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	<title>El Mostrador &#187; Fernando Paulsen</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Tres razones para una victoria (o derrota) histórica</title>
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		<pubDate>Mon, 18 Jan 2010 08:59:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Paulsen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales]]></category>
		<category><![CDATA[Eduardo Frei Ruiz-Tagle]]></category>
		<category><![CDATA[Presidenciales 2009]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>
		<category><![CDATA[Segunda Vuelta]]></category>

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		<description><![CDATA[Frei inició su camino de derrota cuando no fue capaz su comando de vincularse a las emociones vitales de las personas, que criticaban algunas prácticas de la Concertación, pero necesitaban escuchar, ver y, sobre todo, creer que la alegría de vivir mejor se desbordaba por los poros del candidato y su comando. Fue al contrario: parecía una patrulla de burócratas de la política, haciendo lo que había que hacer, para mantenerse en La Moneda por cuatro años más.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El impacto de la victoria de Sebastián Piñera lo percibí hace dos semanas, cuando vi la película Invictus, dirigida por Clint Eastwood y protagonizada por Morgan Freeman y Matt Damon. No ha salido en cines todavía, pero una buena amiga me prestó un DVD del film, de esos que las distribuidoras  entregan a críticos de cine antes del estreno.</p>
<p>Invictus trata de la instalación del gobierno de Nelson Mandela y, particularmente, de la obsesión de ese gobernante sudafricano por generar condiciones de unidad en un país herido mortalmente por el machetazo del apartheid. Sin ánimo de contar la película, lo que me impresionó fue cómo Eastwood recrea las ganas, las expectativas, los sueños de años de maltrato que tienen los que acompañan a Mandela al gobierno. Les brillan los ojos, les salta la sonrisa sin provocación, hablan de utopías, de símbolos renovados, de un mundo por reconstruir.</p>
<p>Ese fuego de ganas y expectación lo vi mucho más presente en la campaña de Piñera que en la de Frei. Pese a que este último hablaba de cambios, de ser un puente entre generaciones, de poner caras nuevas al mando, la verdad es que siempre la campaña de Frei en Primera Vuelta pareció, como diría Serrat cuando no hay utopía, “un ensayo para la muerte”. Su asesor comunicacional de entonces, con todo desparpajo, y sin duda que con ojos desprovistos de ilusión y brillo de victoria, señaló en el <a href="http://old.elmostrador.cl/index.php?/noticias/articulopre/196690/" target="_blank">Podcast Mediápolis</a> que la campaña de Frei no giraba en torno a sueños.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Por mi parte, si interesa, perdí en primera y en segunda vueltas. Pero, qué diablos, soy hincha de la UC desde que nací. De alguna forma he sido educado para sufrir hasta el final, y ver como uno mejor, enel último partido, levantó la copa que tanto queríamos.</blockquote></div>
<p>Ese fue el apagón de entusiasmo que se vio en Primera Vuelta, y que, al contrario, se desataba de expectativas en la campaña de Sebastián Piñera. Por lo que planteo que Frei inició su camino de derrota,  cuando no fue capaz su comando de vincularse a las emociones vitales de las personas, que criticaban algunas prácticas de la Concertación, pero necesitaban escuchar, ver y, sobre todo, creer que la alegría de vivir mejor se desbordaba por los poros del candidato y su comando.</p>
<p>Fue al contrario: parecía una patrulla de burócratas de la política, haciendo lo que había que hacer, para mantenerse en La Moneda por cuatro años más. La batalla de la épica y el entusiasmo se perdió fuerte en esa Primera Vuelta.</p>
<h3>Momento de liderazgo</h3>
<p>En segundo lugar está el problema del liderazgo. He planteado en otros foros que Eduardo Frei tuvo en esta elección la primera realmente competitiva de toda su carrera política. No tenía experiencia Frei de lo que era sentir que podía perder, de lo que significaba hablarle a la gente como si de ello dependiera su derrota o victoria, de recorrer el país sabiendo que la gente que va a los actos y marchas pueden parecer muchos, pero que  las encuestas y la opinión de los dirigentes regionales decían que había más reticencia que otras veces.</p>
