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	<title>El Mostrador &#187; Robert Funk</title>
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	<description>El primer diario digital de Chile - Noticias, reportajes, multimedia y último minuto</description>
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		<title>Espejo retrovisor</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Aug 2011 06:48:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Movimiento estudiantil]]></category>
		<category><![CDATA[reforma educacional]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Continuaremos con carreras largas que obligan a los jóvenes a comprometer su tiempo, y el dinero de sus familias, a profesiones de las cuales muchas veces saben poco o nada? O ¿comenzaremos a valorar la educación como un fin en sí, las capacidades analíticas, el pensamiento lateral, la adaptabilidad y flexibilidad, la creatividad, y otras habilidades blandas que contribuyen a la investigación y – por qué no decirlo – al emprendimiento?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien dijo alguna vez que Brasil tenía un gran futuro por delante, y siempre lo tendrá. Hoy, parece que esa distinción se ha transferido a Chile. Brasil aparece en la prensa internacional como una gran potencia económica y líder regional, cuyas empresas y bonos soberanos atraen a los mercados internacionales buscando escaparse de la incertidumbre de los países del norte. Mientras tanto, los diarios extranjeros hablan de un ‘invierno chileno’, en que un gobierno poco popular no supo aprovecharse del gran capital político que le ofreció el rescate de los mineros y hoy enfrenta una ola de desencanto.</p>
<p>El país está estancado en una profunda crisis política. Por un lado hay una ciudadanía que reclama sus derechos y que exige un nuevo modelo político y económico, pero expresa el deseo de forma desarticulada y poco enfocada. Confunde la exigencia por más democracia con un desprecio por las instituciones formales de la misma democracia. Pide que se implementen nuevas políticas públicas, pero sin tener que jugar el juego político, esloganizando la opción de un plebiscito como si con ello mágicamente aparecería un nuevo consenso.</p>
<p>Por el otro lado se observa un gobierno que, en vez de buscar una salida política y negociada, considera que las demandas representan una agitación inaceptable por parte de algunos pocos dominados por ideologías extranjeras. “Una guerrilla permanente”, los llama un senador no elegido. A los llamados por más y mejor democracia se responde con los métodos agresivos y un discurso de antaño.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> ¿Continuaremos con carreras largas que obligan a los jóvenes a  comprometer su tiempo, y el dinero de sus familias, a profesiones de las  cuales muchas veces saben poco o nada? O ¿comenzaremos a valorar la  educación como un fin en sí, las capacidades analíticas, el pensamiento  lateral, la adaptabilidad y flexibilidad, la creatividad, y otras  habilidades blandas que contribuyen a la investigación y – por qué no  decirlo – al emprendimiento?</blockquote></div>
<p>Por ambos lados, entonces, se puede constatar un peligroso atavismo. Todos quieren que el país avance, pero miran hacia atrás, como si estuviéramos manejando a 120 km/h pero solamente mirando en el espejo retrovisor. Sabemos que eso no puede terminar bien.</p>
<p>Un espacio donde la idealización de un glorioso pasado puede ser especialmente dañina es en la educación superior, justamente en el corazón del movimiento social. Por todos los efectos nocivos que tuvo la reforma de 1981, no se debe confundir las legítimas demandas por una educación accesible de calidad con una tentación por volver a un modelo que no fue ni accesible ni de calidad, por lo menos en el sentido actual de esos conceptos. Por todos los problemas del sistema actual, el valor de la discusión que ha desatado el movimiento estudiantil radica precisamente en que crea una oportunidad para repensar la educación en todas sus aristas, no solamente en cuanto al ‘modelo’. Se presentan, entonces, una serie de cuestiones que, tristemente, han sido dejadas de lado en el debate actual.</p>
<p>Primero, ¿educación para qué? ¿Seguiremos con un sistema educativo obsesionado con la creación de competencias para tareas específicas? ¿Continuaremos con carreras largas que obligan a los jóvenes a comprometer su tiempo, y el dinero de sus familias, a profesiones de las cuales muchas veces saben poco o nada? O ¿comenzaremos a valorar la educación como un fin en sí, las capacidades analíticas, el pensamiento lateral, la adaptabilidad y flexibilidad, la creatividad, y otras habilidades blandas que contribuyen a la investigación y – por qué no decirlo – al emprendimiento?</p>
<p>Segundo, ¿cuál será el papel de la investigación en el sistema universitario, y especialmente en el sistema público? Nos comparamos con los tigres asiáticos, pero Japón gasta 3,3% de su PIB en I+D, y Corea un 3%. Israel – que se ha denominado una “Start-up Nation” – gasta más del 4%. A la vez, Chile gasta menos del 1% de su PIB en investigación. El gasto público de Chile en educación superior es de un 0,5% del PIB, mientras Israel invierte un 1%, y EE.UU. 1,3% (según cifras de la  OCDE).</p>
