no son un artículo de exportación y la evidencia demuestra que, cuando se ha intentado –en la dirección que sea- termina en fiascos intervencionistas o en conductas que más tarde son vilipendiadas.</p>
<p>Moralista, en ningún sentido. Escarbar donde no se debe, salvo para entender contextos, sólo ocasiona malos entendidos. Y en ciertos casos aislamiento. Erguirse como potencia moral tiene pésimos precedentes en la región. La que más se recuerda en los estudios internacionales es la famosa doctrina Betancourt, impulsada por el socialdemócrata presidente venezolano, Rómulo Betancourt, quien actualizó la -menos famosa- doctrina Tobar de inicios del siglo XX (por lo tanto tampoco algo muy nuevo) y que propugnaba aislar a los regímenes no democráticos, rompiendo relaciones diplomáticas. Acérrimo moralista, Betancourt llevó a su propio país al aislamiento, producto de la realidad circundante. Cortó relaciones con: España, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Guatemala, Haití, Argentina y Perú.</p>
<p>Ideologizada, es el camino al anacronismo total. Basta ver que la propia Cuba viene saliendo de estos males. Tras 40 años de arar en el desierto (o en el mar, si se prefiere), los evidentes visos de pragmatismo en la política exterior de Cuba hoy, son explícitos de las lecciones extraídas por sus tomadores de decisión, que traumatizaron a su sociedad llevando grandes revelaciones socialistas a exóticos países africanos y asiáticos, entre otros. Ello aparte de los daños a la economía.</p>
<p>Luego, existen en la región otras variedades de no-realismo, tan nocivas como las anteriores. Una de ellas es la política exterior predicadora. Hoy está de moda predicar la colaboración Sur-Sur, un resabio del viejo tercermundismo. Las prédicas en lo internacional suelen desatar desmesuras verbales y prácticas, obligando a las instituciones a actuar como diques de contención. El peligro que encierran las prédicas es la distorsión que ejercen sobre la definición de imperativos estratégicos e intereses. Recordados son los extravíos tercermundistas del presidente mexicano Luis Echeverría en los 70, cuando puso como tarea prioritaria de su diplomacia obtener, para él, la Secretaría General de la ONU y/o el Premio Nobel de la Paz.</p>
<p>Es interesante comprobar que mucho del espíritu echeverrista pervive en ese grupo tan variopinto que creó la Cealc. Fue justamente este predicador, junto a un maximalista por excelencia, el presidente venezolano, Carlos Andrés Pérez quienes dieron vida al SELA, el Sistema Económico Latinoamericano que albergaba a varias empresas multinacionales (Namucar y otras), concebidas, desde luego, para liberar a la región del yugo financiero internacional.</p>
<p>Los hados fueron crueles con estos dos pro-hombres de una integración que buscó, ya en los 70, dejar fuera a EEUU y Canadá. Hoy, ambos vilipendiados en sus respectivos países, no tuvieron ni un mísero recuerdo en la Riviera maya. Pero no debe extrañar. Y es que partes de la patología descrita son la adicción fundacional (todo lo existente es imperfecto y desechable, hay que crear algo nuevo), así como cierta esclerosis. Aunque están los que creen que, en realidad, se padece una dosis importante de ignorancia. Puesto en términos de la Grecia antigua, los tomadores de decisión practican la hamartia, errores fatales inducidos por la ignorancia.</p>
<p>Visto en ese contexto, no pareciera haber razones para seguir fundando organismos, entidades y uniones que no pasan de lo declarativo. Varios ni siquiera llegaron a un <em>corpus iuris</em>. Por fortuna, añádase que la Cealc se ve harto inofensiva.</p>
<p>Los abrazos en la Riviera maya no dieron mayores luces sobre el destino común que tendría la región a partir de ahora. Una primera aproximación, en todo caso, confirma que por estos lares seguimos dominados por los ingenios agudos, las picardías litigiosas y una verborrea a mares (que ya una vez sacó de quicio a un estoico rey), aparte de un temperamento pendenciero, realmente a toda prueba. Lo nuevo quizás fue el caballeroso llamado al orden hecho por ese octogenario comandante.</p>
<p>Esa es la encrucijada del momento. No otra. La  Cealc es reflejo de lo descrito y por eso no tendrá larga vida. Será devorada por sus propias estridencias. El sosiego y la perspectiva histórica –siempre buenas consejeras- indican que se le debe tener como simple espacio de experiencias.</p>
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		<title>Brasil-Honduras: un Gulliver frustrado</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 05:25:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Brasil]]></category>