<p>Ser un líder no significa actuar según la autoridad que se le confiere. Eso es, simplemente ejercer la autoridad, como lo hace un carabinero cuando te saca un parte, como lo hace un Presidente cuando nombra embajadores y ministros, como lo hace un capitán de fútbol cuando escoge lado antes del partido. Ser un verdadero líder implica tomar riesgos, y aun así no perder a la gente que lo sigue. Implica ir más allá del marco de autoridad que se le confirió y conseguir que la gente lo siga.</p>
<p>En esta variable, el liderazgo, Eduardo Frei estuvo muy mal, habiendo partido muy bien. Cuando a principios del año pasado, Frei inscribe temas en la agenda informativa de motu propio y alterando incluso las sensibilidades de su partido y aliados, se jugó el capital de liderazgo y le fue bien: se discutió como nunca antes sobre aborto, sobre reformas constitucionales, sobre reformas para mejor regular agentes económicos clave, en medio de una recesión mundial. Frei entonces decía que no hablaba para las encuestas, muy pocos lo imaginaban como candidato cuando Lagos e Insulza figuraban como prioritarios. Pero el que ponía los temas que se discutían era él.</p>
<p>Con la realización de las primarias en dos regiones y la bendición de su candidatura como oficial de la Concertación, todo cambió. Los asesores y expertos, en vez de seguir al líder en su camino de marzo del 2009, lo desviaron para que se mantuviera dentro del canal del establishment del oficialismo. Se dejaron de mencionar temas rupturistas, de hablar con quien lo solicitara, Frei empezó a consolidar su frase de campaña: “Ese no es mi problema”, como el mantra de su respuesta a inquietudes periodísticas y para reaccionar a los dichos de sus rivales en competencia. En vez de apropiarse del control de su campaña y su comando cedió ante aventureros consejos de sobredimensionados expertos comunicacionales.</p>
<p>En el bando contrario, el de Piñera, pasó exactamente lo contrario. El candidato partió tibio, con su repetición de frases ancla, machacadas hasta el hastío en cuanto escenario pudiera. Tenía un comando variopinto, con voceros múltiples para mostrar una escenografía diversa. Sin embargo, promediando el año Sebastián Piñera cambió de estrategia y se convirtió en líder de su sector, en el sentido explicado más arriba. Introdujo una tras otra variables que desacomodaban a sus aliados tradicionales, pero a una tasa de molestia que pudieran resistir, y movió el eje de su rango de acción hacia el centro.</p>
<p>Su rechazo a figuras del pinochetismo en su gobierno; su decisión de remarcar la legitimidad de las parejas homosexuales; incluso sus palabras despreciativas hacia la banca fueron lo suficientemente rupturistas como para capturar la atención de independientes molestos con la Concertación, pero no fueron tan rupturistas como para alienar a la  UDI. Y lo siguieron.</p>
<p><strong>La fuerza de la queja interna </strong></p>
<p>No importaron todas las campañas que se hicieron. Las de Marco, las del gobierno, las de Piñera y las de Frei por lograr que los jóvenes se inscribieran en masa en los registros electorales, la tasa de renovación del padrón electoral fue mínima. Lo que lleva a plantear la observación, dura, de la fuerza propia en modo de crítica y frustración. El padrón electoral que llevó a que Sebastián Piñera ganara ayer las elecciones, es prácticamente el mismo de hace 20 años.</p>
<p>No fueron millones de nuevos electores los que, con otros ojos y otras ansias, botaron el andamiaje electoralmente imbatible de la Concertación. Sino que fueron básicamente los que por 20 años apoyaron mayoritariamente a la coalición de gobierno, quienes gradualmente en las últimas dos elecciones, y con un ímpetu notable en ésta, le dieron sus votos a la oposición. No hay nuevos votantes de centroderecha que apoyaron a Piñera. Hay viejos votantes de la Concertación que, en esta ocasión, apoyaron primero a Marco Enríquez-Ominami y después a Piñera en segunda vuelta.</p>
<p>Los expertos estadísticos electorales dicen que se trata de profesionales más bien jóvenes de entre 25 a 45 años de edad. Es decir un segmento que creció, se educó y se hizo adulto bajo gobiernos y políticas públicas de la Concertación. Su creación y orgullo.</p>
<p>Librepensadores, abiertos, con ganas de desarrollarse en áreas muy diversas, que apoyaron el discurso y las ideas de ME-O, que se hartaron con las primarias bi regionales que ungieron a Frei, con las mismas caras de los presidentes de partido, con la idea que 20 años habían achanchado al funcionario público que llegó desde la oposición heroica a la dictadura de Pinochet a los ministerios y jefaturas de servicio.</p>
<p>Quienes recibieron el impacto del Transantiago como una negligencia técnica inaceptable, como una insolencia contra su propia gente y quienes estaban deseosos de volver a tener los ojos con chispazos de utopía.</p>