<p>Sin embargo, para ser realmente competitivos en materia de I+D hay que reconocer que la investigación es la fundación de un sistema universitario, y que un sistema universitario sano es esencial para avanzar en materia de I+D. Para eso, debemos preguntarnos lo siguiente. En un mundo al borde de la crisis económica, ¿estamos dispuestos a perder un año escolar mientras se discute el futuro del sistema? En una sociedad tecnológica que cambia con cada vez más rapidez, y en que los fondos de investigación son cada vez más escasos, ¿no perdemos aún más competitividad al cerrar nuestras aulas, laboratorios y bibliotecas? En vez de fortalecer las universidades públicas, ¿no estaríamos entregándole al mundo privado uno de los últimos espacios en que las tradicionales aún tienen una ventaja, la investigación?</p>
<p>Al poner el tema al centro de la conciencia pública, el movimiento estudiantil ha hecho un gran servicio a Chile. Pero mirando por el espejo retrovisor, se constata que el sistema actual se diseñó pensando no en sus posibles contribuciones a la ciencia, sino en su contribución a una visión particular del mundo. Hoy existe la oportunidad de no volver a cometer el mismo error.</p>
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		<title>Gabinete: buen remedio, diagnóstico equivocado</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jul 2011 06:49:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Cambio de Gabinete]]></category>

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		<description><![CDATA[Se invitó a personajes que, por todo lo talentosos y comprometidos, rememoran una época del pasado que en sus inicios el propio gobierno trató de enterrar al hablar de una nueva derecha. Y para el colmo, se produjo el espectáculo de una cuasi guerra civil dentro del oficialismo entre los que creen que ‘merecen’ ser nombrados a llenar esos escaños parlamentarios.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Después de tanta crítica al segundo cambio de gabinete que ha realizado el Presidente Piñera, alguien tiene que ser positivo. Así que lo diré. Me parece un muy buen cambio de gabinete; amplio y profundo. Cirugía mayor. Si el análisis es que al gobierno le faltaba conducción política, la decisión de recurrir a personajes con largas y exitosas carreras políticas fue acertada.</p>
<p>Como se puede constatar en una fotografía que circuló ampliamente por internet, Pablo Longueira y Andrés Chadwick Piñera, juntos con Joaquín Lavín, han sido activos en la política por años, desde antes del retorno a la democracia. Mucho habrán aprendido en esos años.  Entre otras cosas aprendieron del fundador de la UDI que en un país con las profundas inequidades socioeconómicas que tiene Chile, un enfoque social es fundamental para enraizar cualquier partido, especialmente uno de derecha, en el sistema político. El nombramiento de Longueira como Ministro de Economía es una movida particularmente brillante.  Finalmente, son políticos que han demostrado su capacidad y voluntad de negociar con la oposición. Serán ideologizados, pero hoy en día eso está de moda. En todo caso, la ideología no les presenta un impedimento para llegar a acuerdos con contrapartes “obstruccionistas”.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Se invitó a personajes que, por todo lo talentosos y  comprometidos, rememoran una época del pasado que en sus inicios el  propio gobierno trató de enterrar al hablar de una nueva derecha. Y para  el colmo, se produjo el espectáculo de una cuasi guerra civil dentro  del oficialismo entre los que creen que ‘merecen’ ser nombrados a llenar  esos escaños parlamentarios.</blockquote></div>
<p><strong> </strong></p>
<p>Todo esto funcionará como una tónica para la enfermedad que se había diagnosticado en La Moneda: el mal manejo político. Se evaluó que el énfasis en tecnocracia, aunque no equivocado, no fue capaz de lidiar con los conflictos sociales que estaban brotando a lo largo del país. En educación, minería, el medio ambiente, en la capital y en regiones, desde el AVC hasta la ANFP, la falta de muñeca política permitió que la situación llegara a extremos no deseados. Llegó, como dijo Longueira, “la hora de los políticos”.</p>
<p>Se ofreció una buena solución, pero al problema equivocado. Porque si bien el problema es, efectivamente, político, no es lo que creen en La Moneda. El ambiente en el país no se ha encrespado porque desde La Moneda no se hizo política, sino que refleja problemas y demandas reales, que se pueden resumir simplemente como un cansancio con el modelo de representación política vigente.</p>
<p>Detrás del rechazo al daño ecológico de HidroAysén no hay un detallado análisis de las opciones y alternativas para proveer el país de energías limpias  renovables. Hay un rechazo a la manera en que se aprueban este tipo de proyectos, dependiente fundamentalmente de Seremis nombrados por la misma autoridad política que tiene vínculos con la empresa que propone el proyecto.</p>
<p>Detrás de la marcha por la diversidad sexual existe una exigencia por parte de la ciudadanía que las promesas hechas durante campañas electorales se cumplan, y una sensación de que las franjas son usadas para captar hasta el voto más minoritario para lograr ese mágico número de 50+1, sin asumir la responsabilidad posterior por efectuar el cambio real.</p>
<p>Detrás de las movilizaciones estudiantiles se encuentra una generación entera de jóvenes que nacieron en democracia, para los cuales un sistema político diseñado en dictadura, y aceptado bajo la lógica de una transición democrática, no les hace ningún sentido. Se movilizan porque no confían en los políticos por los cuales no votaron, y no votaron por ellos porque el sistema no les ofrece la posibilidad de que su voto realmente sea tomado en cuenta. No negocian con las autoridades porque, como ex pingüinos, ya se les vendió esa pomada.</p>