		<category><![CDATA[Honduras]]></category>
		<category><![CDATA[Lula da Silva]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Zelaya]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Micheletti]]></category>

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		<description><![CDATA[Tampoco un historiador de las relaciones internacionales encontrará fácilmente en la política exterior de Brasil un episodio tan marginal como éste, y que haya tenido a sus tomadores de decisión tan en ascuas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Una pelea propia de Los Viajes de Gulliver de Jonathan Swift -entre liliputanos y blefuscuences-, esta vez en Tegucigalpa, parece estar convirtiéndose en el primer rayón de pintura que tiene ese aspirante a gigante llamado Brasil.</p>
<p>Su errático manejo del caso Zelaya-Micheletti amenaza con empañar gravemente el vasto reconocimiento obtenido en los últimos años por ese país en el plano internacional, y que le ha valido, entre otros, integrarse al BRIC, junto a los grandes emergentes del mundo de hoy, India, Rusia y China, o bien al admirado G-20.</p>
<p>Pero Zelaya y Micheletti –un liliputano y un blefuscuence- han conseguido dejar al descubierto falencias muy relevantes. Y es que el Gulliver sudamericano parece no haber desarrollado suficientemente aún esa conciencia e instinto, <em>sine qua non</em> de cada potencia, característicos de todo gran actor del sistema internacional –de cada estado pivotal como lo denomina Brzezinski- para estar dispuesto a lidiar con problemas grandes, chicos y medianos en cualquier parte del globo; y muchas veces de manera simultánea. Y convengamos que Honduras es un problema chico. Y más aún, dentro del hemisferio.</p>
<p>Transcurridos varios meses de ese sainete protagonizado por Zelaya y Micheletti, con sus respectivos socios y adláteres, parece evidente que ambos han enredado a la diplomacia brasileña de una manera tal, que ni el más agudo politólogo hubiese podido avizorar. Tampoco un historiador de las relaciones internacionales encontrará fácilmente en la política exterior de Brasil un episodio tan marginal como éste, y que haya tenido a sus tomadores de decisión tan en ascuas. De hecho, Clodoaldo Bueno, el gran historiador de la política exterior brasileña no menciona casos análogos en sus principales obras.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Tampoco un historiador de las relaciones internacionales encontrará fácilmente en la política exterior de Brasil un episodio tan marginal como éste, y que haya tenido a sus tomadores de decisión tan en ascuas.</blockquote></div>
<p>En Tegucigalpa, Itamaraty no sólo fue sorprendido con el intempestivo ingreso del hombre del sombrero a su embajada, sino que cada día ha ido quedando en evidencia una asombrosa perplejidad debido a una situación que no evoluciona como esperaba. Lo que ha rebasado todo lo imaginable es el episodio del avión  mexicano, solicitado de conjunto con Argentina.</p>
<p>En el fracaso de esa operación subyace la terrible realidad de que Itamaraty jamás imaginó estar como hoy, donde el grande va a la zaga. Verse superados por la picardía y el doble juego, tan presentes en el caso hondureño, ha sido un golpe al ego institucional. A ojos de cualquier observador, parece un Gulliver estupefacto ante su nula incidencia en un submundo de enanos. Inmensamente revelador de su desazón es la petición de que, ante la realidad –tan insoslayable como siempre- el depuesto mandatario se tome la molestia de abandonar la legación a fines de enero. Habrá que ver si tan magnánimo gesto será correspondido en el futuro con alguna palabra de deferencia o agradecimiento. A simple vista, se ve difícil. Zelaya gusta de la teatralidad y la grandilocuencia, vive con fuerza cada momento, y aunque es algo atarantado en sus decisiones, en el fondo es un jugador de póker, que sabe muy bien lanzar sus cartas.</p>
<p>Claro. Podría argumentarse que este problema, Itamaraty no lo buscó, o que no es prioritario en la agenda externa. Podría ser. Pero lo que definitivamente no calza es que un país de tales dimensiones, y especialmente de tales aspiraciones, no haya resuelto el caso de manera satisfactoria para sus propios intereses y en un lapso relativamente breve, acorde al tamaño del problema planteado. Por añadidura debe tenerse en consideración que el caso Zelaya-Micheletti es, en lo fundamental, un asunto político relativamente pacífico, sin las dosis de sangre y violencia que deben enfrentar países similares. Una simple oteada a sus socios del BRIC da una idea de los avernos que viven potencias de esos rangos. Un vistazo a la India, con el cual comparte además la legítima aspiración a un sillón en el Consejo de Seguridad de la ONU, siempre es útil. No está demás recordar que los miembros de éste se ganaron el derecho a estar allí en el campo de batalla; ninguno fue invitado. Lamentablemente, en la pequeña Honduras, el Gulliver regional no ha sido incapaz de indicar por dónde deben partirse los huevos.</p>