<p>La Concertación construyó una edificación extraordinaria de instituciones sólidas de gente de bien, dedicada a la función pública.  Supo amortiguar su indignación por 17 años de abuso y humillación, atemperaron sus peticiones para consolidar las bases de una democracia que por casi una década se vio a veces frágil y tambaleante, ante la presencia de los viejos odios enquistados entre los productos de la Constitución de 1980 y el sistema binominal. Además no dejó jamás de crecer económicamente, de aumentar los espacios de libertad y transparencia, aunque fuera a costo de ser sus propios dislates y actos de corrupción los que gatillaran la nueva legislación de probidad.</p>
<p>Esa creación notable no fue capaz de detectar el letargo y ensimismamiento que se hacía presa de sus organizaciones políticas. Y los mismos que apoyaron una y otra vez los modos y vías de la Concertación, enfrentados a un trance de repetirse el plato, ya no los ministros, sino los candidatos presidenciales, dijo no en una proporción lo suficientemente grande como para desequilibrar las cosas en favor de este empresario de origen democratacristiano, que voto No y que, aunque rodeado de simpatizantes de la Dictadura, ofrecía gestión y caras nuevas a un país que había dejado de ver en cada elección el riesgo de cambiar modelo y estructuras de cuajo, pero que temía que la repetición de lo mismo por los mismos los haría viejos, sintiendo el dolor de las rodillas cansadas, cuando todavía tenían ganas de correr detrás de sueños.</p>
<p>Es cierto, que hay más razones para esta victoria de Piñera. Está Marco y lo que implicó. La crisis económica mundial y la popularidad de la Presidenta, que no chorreó a su candidato en las proporciones que se requería para ganar. Pero estas tres me parecen destacables porque tienen que ver con lo que las elecciones son y nunca debieran olvidarlo los que postulan a recibir la confianza de su gente: a las emociones y ganas del pueblo, a la fuerza de un mensaje y a un liderazgo que sepa arriesgar, cuando vale la pena incomodar a los suyos para avanzar.</p>
<p>Y también porque los incentivos de la política no se debieran basar en los recuerdos de lo que se hace o se hizo, sino en lo que falta, en los que se quedaron en el camino o fueron pospuestos. Y en todo aquello que hace falta hacer para que quienes recuerdan las promesas de año tras año, sientan que la llama está encendida y los ojitos brillan como el primer día de victoria.</p>
<p>Por mi parte, si interesa, perdí en primera y en segunda vueltas. Pero, qué diablos, soy hincha de la UC desde que nací. De alguna forma he sido educado para sufrir hasta el final, y ver como uno mejor, en el último partido, levantó la copa que tanto queríamos.</p>
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		<title>Reacción a una noticia</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Nov 2000 09:55:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Fernando Paulsen</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>

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		<description><![CDATA[Como sigo de cerca El Mostrador y me entusiasma su propuesta y valoro su audacia, le doy el beneficio de la duda y creo que la comunicación pública de Renato Hevia de la que se informa existe e incluye los elementos informativos que quiero destacar.

Por no sé qué número de veces, en no sé ya [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como sigo de cerca <B>El Mostrador</B> y me entusiasma su propuesta y valoro su audacia, le doy el beneficio de la duda y creo que <A href="/modulos/noticias/constructor/detalle_noticia.asp?id_noticia=15173">la comunicación pública de Renato Hevia de la que se informa</A> existe e incluye los elementos informativos que quiero destacar.<br />
<BR><BR><br />
Por no sé qué número de veces, en no sé ya cuántos casos -desde las publicaciones sobre el ministro Correa Bulo, anteriormente informaciones del ámbito policial y ahora las que tienen que ver con arbitrajes profesionales de la actual presidente del CDE- se utiliza un mismo argumento para rechazar lo que la periodista autora de todas esas crónicas -Paula Afani- manifiesta bajo su firma: la relación inevitable entre la información que ella obtuvo y su condición de esposa de un capitán de Carabineros, actual Subcomisario de Lo Barnechea, de quien ignorantemente se dice que incluso hasta hoy trabaja en inteligencia de ese cuerpo policial.<br />
<BR><BR><br />
Renato Hevia añade otra descalificación más, según leo en <B>El Mostrador:</B> la de estar procesada por haber &#8220;sustraido&#8221; un expediente del caso denominado Operación Océano.<br />
<BR><BR><br />