<p>Si la demanda ciudadana se basa en la falta de representación, si no nos vemos representados ni por el sistema político, ni por los políticos, ni por el proceso de toma de decisiones, la respuesta por parte de La Moneda ha sido particularmente perversa, especialmente para los jóvenes. Salieron del gabinete los dos ministros más jóvenes, incluso si estuvieron bien evaluados.</p>
<p>Se acudió al Senado para invitar a personajes con experiencia política, socavando la voluntad política de los ciudadanos que eligieron esos políticos (el que la Concertación haya hecho lo mismo contribuye al desencanto con ese sector, y no excusa la repetición del error). Se invitó a personajes que, por todo lo talentosos y comprometidos, rememoran una época del pasado que en sus inicios el propio gobierno trató de enterrar al hablar de una nueva derecha. Y para el colmo, se produjo el espectáculo de una cuasi guerra civil dentro del oficialismo entre los que creen que ‘merecen’ ser nombrados a llenar esos escaños parlamentarios.</p>
<p>El joven desafectado, entonces, ve un sistema político cerrado e impermeable. Observa una oposición incapaz de si quiera dialogar con los grupos desencantados, mucho menos de representarlos, que perdió una elección porque se preocupó más de cupos que de capacidades; que se concentró más en los oportunistas que en las oportunidades. Entra un gobierno que en dos años adquirió las mismas malas prácticas, pero con un discurso aún menos inclusivo. Ve designaciones atávicas, que en vez de apuntar hacia una derecha meritocrática y democrática, inspira cada vez más la memoria de un pasado – digamos – complicado.</p>
<p>Los ministros Hinzpeter y Golborne, y el propio Presidente, saben que el futuro no va por allí. Reconocen que el triunfo electoral se produjo por una esperanza de cambio, pero no el cambio en marcha atrás. El costo que pagó Piñera de mantener vigente alguna semilla de una nueva derecha fue el de aceptar la dominación de la vieja derecha. Es la hora de los políticos, ¿pero de cuales?</p>
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		<title>Educación: la pregunta para el maestro</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Jul 2011 06:48:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[reforma educacional]]></category>

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		<description><![CDATA[No debemos seguir educando una masa de ciudadanos obedientes, sino que individuos conectados por medios y redes, que deben contar con las herramientas de cuestionar lo que leen en Wikipedia, en la prensa, y lo que les dicen los políticos. Las manifestaciones de las últimas semanas demuestran que ya lo están haciendo – o sea, que la educación que se les esta entregando ya no esta a la altura de su quehacer actual, para qué hablar del futuro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como descubrió Jenofonte cuando visitó el Oráculo de Delfos, para resolver un problema hay que saber qué pregunta hacerse. Una buena pregunta establece la hoja de ruta. Pueden aparecer desafíos y obstáculos en la ruta, pero por lo menos el objetivo final está claro.</p>
<p>Un problema del debate actual sobre la educación en Chile es que no nos estamos haciendo la pregunta adecuada. Por eso los petitorios comienzan a crecer como una lista de compras. Todos quieren algo. Pero ¿para qué? ¿Cuál es el objetivo que como sociedad queremos que cumpla el sistema de educación?</p>
<p>Según un estudio de la Universidad de Chile, el sistema de educación actual pareciera tener tres propósitos generales: la formación moral, los saberes para enfrentar las dificultades de la vida, y la capacitación técnica para encontrar empleo. En realidad el segundo punto está compuesto en parte por el primero y en parte por el segundo, por lo que se podrían reducir a dos objetivos principales, que en su conjunto intentan crean seres que contribuyen a la sociedad aplicando conocimiento e ideas que otros les entregan.</p>
<p>Desde 1981, entonces, se puede observar un sistema de educación, tanto en sus etapas primaria y secundaria como en la educación superior, que apunta o a la educación y socialización moral y cultural, o a la formación técnica y profesional. En el caso del primer objetivo, se establecieron instituciones, bajo el alero de la libertad de elección, diseñados básicamente para asegurar que nuestros hijos se educaran en un ambiente socialmente aceptable, con compañeros, apoderados y profesores que compartieran una visión común del mundo. Esencialmente, con “Gente Como Uno”. En el caso del segundo, el sistema de educación se encargó, cada vez más, de entrenar a los jóvenes para que pudieran ser miembros productivos de la sociedad. Esta doble visión creó un sistema enfocado en lo particular, lo religiosamente, profesionalmente, o culturalmente sectario. Es un sistema enfocado en lo chico. No habla de un país en grande.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> No debemos seguir educando una masa de ciudadanos obedientes, sino  que individuos conectados por medios y redes, que deben contar con las  herramientas de cuestionar lo que leen en Wikipedia, en la prensa, y lo  que les dicen los políticos. Las manifestaciones de las últimas semanas  demuestran que ya lo están haciendo – o sea, que la educación que se les  esta entregando ya no esta a la altura de su quehacer actual, para qué  hablar del futuro. </blockquote></div>