<p>Este caso ilustra además lo erróneo de ciertas apreciaciones teóricas en orden a que los Estados son actores poderosos o débiles según lo determinen sus capacidades estructurales. Ciertamente que países con instituciones sólidas y convicciones profundas sobre su lugar en el mundo son la base de la proyección de poder, pero la evidencia apunta –con cierta porfía- a la naturaleza humana, como elemento clave. Esta sigue siendo inmensamente poderosa en el proceso de toma de decisiones. Por eso no basta con decir que se trata de un “compromiso con la democracia”. Al día de hoy, esa es un recurso retórico vago y demasiado elemental. Hoy existen varios tipos de democracia. Por eso, y no por simple “extravío metafísico”, se han desarrollado criterios de medición y se le estudia como un proceso. Ergo, si se busca jugar un rol de mediador, de negociador, de puente, de conexión –o como quiera llamársele- una de las condicionantes del éxito es indicar qué se promueve.</p>
<p>Las falencias aludidas en el caso Zelaya-Micheletti serán motivo de estudio en los próximos meses y años. Pero se puede adelantar que dejan de manifiesto, que los tomadores de decisión de una potencia interviniente deben estar en condiciones de medir las subjetividades propias del acontecer político; por lo menos las más fundamentales. Cómo actuar, por dónde presionar, cómo calibrar las reacciones ante movimientos sutiles y otros no tanto, cómo adentrarse en los imaginarios de los demás actores y cómo conocer los sótanos y cañerías de desagüe de los Estados. Ese algo que ocupa y desvela día a día a los aparatos diplomáticos, de defensa y seguridad de las potencias. Asuntos que los países chicos y marginales son incapaces de comprender.</p>
<p>Por lo mismo, mientras no se tenga como punto de partida aquello que Bloch llamaba la “simultaneidad de lo no contemporáneo” (situaciones incongruentes que proceden de épocas diversas), no se entenderá lo que ocurre en Honduras. Y si un Gulliver acepta inmiscuirse en los submundos liliputanos, debe ser capaz de fijar sus parámetros, ritmos y objetivos. En lenguaje <em>swiftiniano</em>: debe clarificarles a liliputanos por dónde se rompen los huevos.</p>
<p>¿En qué parará la pre-moderna Honduras? “En lo que Dios quiera”. Así decía acertadamente el ilustre historiador mexicano del siglo 19, Lucas Alaman para describir la inestabilidad crónica de Mesoamérica.</p>
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		<title>Ex presidente: un nuevo gran factor de poder internacional</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Dec 2009 03:00:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Ser ex presidente y convertirse en factor de política internacional requiere de varias condiciones: voluntad de querer, capacidad de identificar nichos y saber explotarlos como verdaderos filones auríferos (Clinton, Carter y Schroeder, han demostrado ser verdaderos maestros), pero ante todo mantener abiertos los canales de comunicación con quienes le suceden en el mando para que la complementariedad con la política exterior del país sea real y efectiva.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Lentamente se está dejando ver un nuevo factor en las relaciones internacionales: la participación de ex presidentes en asuntos de interés de su propio Estado, o al servicio de un organismo internacional.</p>
<p>Este tipo de actividad reciente de los ex presidentes (o ex primeros ministros, en algunos casos) se puede explicar por las siguientes razones: mayor esperanza de vida en la mayoría de los países, juventud relativa de quienes se encuentran en esta situación, mayor intercomunicación  entre actores internacionales y necesidad de contar con canales nuevos (oficiosos, en ciertos casos) para superar complejidades propias de esta época.</p>
<p>Se trata de un factor enteramente nuevo. Hasta hace pocos lustros formaba parte de los códigos no escritos del comportamiento político que un jefe de Estado saliente saliera a un retiro tranquilo, pero, ante todo, pasivo y silencioso. Ello era muy visible en regímenes presidencialistas. La ingerencia de <em>past presidents</em> era fuertemente castigada, y por lo mismo, prácticamente impensada. Se entiende que la excepción correspondía a regímenes con posibilidad de reelección con un período intermedio; en tal caso, el presidente saliente solía mantener un retiro parcial para volver con nuevos bríos más adelante.</p>