<B>Me voy a referir</B> a Paula Afani y el caso de la Operación Océano debido a que esas publicaciones Paula las hizo mientras yo era director del diario <I>La Tercera,</I> habiendo personalmente aprobado cada una de ellas.<br />
<BR><BR><br />
Jamás en mi vida profesional he autorizado una sustracción de documentos judiciales y Paula Afani jamás ha sustraido expediente o documento alguno. De hecho, Paula Afani no está procesada por sustracción alguna. Ella enfrenta un procesamiento por un &#8220;delito&#8221; que muchos medios de comunicación, incluido <B>El Mostrador,</B> cometen a diario: violación de secreto de sumario. Esto es, revelar información que obra en un proceso y que no está libre a los ojos de la opinión pública.<br />
<BR><BR><br />
Cada &#8220;golpe noticioso&#8221; con información sobre un caso judicial: lo que declaró tal o cual persona, las diligencias privadas del juez, los careos que existieron, la documentación y evidencia que se ha allegado al caso, todos ellos son, técnicamente, violaciones del secreto del sumario a la hora de hallar camino a un diario, radio, televisión o medio digital.<br />
<BR><BR><br />
Más aún, los periodistas de todo el mundo hemos dado siglos de batalla para defender que las personas tienen derecho a conocer los casos que causan conmoción y que sus investigaciones profesionales son autónomas de las disposiciones que rigen para funcionarios del Poder Judicial, sujetos a niveles de confidencialidad que no tenemos ni los periodistas ni las personas que leen, escuchan o ven televisión.<br />
<BR><BR><br />
<B>Esto ha sido una batalla</B> enorme a un costo de centenares de periodistas presos, porque la legislación vigente privilegia que para que un juez haga bien su labor, la actividad periodística debe marginarse de realizar bien la suya. Debe callarse si se lo ordenan, publicar sólo lo que se responde, no investigar más allá de lo que se dice públicamente.<br />
<BR><BR><br />
Respetar esa disposición nos transformaría en relacionadores públicos de los tribunales y de las organizaciones que allí litigan.<br />
<BR><BR><br />
En el caso particular de Paula Afani, ella publicó no sólo informaciones, sino también fotocopias de documentos sobre un hecho absolutamente verídico: las confesiones de un capitán de barco chileno sobre un cargamento de droga a Estados Unidos. Esto que hoy se vende tan livianamente como &#8220;sustracción&#8221; de expedientes o &#8220;procesada a petición del CDE&#8221;, en realidad es la historia típica de un golpe periodístico que pilló a mucha gente de sorpresa.<br />
<BR><BR><br />
<B>Nada de lo que dijo es falso,</B> no hay acusaciones de injuria ni ofensas. NO, se la procesa por lo que los periodistas creemos es parte consustancial de nuestra profesión: buscar la verdad, incluso la que no se quiere mostrar voluntariamente y documentarla.<br />
<BR><BR><br />
Por cierto que la apreciación periodística respecto de la importancia de la publicación de un antecedente como el mencionado puede ser distinta de la apreciación sobre la conveniencia o inconveniencia de dar a luz pública esas confesiones que pueda tener el CDE, el juez que sustancia el caso y las partes involucradas. De allí que se considere que en esta situación y no en otras, que abundaron en violaciones de sumario sobre el caso, cabe buscar el procesamiento de la autora.<br />
<BR><BR><br />
A veces esa fórmula, buscar procesar a la periodista, es la única que se tiene para que el juez no sospeche que una de las partes filtró la información. Porque no nos saquemos la suerte entre gitanos: esa información fue filtrada a una periodista con el propósito que se publicara.<br />
<BR><BR><br />
De hecho, buena parte del interrogatorio que el juez de la causa mantuvo conmigo en ese caso, por haber sido yo el jefe directo de Paula y haber autorizado las publicaciones, estribó en determinar por su parte de dónde se pudo haber filtrado esa información, que el juez sabía mejor que nadie no había sido sustraída ni robado el expediente.<br />
<BR><BR><br />
<B>Aquí llegamos al otro componente</B> de esta imputación falsa y que, realmente, es la que más me escandaliza: detrás de toda filtración hay un compromiso ético inquebrantable de un periodista de no revelar su fuente, algo que hoy ha sido llevado a niveles de ley de la República.<br />
<BR><BR><br />
Paula Afani pagó con su proceso su respeto a ese compromiso, como muchos periodistas lo hacen a diario, arriesgando incluso situaciones peores que un simple procesamiento. El compromiso de respetar el secreto de la fuente -si así ha sido pactado- es tan incondicional que incluso si la misma fuente se escandalizara por lo publicado, el periodista no podría desenmascararla como el origen de su información.<br />