<p>Cabe señalar que tanto la educación particular como la pública han sido sujetas a estas dos visiones, y ninguna de las dos es particularmente nueva. En 1836 Don Andrés Bello proclamaba que la educación debiera ajustarse a fines útiles, y el conocimiento entregado a las clases trabajadoras no debiera ir mucho más allá de lo que les pudiera servir para ganarse la vida. Cualquier intento de entregarles más que eso sería dañino para la sociedad. Las bases para una educación profesionalizante estaban sentadas. La moda actual por formular currículos en función a ‘competencias’, no es ni más ni menos que una nueva versión del pragmatismo de Bello.</p>
<p>Lo que tenía claro Bello, al igual que los impulsores prusianos del modelo humboldtiano, era que uno de los objetivos principales de la educación pública era la construcción de un estado, es decir, que la formación universitaria resultara en la creación de una élite tanto para el estado, como para la enseñanza pública: Maestros y mandarinos.</p>
<p>Se observó en el sistema universitario chileno, bajo la influencia del humboldtismo, una tercera característica: la fusión de enseñanza con investigación. Sin embargo, el objetivo de crear nuevas élites parece haber influido en que se enfatizara más el primero que el segundo. Si durante los siglos XIX y XX nuestras universidades tradicionales, y especialmente la Universidad de Chile, atrajeron a alumnos de toda la región, era por la fuerza de sus proyectos pedagógicos más que por ser centros mundiales de investigación.</p>
<p>Vemos, entonces, cómo las reformas de las últimas tres décadas, más que cambiar radicalmente la trayectoria del sistema de educación, no hicieron más que profundizar y consolidarla.</p>
<p>Hoy, entonces, las demandas por mejorar la educación debieran ser reformuladas no en base a algún ideal del siglo pasado (que nunca existió), sino de las necesidades de la sociedad del siglo XXI. La pregunta debe ser ¿de qué manera nuestro sistema de educación puede contribuir al Chile del futuro?</p>
<p>Podemos suponer que nadie se opondría a un modelo que apunte hacia el compromiso, la calidad y la competividad. Compromiso, en el sentido de asegurar que todos los que quieran estudiar lo puedan hacer. El segundo punto implicaría implementar los mecanismos, desde las políticas de reclutamiento de profesores hasta la acreditación, que permitan realizar docencia e investigación de calidad. Y por competitividad me refiero a trabajar para que la educación, y en particular las universidades chilenas, logre competir en un mundo globalizado e interconectado.</p>
<p>En esto, las dos líneas conductoras descritas arriba no tienen sentido. Primero, <strong>la visión del profesor como transmisor de conocimiento deja de hacer sentido en la edad del Internet</strong>, en que los estudiantes pueden conseguir información más actual, y más rápidamente, al mismo tiempo que expone el maestro en el aula.</p>
<p>Segundo, <strong>si el profesor ya no entrega información, lo que debe hacer es enseñar a pensar, analizar, cuestionar.</strong> O sea, todo lo contrario de lo que querían Bello y Humboldt. No debemos seguir educando una masa de ciudadanos obedientes, sino que individuos conectados por medios y redes, que deben contar con las herramientas de cuestionar lo que leen en Wikipedia, en la prensa, y lo que les dicen los políticos. Las manifestaciones de las últimas semanas demuestran que ya lo están haciendo – o sea, que la educación que se les esta entregando ya no esta a la altura de su quehacer actual, para qué hablar del futuro.</p>
<p>Tercero, <strong>progresar no significa volver para atrás.</strong> La Universidad de Chile, como otras universidades públicas, cumple un papel especial en el sistema, pero debe hacerlo desde la vanguardia del conocimiento, sin defender intereses que, en vez de impulsar hacia delante, impiden el progreso. Esto significa, por ejemplo, atraer a los mejores académicos, con doctorados, del mundo. Actualmente, extranjeros, si es que están dispuestos a venirse a Chile a trabajar en una universidad pública, tienen que convalidar –en un proceso engorroso, largo y costoso– sus títulos profesionales (concepto que en muchos países ni si quiera existe). ¡Si el día de mañana la Universidad de Chile quisiera traerse a un Premio Nobel, le pedirían que convalide su título de pregrado!</p>
<p>Cuarto, <strong>las principales universidades del país deben consolidarse como centros mundiales de investigación</strong>. Hay que aprender a elegir las batallas. Es poco probable que las universidades tradicionales le ganen a las privadas en el mercado del pregrado, pues en las condiciones actuales es una competencia demasiado desigual. Sin embargo, donde las tradicionales le siguen ganando, por lejos, a las privadas, es en el campo de la investigación. Las universidades tradicionales deben tomar con ganas y orgullo su rol de ‘research university’, ser centros de creación de nuevo conocimiento. Los rankings internacionales de research universities (a diferencia de los rankings usualmente citados, que toman en cuenta otros indicadores), se centran en la cantidad de doctores y post-docs, la cantidad de investigación que se realiza, en términos de fondos de investigación (incluyendo, pero no exclusivamente, fondos públicos nacionales), los puntajes de entrada de sus estudiantes, y la cantidad de académicos que cuentan con algún tipo de distinción (premios Nóbel, premios nacionales, miembros de academias nacionales, etc.). En este ámbito, las universidades tradicionales siguen liderando el mercado chileno. Su desafío debe ser la implementación de políticas que permitan su mejoramiento en los rankings internacionales como centros de excelencia en investigación, aprovechando, en el mejor sentido de la competencia de mercado, sus ventajas competitivas.</p>