<p>El México del PRI llevó este código no escrito a verdaderos extremos, por lo que a ningún Presidente saliente se le ocurrió jamás quebrantarla. Sin embargo, fue el folklórico y megalómano Luis Echeverría, quien primero discurrió formas de saltarse dicho código, promoviéndose como posible Secretario General de la ONU y, luego, al fracasar estrepitosamente dicho esfuerzo, creando una ONG (Centro de Estudios del Tercer Mundo, CESTEM) de alcances internacionales para estar presente en cuanto drama internacional apareciera en el horizonte. Su amigo y sucesor en el cargo presidencial, José Lopez Portillo le advirtió “lo poco recomendable” de esta conducta, violatoria de una vieja tradición, que a ratos colisionaba con los nuevos énfasis. Lo llamó cortésmente a poner fin a tales actividades. La negativa de Echeverría a entrar en razón marcó una de las jugadas magistrales del omnímodo poder del PRI de entonces. En 24 horas, el tozudo ex presidente Echeverría fue instalado en las islas Fiji en calidad de embajador extraordinario y plenipotenciario.</p>
<p>En el caso de regímenes parlamentarios, por sus características se observó que el paso a retiro de un estadista fue por lo general forzado por tremendas derrotas parlamentarias (Felipe González, los sucesivos premieres italianos, y otros casos), o bien por circunstancias con gran impacto, como el descubrimiento del agente de la  RDA Günter Guillaume como jefe de gabinete del hasta entonces querido canciller de la RFA, Willy Brandt. Este procedió a alejarse del todo y dedicarle esfuerzos a la Internacional Socialista.</p>
<p>En la actualidad, y por las razones mencionadas, asistimos a algo distinto. Hay agudos ex estadistas que descubren grandes nichos para seguir activos y sirviendo a la política exterior de su país. Otros exploran áreas enteramente nuevas. Un ejemplo muy extraordinario es el del ex presidente estadounidense Bill Clinton, quien no sólo recorre el mundo dictando conferencias o promoviendo su Clinton Foundation, sino que en varias oportunidades ha aparecido como fuerte elemento coadyuvante de la política exterior estadounidense, sea en su calidad de enviado especial para Haití, o bien hundiéndose en el sigilo de tareas de Estado ultra-delicadas como fue la negociación con Pyongyang para la liberación de dos periodistas estadounidenses que permanecían detenidas en Corea del Norte.</p>
<p>Con anterioridad a él, Jimmy Carter se “re-inventó” completamente por intermedio de su centro de estudios en Atlanta, Georgia, especializado en la tarea de observar (y de paso validar políticamente) procesos electorales. Hoy es consultado frecuentemente por el Departamento de Estado en estas materias y muchas veces ha cumplido sigilosas tareas encomendadas por la administración de turno. Esta tarea, y sus viajes a zonas calientes del planeta, llevando mensajes explícitos o implícitos de la administración en funciones, sea demócrata o republicana, han pasado a ser un factor relevante de la presencia internacional estadounidense. Carter ya había oteado esta posibilidad de “crecimiento personal post-presidencial” en 1978, cuando recurrió a los servicios de su antecesor Gerald Ford para culminar el proceso de negociación con Panamá a propósito del Canal. Y el propio Clinton le pidió a Carter que lo ayudara en 1994 en una de las varias misiones de paz que ha habido en Haití.</p>
<p>Por su parte, George W. Bush le pidió a su padre (ex presidente) y a Clinton, que lideraran los esfuerzos estadounidenses de entrega de ayuda humanitaria a los países asiáticos afectados por el tsunami en 2004.</p>
<p>Este fenómeno ya se da también en casos de regímenes parlamentarios. Gerhard Schroeder abandonó la cancillería germana por un suculento cargo en un consorcio gasífero ruso-alemán, y se ha convertido en una suerte de “backchannel” clave en las relaciones entre Alemania y Rusia.</p>
<p>En América Latina comienza tímidamente esta tendencia, aunque las experiencias no parecen aún tan exitosas. Un ex mandatario intentó convertirse en una pieza externa activa de su país y para ello se internó en los breñales de la frontera colombiano-venezolana, esperando recibir de manera jubilosa al niño Emmanuel de manos de caritativos comandantes FARC. El resultado de la acción, transmitido <em>live</em> por  una cadena televisiva, se mantuvo en discreto silencio por el bochorno en que terminó el episodio. Pese a que era uno de esos momentos pensados para “llenarse de gloria”, los dioses quisieron otra cosa.</p>