<BR><BR><br />
Esa protección a riesgo propio, creemos los periodistas, es la base de la obtención de credibilidad de fuentes que de otra manera no darían información, que está siendo ocultada al público sobre un caso de conmoción nacional.<br />
<BR><BR><br />
Muchas personas, de todos los géneros y diversas instituciones, saben de esta incondicionalidad del secreto profesional del periodista, y se dan lujos como poner el grito en el cielo e incluso criticar la filtración de ciertas noticias, habiendo sido ellas y ellos grandes filtradores, habiendo exigido numerosas veces protección de la fuente y estando tranquilos, incluso en su desparpajo público, de que su identidad asociada a tal o cual filtración no va a ser revelada por el o la periodista aludida.<br />
<BR><BR><br />
<B>Me resulta contradictorio,</B> por decir lo menos, que cuando la jueza de Viña del Mar, Beatriz Pedrals, ordenó prohibición de informar en el caso del Cabro Carrera, y el diario <I>La Tercera</I> -bajo mi dirección y responsabilidad- siguió publicando todos los pormenores del caso en una página web creada en Nueva York y publicitando en la portada del diario que las noticias que no se podían leer en Chile, pero podían obtenerse vía Internet de Estados Unidos -en lo que era una abierta violación de sumario- nadie, repito, nadie de los que hoy descalifican la información de Paula Afani por estar procesada por violación de secreto de sumario, hizo la más mínima acción para detener esas actividades o se escandalizó por ellas.<br />
<BR><BR><br />
Todo lo contrario, incluso hasta el ministro secretario general de Gobierno de entonces, José Joaquín Brunner, manifestó que las órdenes de no informar eran no sólo injustas con el público, sino anacrónicas, ya que Internet había encontrado un método para eludirlas.<br />
<BR><BR><br />
Cuando la violación de sumario conviene o no molesta, los periodistas hacen su trabajo excelentemente. Cuando esa inevitable situación informativa produce inconvenientes privados, entonces que venga la ley, que se procese y después se publicite la inhabilidad del periodista de informar por estar procesado. Ä„Por favor!<br />
<BR><BR><br />
<B>El otro argumento descalificador</B> de Paula Afani y su trabajo profesional estriba en un acto canallesco de buscar culpabilidad por asociación. Sí, efectivamente Paula Afani está casada con un capitán de Carabineros que tuvo hace varios años labores en inteligencia policial.<br />
<BR><BR><br />
El diputado Tomás Jocelyn-Holt hizo esta &#8220;asociación culpable&#8221; hace algún tiempo, a raíz de las informaciones que Paula Afani publicó sobre su desacato a detenerse cuando fue detenido a exceso de velocidad. No fue el primero en hacerlo. Me consta que su marido pasó muy malos momentos en el pasado, cuando dentro de su propio Cuerpo de Carabineros se apuntó a esta relación, debido a publicaciones de Paula Afani que dejaban muy mal puestas las explicaciones oficiales de la institución.<br />
<BR><BR><br />
Tuve frente a mí, en la dirección de <I>La Tercera,</I> a un  general de Carabineros que me fue a dar explicaciones por un seguimiento que personal civil, que había tenido actividades ligadas a la institución con anterioridad, hizo de Paula Afani, para descubrir sus fuentes. Ahora es la presidente del CDE y el hijo del ministro de la Corte Suprema, Enrique Correa Bulo, quienes son los portavoces de esta culpabilidad por asociación.<br />
<BR><BR><br />
<B>Conozco a Paula Afani</B> y a su marido por más de siete años y nunca he visto un mayor respeto profesional de uno para el otro. En innumerables ocasiones me tocó aprobar informaciones firmadas por Paula Afani que involucraba a Carabineros y que, sabíamos, afectarían directamente al marido de Paula y su trabajo. Y jamás dudó en defender el derecho periodístico de publicarlas y de responsabilizarse por ellas. Y estoy seguro que su marido se enteró de esas informaciones, con sorpresa, cuando el diario salió a circulación y nunca antes.<br />
<BR><BR><br />
De igual forma, el capitán Christian Reyne cuenta con toda mi admiración y respeto, por respetar a su vez y de una forma que no es común en nuestro medio, la autonomía y lógica de la profesión de su mujer.<br />
<BR><BR><br />
Digo que no es común, porque supongo que quienes hacen esa vinculación maliciosa no imaginan un respeto profesional como el que describo, y quizás muy machistamente, tampoco creen que una periodista mujer pueda hacerse de excelentes fuentes y buena información sin depender de su marido.</p>
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