<p>Estos grandes temas parecieran estar ausentes del debate actual sobre educación, pero con nuestros estudiantes liderando un gran movimiento en pos de una mejor educación, es un momento para tomar una pausa y hacerse las grandes preguntas. Si no nos hacemos las preguntas adecuadas, en el momento adecuado, como le contestó Sócrates a Jenofonte cuando éste le contó lo que le había dicho el Oráculo, no nos quedará más que vivir con las consecuencias.</p>
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		<title>El Quijote pragmático</title>
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		<pubDate>Thu, 26 May 2011 06:48:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Conflicto palestino israelí]]></category>

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		<description><![CDATA[Llama la atención el giro importante que ha tomado el gobierno norteamericano en su postura respecto Israel.  Presidentes anteriores habían hablado de las fronteras de 1967 – que dejarían a Israel con un ancho mínimo de 14 kms (de Estación República a Los Domínicos) – como un punto de partida, una base de negociación, o un objetivo palestino.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Como una serie de Quijotes, los presidentes de los Estados Unidos han intentado, año tras año,  lograr un sueño imposible, la paz en el Medio Oriente. Si bien durante la Guerra Fría la ambición se restringía a contrarrestar la ampliación de la esfera de influencia soviética, después de 1990 EE.UU. apostó por el uso del poder unipolar. Bajo los gobiernos de Bush padre y Clinton se realizaron dramáticas reuniones, pero a lo más, se logró un tratado de paz entre Israel y Jordania – países que siempre mantuvieron relaciones cordiales, incluso sin el reconocimiento mutuo de un tratado. George W. Bush dejó de lado el proceso de paz, en parte para no presionar a Israel, y en parte porque las energías diplomáticas estaban enfocadas en Irak.</p>
<p>Barack Obama sabe que llegó al poder en gran medida por no ser George W. Bush. Sus promesas de campaña incluían una serie de medidas destinadas a desenmarañar el nudo que representaba la geopolítica de su antecesor: terminar con la guerra en Irak, cerrar Guantánamo, dejar de usar polémicos métodos de interrogación, y reposicionar la imagen de su país en el Medio Oriente y el resto del mundo. En 2009 Obama intentó hacerlo con un discurso en Cairo, donde habló de las históricas contribuciones del Islam a la cultura y la ciencia, y llamó a la tolerancia y la convivencia no solamente entre Israel y sus vecinos, sino que entre los distintos grupos en los países árabes.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Llama la atención el giro importante que ha tomado el gobierno  norteamericano en su postura respecto Israel.  Presidentes anteriores  habían hablado de las fronteras de 1967 – que dejarían a Israel con un  ancho mínimo de 14 kms (de Estación República a Los Domínicos) – como un  punto de partida, una base de negociación, o un objetivo palestino.</blockquote></div>
<p>Pero el mundo al que Obama se dirigió en El Cairo ya no existe. La primavera árabe ha cambiado el mapa político, y tal como hicieron cuando el presidente norteamericano visitó Santiago, los asesores comunicacionales anunciaron que se iba a entregar una revolucionaria visión para la región. Tal como ocurrió en Santiago, el discurso logró mucho menos de lo prometido, excepto tal vez ganarse la enemistad de todos los actores relevantes. El gobierno israelí está furioso por el llamado a volver a las fronteras de 1967, y los palestinos están decepcionados porque al hablar de un Estado palestino y un Estado judío, Obama implícitamente rechazaba el derecho de retorno de los palestinos. A la vez, explícitamente negó la posibilidad de negociar con Hamas.</p>
<p>Si bien el debate fronterizo dominó la manera en que se reportaron las palabras del Presidente, se supone que el propósito del discurso fue otro: de retomar el protagonismo estadounidense en un proceso que no pudo anticipar, y que lo había dejado como observador lejano. La idea era manifestar que EE.UU. está al lado de los reformistas y los manifestantes; que favorece, en el fondo, la libertad y la democracia. Para aquello, EE.UU. se compromete a apoyar económicamente a Egipto, cosa que venía haciendo de antes. Más allá de eso, no queda claro cuáles serían las políticas concretas que utilizará EE.UU. para retomar el liderazgo en esta nueva etapa.</p>
<p>La falta de precisión surge de los problemas intrínsecos en el objetivo que tuvo el discurso. ¿Se apoyará la democratización, incluso cuando esa democratización traiga a elementos islamistas al poder? ¿Se ayudará a organizar la sociedad civil, transformando a grupos sociales como los Hermanos Islámicos en partidos políticos? ¿Se apoyarán movimientos reformistas en países ‘amigos’ como Arabia Saudita?</p>
<p>En el contexto de apoyo a las democracias de la región, entonces, llama la atención el giro importante que ha tomado el gobierno norteamericano en su postura respecto Israel.  Presidentes anteriores habían hablado de las fronteras de 1967 – que dejarían a Israel con un ancho mínimo de 14 kms (de Estación República a Los Domínicos) – como un punto de partida, una base de negociación, o un objetivo palestino. Hoy es un objetivo de EE.UU., basado en la convicción de que en un mundo de misiles de largo alcance el uso de territorio como defensa en contra de ataques terrestres se hace irrelevante.</p>