<p>En las últimas semanas, el ex Presidente Lagos ha participado en una de las varias misiones que trataron (en vano) de re-instalar al Presidente Zelaya en Honduras. Parecía ser otro momento <em>ad gloriam</em>, por su vinculación con causas democráticas. Más el instinto realista que subyace en muchas de las acciones del ex mandatario parece haberlo guiado para una participación acotada y a prudente distancia. Aunque dicha comisión fracasó, quedó en evidencia que el ex mandatario reúne plenas condiciones para convertirse en un activo engranaje del <em>soft power</em> chileno en los años venideros.</p>
<p>Ser ex presidente y convertirse en factor de política internacional requiere de varias condiciones: voluntad de querer, capacidad de identificar nichos y saber explotarlos como verdaderos filones auríferos (Clinton, Carter y Schroeder, han demostrado ser verdaderos maestros), pero ante todo mantener abiertos los canales de comunicación con quienes le suceden en el mando para que la complementariedad con la política exterior del país sea real y efectiva.</p>
<p>Lo claro y concreto es que ser expresidentes ha pasado a ser una posibilidad interesante que tienen los países para conectarse con esa intrincada red de actores que hoy pueblan el escenario internacional.</p>
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		<title>OEA: &#8220;Es lo que hay&#8221;</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Aug 2009 07:39:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Iván Witker</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[La OEA ha pasado por momentos peores y, como se señaló, la resiliencia es su fuerte. Es lo que hay... pero el flechazo salido de la ciénaga centroamericana parece haber dado en pleno corazón.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La crisis en Honduras parece haber desdibujado a la OEA y asoman en el horizonte varias interrogantes, muy útiles para la reflexión. ¿Se trata de una crisis terminal que vive el organismo?, ¿qué hará ahora el organismo para superar su momento gris y amargo?, ¿es toda la arquitectura multilateral la que está en crisis?</p>
<p>Las dudas que se plantean cobran fuerza al escuchar las declaraciones de su Secretario General a la BBC en orden a que la organización &#8220;no puede hacer más&#8221; en el caso hondureño, rechazando, de paso, que un disuasivo militar acompañe sus gestiones.</p>
<p>Puestas así las cosas, y tras el fracaso de la visita de cancilleres a Tegucigalpa en una comitiva que incluyó al propio Insulza, parece pertinente dar una mirada más concreta a las preguntas sugeridas.</p>
<p>Aunque suene superficial, una primera constatación la resume aquella relamida expresión &#8220;es lo que hay&#8221; y que tiene su origen en una conversación familiar de una casa real europea, cuando el heredero presenta oficialmente a su novia, una plebeya, que no es del gusto de sus progenitores, especialmente de la reina. El príncipe, visiblemente molesto con la reacción inicial, espeta de manera lacónica e imperativa: &#8220;es lo que hay&#8221;. En otras palabras, el príncipe quería decirle a sus padres que los deseos no pueden superar la realidad. Apreciaciones reales que refuerzan ese antiguo aforismo que señala que las cosas son como son y no como se quiere que sean.</p>
<p>La OEA no escapa a esta lógica. Es lo que hay.</p>
<p>Este organismo, como bien señala su nombre, reúne a Estados y no a sociedades, etnias, ONGs, partidos o movimientos, como algunos pretendieron cuando se fundó en 1948, y, precisamente en esa acentuada representatividad de lo estatal, radica su resiliencia, que le ha permitido sobrevivir a las sucesivas críticas que la han acompañado desde siempre.</p>
<p>En efecto, a la OEA se le ha desahuciado y escrito un obituario ya varias veces. Quienes tenían en los 60, 70 y 80 a La Habana como su capital imaginaria, solían descalificarla como &#8220;ministerio de las colonias&#8221; de EE.UU. Luego, a propósito de la guerra en el Atlántico Sur, los latinoamericanistas acérrimos se apresuraron a declararla &#8220;anacrónica&#8221;. En los años siguientes, innumerables personeros manifestaron insatisfacción con sus orientaciones, componentes, políticas, cultura organizacional, organigrama, etc. No por accidente se le han introducido en cuatro oportunidades Protocolos de Reformas. Pero sigue ahí, cuasi incólume, y probablemente siga por un buen tiempo, ya que los países del hemisferio que la integran no están en condiciones de crear un instrumento mejor.</p>