<p>Puede ser, pero el punto de fondo es político. Obama usó un discurso destinado a promover la democracia en el Medio Oriente para manifestar su desencanto con el único país en la región que, por todos sus errores, enjuicia a políticos corruptos, investiga crímenes militares, respeta los derechos de las minorías religiosas y sexuales, y sostiene un debate político crítico.  Un presidente famoso por carecer de emoción – tanto así que algunos le dicen Mr. Spock – se dejó llevar por su frustración personal con el gobierno israelí de turno e impulsó un cambio radical en la política exterior de su país.</p>
<p>Presentar una nueva actitud hacia Israel tendría mucho más sentido si se enmarcara dentro del proceso de reforma árabe; vincular la devolución de Golán a un llamado a democratización en Siria, el de Cisjordania al reconocimiento por todos los actores, incluyendo Hamas, del Estado de Israel, etc. Tendría mucho más sentido si las manifestaciones de la primavera árabe estuvieran de alguna manera vinculadas al sufrimiento del pueblo palestino. Pero los que han salido a la calle en Cairo, Túnez, Yemen, Libia y Bahrein han estado protestando en contra de la corrupción, la falta de democracia, y el mal manejo económico de sus propios líderes. Obama, al presionar a Israel en este momento, parece estar premiando a los autócratas, castigando a los demócratas, y cambiando de tema.</p>
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		<title>El Principito</title>
		<link>http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/05/03/el-principito/?utm_source=rss&amp;utm_medium=feed&amp;utm_campaign=RSS</link>
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		<pubDate>Tue, 03 May 2011 06:42:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Boda Real]]></category>
		<category><![CDATA[republicanismo]]></category>
		<category><![CDATA[Televisión]]></category>

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		<description><![CDATA[Más fundamentalmente, la actitud chilena frente la boda real revela algunas cosas de nosotros: provincialismo, envidia, poca visión histórica. Como observó Andrés Benítez el fin de semana pasado, difícil resulta imaginar que un miembro de la ‘aristocracia’ local se case con una hija de una azafata o nieta de mineros. Por mucho que los británicos mantengan una jefatura de estado hereditaria, incluso ahí hay más evidencia de movilidad social que en nuestra democrática república.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ni si quiera la celebración del Bicentenario inspiró el brote de republicanismo que la boda entre un principito y su novia logró detonar. Aparte de algunas señoras de una cierta edad, el consenso de un ‘focus group’ informal – una combinación de amigos, colegas y el TL en mi Twitter –, era que la boda real a) era una vergüenza en un momento que el Reino Unido pasa por un mal momento económico; b) no tenía nada que ver con la realidad chilena, y por lo tanto los noticieros no debían haberle dado tanto espacio y color; b) hay noticias más importantes. Todo se trataba de un ostentoso espectáculo y cuento de hadas. Una linda pero simple doncella se casaba con su príncipe azul.  ¡Y esto de realeza, qué cosa más ridícula y anacrónica en el mundo de hoy! A la acusa a la prensa de colaboración con estos aristócratas, a costes de informarnos de las numerosas crisis que golpean el mundo. ¡Qué poca seriedad!</p>
<p>Sin duda que las bodas reales son espectáculos. Pero también lo son las inauguraciones presidenciales, los Te Deum anuales y los discursos de 21 de mayo. Las mismas personas que podrían abogar por televisar las sesiones parlamentarias como un acto de transparencia, alegan que la boda real es un descenso inaceptable hacia la farandularización. Sin embargo, en el contexto británico, la boda real no es simplemente una fiesta privada de unos mimados aristócratas, sino un evento de importancia cívica, a la par con los ejemplos recién mencionados. Puede ser que tener un jefe de Estado hereditario parezca extraño para la sensibilidad nacional, acostumbrado a dos siglos de republicanismo, y a algunos británicos también les molesta (en 2006 un 18% favorecía transformar el país en una república), pero al tratarse de un futuro jefe de Estado, nieto de la actual jefa de Estado y posible padre de futuros jefes de Estado, no deja de ser un evento político, y de ahí, histórico.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Las mismas personas que podrían abogar por televisar las sesiones  parlamentarias como un acto de transparencia, alegan que la boda real es  un descenso inaceptable hacia la farandularización. Sin embargo, en el  contexto británico, la boda real no es simplemente una fiesta privada de  unos mimados aristócratas, sino un evento de importancia cívica, a la  par con los ejemplos recién mencionados.</blockquote></div>
<p>Entonces, dirían algunos, puede que tenga significado político para los sujetos de Su Majestad, pero no para los chilenos. ¿Por qué, entonces, los noticieros locales deben dedicarle tanto espacio? Cualquier televidente de noticieros chilenos tendrá que concordar en la debilidad de la idea que los informes sobre la boda real de alguna manera desplazaron ‘noticas de verdad’. Lo que desplazaron fueron informes sobre fútbol, delincuencia, y si subió o bajó el precio del combustible.</p>
<p>Pero más fundamentalmente, la actitud chilena frente la boda real revela algunas cosas de nosotros: provincialismo, envidia, poca visión histórica. Como observó Andrés Benítez el fin de semana pasado, difícil resulta imaginar que un miembro de la ‘aristocracia’ local se case con una hija de una azafata o nieta de mineros. Por mucho que los británicos mantengan una jefatura de Estado hereditaria, incluso ahí hay más evidencia de movilidad social que en nuestra democrática república.</p>
<p>Pero no lo queremos ver. A pesar de la conectividad que nos ofrece la vida moderna, los celulares y el internet, a pesar del alto nivel de permeabilidad que han obtenido las redes sociales en el país, y a pesar de tres décadas de inserción comercial en el mundo, seguimos siendo provincianos. Nos gusta ver la historia chilena recreada en programas de TVN, pero los hitos de la historia actual, fuera de Chile, no son para nosotros. Somos demasiado pobres y vivimos demasiado lejos.</p>
<p>¿Y si todo esto realmente no tuviera ninguna relevancia histórica? ¿Qué si no fuera más importante que…. un evento deportivo? Algo como un partido de fútbol, de esos que hacen que cada cuatro años el país se paralice, que los empleados se tomen licencias, y que los colegios dejen que las clases terminen temprano. Ahí nadie habla de lejanía o seriedad. Cómo dijo otro principito alguna vez, uno que vivía en otro planeta, el que se pasa todo el día diciendo que es un hombre serio no es un hombre, es un hongo.</p>
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		<title>Las cinco etapas de la Concertación</title>
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		<pubDate>Tue, 30 Nov 2010 05:42:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[autocrítica]]></category>
		<category><![CDATA[Concertación]]></category>
		<category><![CDATA[debate]]></category>

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		<description><![CDATA[Si bien aún no se ha producido la balcanización de la coalición, eso no ha impedido el lloriqueo. Lo que más sorprende de las quejas es que ninguna de estas condiciones, excepto haber perdido La Moneda, son nuevas. Si bien es verdad que la prensa escrita en general fue duramente anti-Concertacionista en la campaña y ayudaron a crear la candidatura de MEO, estos son hechos de la causa a la cual las estrategias comunicacionales se tenían que ajustar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando Hunter S. Thompson meditó sobre lo que fue la década de los sesenta, pero lamentando cómo había terminado todo, recordó, &#8220;&#8230;esa sensación de triunfo inevitable por sobre las fuerzas del Mal y lo Viejo. No en un sentido militar; eso no era necesario. Simplemente se impondría nuestra energía. No había razón para pelear&#8230; Estábamos en la cresta de una hermosa ola&#8221;.</p>
<p>Nadie dijo que iba a ser fácil, esto de perder una elección. Si pensamos en el Chile &#8211; ¡el mundo! &#8211; que vio nacer la Concertación, es razonable suponer que esta iba a tener algunos problemas de ajuste una vez que dejara el poder. Los activistas e intelectuales idealistas se convirtieron o en estadistas mundialmente reconocidos, empresarios, o en algunos casos, activistas desafectados.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Tal vez la Concertación es el Betamax de la política: un buen producto pero que no se la pudo.</blockquote></div>
<p>En otros casos, se convirtieron en políticos de carrera buscando nuevos espacios en el Congreso, o volvieron a las universidades que brotaron como maleza durante los años en que se declaraban defensores de la educación pública. El muro de Berlín cayó, los países de la región ya no se pelean para que les pesque Washington o Moscú, el Maoísmo que buscan no es revolucionario sino capitalista, y el destino para unas vacaciones exóticas ya no es Miami sino que Hanói.</p>
<p>Todo esto, de modo de ilustrar la inmensa tarea que enfrenta un partido o coalición que quisiera adaptarse. No sorprende, entonces, que a diferencia de los seres humanos, nueve meses no es suficiente para la gestación de una nueva vida. Si tuviéramos que elegir una analogía, de hecho, se observa durante este tiempo algo mucho más parecido a un período de luto, e incluso son identificables lo que hace 40 años Kübler-Ross llamó las cinco etapas del duelo.</p>
<p><strong>Etapa 1. Negación: </strong></p>
<p>Existen muchas variantes de este fenómeno. Que &#8220;hubiéramos ganado si no fuera por Marco&#8221;, o &#8220;hubiéramos ganado con otro candidato&#8221;. Todas son variaciones de la idea de que el resultado fue estrecho, lo que no es poca cosa después de 20 años en el poder, saliendo de una crisis económica, etc. Pero en las elecciones solo hay un ganador, y no fue la  Concertación. En un país donde el Ejecutivo concentra tanto poder,  a lo que se suman los otros poderes controlados por aliados de la derecha, haber quedado en segundo lugar significa realmente muy poco. Pero la negación no es una estrategia comunicacional hacia afuera, sino que una manera de hacer que la dura realidad sea más fácil de tragar. Parece que esta realidad se ha impuesto con mucha fuerza, de modo que la Concertación ha logrado rápidamente superar esta etapa.</p>
<p><strong>Etapa 2. Ira:</strong></p>
<p>Es natural que cualquier análisis de lo ocurrido desencadene una búsqueda de culpables, y que esto resulte en peleas, egos golpeados, un malestar generalizado. No faltaba el socialista que se quejaba por la mala campaña del DC Eduardo Frei, o el DC que le echaba la culpa al gobierno de Michelle Bachelet y su discurso feminista-populista-socialista.  Y por supuesto, todos en pique en contra de MEO. Sin embargo, hay que reconocer que, hasta el momento, estas peleas internas han estado bastante controladas, y las preocupaciones iniciales por una rápida desintegración de la coalición no se han materializado.</p>
<p><strong>Etapa 3. Negociación:</strong></p>