<p>Sin embargo, la crisis de Honduras pareciera ser una flecha (posiblemente envenenada), que le ha dado en pleno corazón sumiéndola en un estado de incertidumbre, que quizás la lleve a una existencia más bien inercial. Alguien podría contra-argumentar diciendo que se trata de un nuevo ciclo de críticas ya vistas. De hecho las acusaciones sobre ineficacia no son nuevas.</p>
<p>Pero la sola aparición del Presidente Arias como figura mediadora, independientemente de su resultado, da cuenta de que la OEA está rozando ciertos límites en su capacidad. Y si se sigue hilando en esa dirección, podría ponerse en contrapunto la noción prevalente de multilateralismo con las tozudas realidades regionales. No debe olvidarse, por ejemplo, que, a propósito del incidente armado por el islote Perejil/Leila en 2002, los cancilleres de España y Marruecos no despertaron con sus urgencias al Secretario General de la ONU, sino a Colin Powell, entonces Secretario de Estado, implorándole intervenir. A su vez, la guerra de Georgia también dejó de simples espectadores a los organismos multilaterales y se abrió paso un mecanismo ad hoc, como fue la intervención directa del Presidente Sarkozy.</p>
<p>En el caso hondureño se observan singularidades que van en esa dirección. Las apelaciones de tipo normativo emitidas por el organismo, las gestiones para hacer valer e imponer sus puntos de vista para, finalmente, integrarse de manera adosada a una iniciativa multilateral especial, como fue esta delegación de cancilleres, parecen corroborar tales límites en sus capacidades.</p>
<p>No obstante sería un error instalar estos límites en las personas que dirigen la OEA, sea en sus niveles máximos como intermedios, sea en sus roles más expuestos o en quienes procuran manejar hilos desde las bambalinas. La crisis de la OEA no va por ahí.</p>
<p>Un problema central pareciera ser su concepción restrictivamente estatal, que se termina subsumiendo en el poder ejecutivo de cada país, y provoca una preocupación desmesurada por el destino individual de las personas que ejercen la Presidencia en sus respectivos países. Se olvida que parte relevante de los asuntos internacionales pasa hoy por canales complementarios o bien desagregados de lo estatal. En la actualidad, los circuitos empresariales, legislativos, sociales, o sencillamente inter-urbes, son claves para un multilateralismo efectivo o para un proceso integrador real. Omitir una concepción amplia de lo estatal es una invitación al fracaso. La tan citada y admirada integración europea enseña precisamente eso.</p>
<p>Otro problema gravitante pasa por la incapacidad de ciertas instituciones multilaterales para entenderse a sí mismas como promotor de ideas acorde a las tendencias imperantes. Esas ideas convergen en la actualidad en la democracia, entendida en un sentido amplio, genuino y convocante. Y si nos remitimos de nuevo a la experiencia europea, veremos que las instituciones comunitarias no privilegian circunstancias individuales, sino el desarrollo institucional.</p>
<p>La instalación y posterior separación de Aristide del poder en Haití -<em>manu militari</em> y a nombre de la democracia- demostró que tal ejercicio es, en el mejor de los casos, algo accesorio cuando no derechamente anecdótico. Es muy probable que este episodio concluya cuando quienes han tenido interés en reinstalar en el poder a un aliado se vean entusiasmados con una nueva aventura regional o sencillamente consideren que el aliado ha dejado de ser útil. <em>Nihil novum subsole</em>.</p>
<p>Por lo mismo, lo efectivamente relevante es fortalecer los regímenes democráticos. Lo efectivamente productivo es promover altos estándares de calidad democrática. Lo efectivamente valioso es instigar procesos de fortalecimiento institucional en cada país; ese blanco tan esquivo en América Latina y que algunos denominan <em>gobernanza</em>. Lo efectivamente valorado es la generación de una atmósfera dominada por el estado de derecho. La gran lección de Honduras, entonces, es que los organismos multilaterales deben adecuarse a los tiempos y comprender que los actuales apuntan a democracias activas, que superan las cuestiones formales.</p>
<p>Cierto, los yerros no constituyen un certificado de defunción, ni menos en este caso. La OEA ha pasado por momentos peores y, como se señaló, la resiliencia es su fuerte. Es lo que hay&#8230; pero el flechazo salido de la ciénaga centroamericana parece haber dado en pleno corazón.</p>
<p><em>*Iván Witker es profesor de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE).</em></p>
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