<p>Respecto al duelo, esta etapa se relaciona con posponer lo inevitable, y en la Concertación se manifiesta en los partidos que no han estado dispuestos a realizar una renovación de verdad en sus liderazgos. &#8220;Es demasiado pronto&#8221;, es &#8220;Un período de ajuste&#8221;, o simplemente &#8220;No la pudimos frente la máquina interna de X&#8221;. Los que se quejan que no les dejan espacios, en realidad están negociando con el futuro, esperando algún momento propicio. Pero la historia de Chile está llena de los que &#8220;deberían&#8221; haber sido Presidente.</p>
<p><strong>Etapa 4. Depresión:</strong></p>
<p>&#8220;¿Cuál es el punto de seguir?&#8221; &#8220;Ellos controlan todo, el gobierno, el empresariado, la educación, la prensa, la  Iglesia&#8230;&#8221;  Si bien aún no se ha producido la balcanización de la coalición, eso no ha impedido el lloriqueo. Lo que más sorprende de las quejas es que ninguna de estas condiciones, excepto haber perdido La Moneda, son nuevas. Si bien es verdad que la prensa escrita en general fue duramente anti-Concertacionista en la campaña y ayudaron a crear la candidatura de MEO, estos son hechos de la causa a la cual las estrategias comunicacionales se tenían que ajustar. Comparando las condiciones bajo las cuales la  Concertación ganó el plebiscito de 1988, la verdad es que lo que faltó, y sigue faltando, fue creatividad y ganas. Ninguna de las dos se recupera mientras la  Concertación siga clavada en esta cuarta etapa.</p>
<p><strong>Etapa 5. Aceptación:</strong></p>
<p>En el caso que nos convoca, esta etapa puede significar dos cosas. La más literal es la de la aceptación de la muerte, entendiendo que llega un punto en que luchar no tiene más sentido.  Tal vez la Concertación, creada, como se observaba al comienzo, para otra realidad, para el mundo del Fax y no del iPad, ha perdido toda relevancia. ¿Cuántas empresas se encuentran en un punto que, sin llegar a la quiebra, simplemente se dan cuenta que el mercado ha cambiado demasiado y no hay demanda para sus productos? Tal vez la Concertación es el Betamax de la política: un buen producto pero que no se la pudo.</p>
<p>O tal vez la aceptación significa todo lo contrario. Que una vez superadas las etapas de Negación, Ira, Negociación y Depresión, la  Aceptación signifique poner en acción las lecciones de las etapas anteriores. Trabajar no como si Piñera haya ganado, sino como si la Concertación haya perdido. Transformar las culpas en explicaciones, y las explicaciones en lecciones y planes de acción. Que esos planes incluyan una renovación de verdad, sin excusas. Que las excusas no incluyan realidades que difícilmente vayan a cambiar. Que la estrategia tome en cuenta esas realidades.</p>
<p>Puede ser que nueve meses sea muy poco para esperar que se hayan superado todas las etapas. Pero es un tiempo suficiente para reconocer cuales son las etapas que haya que cumplir, y así vivir lo que Thompson nunca vio: el retorno de la ola.</p>
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		<title>Obama, los Republicanos y el Santo Grial</title>
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		<pubDate>Mon, 08 Nov 2010 05:49:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Barack Obama]]></category>
		<category><![CDATA[Demócratas]]></category>
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		<description><![CDATA[Estos resultados le darán algunos argumentos a los Republicanos que quieren resistir la invasión de su partido por el Tea Party. Aquí hay otro: para la Casa Blanca en 2012 los Republicanos tendrán que buscar el centro.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Nadie puede decir que ha quedado sorprendido con los resultados de las elecciones de medio término en los Estados Unidos. El Partido Republicano ha retomado el control de la Cámara de Representantes, pero no le alcanzó para dominar el Senado. Ningún drama.</p>
<p>Excepto, el drama que se viene ahora; la batalla que vendrá por el futuro del Partido Republicano. Porque si bien los próximos días serán de fiesta en el Partido Republicano (y de un sentimiento bastante menos festivo en la Casa Blanca), está claro que pronto vendrá una resaca de proporciones. Porque lo que se viene ahora, y de hecho comenzó hace rato, es una batalla por el futuro del Partido Republicano.</p>
<p>Por un lado se encuentra el &#8216;establishment&#8217; del partido, debilitado hace tiempo. Estos Republicanos moderados -lo que antes se llamaban los Rockefeller Republicans- han ido perdiendo espacio desde el tiempo  de Barry Goldwater. Se definían por ser de derecha en lo económico, pero menos preocupados por temas valóricos. Eran fuertemente anti-comunistas, pero dispuestos a dialogar, tanto con la Unión Soviética como con sus contrincantes en el Congreso.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Estos resultados le darán algunos argumentos a los Republicanos que quieren resistir la invasión de su partido por el Tea Party. Aquí hay otro: para la Casa Blanca en 2012 los Republicanos tendrán que buscar el centro.</blockquote></div>
<p>Esta estrategia, como ya se ha mencionado, comenzó a revertirse en los 60, cuando las políticas de derechos civiles e integración racial en el sur del país, fuertemente promovido por el Demócrata Lyndon Johnson, causó un éxodo de votantes blancos sureños hacia los Republicanos, convirtiéndose en un clivaje en torno a temas valóricos.</p>
<p>De este quiebre surge el Tea Party, heredero no solamente de la ala más derechista del partido, sino de una larga tradición populista, anti-elitista y aislacionista, del cual hemos visto ejemplos como Pat Buchanan, Ross Perot, y hace un siglo, Theodore Roosevelt. En su encarnación actual, el populismo norteamericano se ha enfocado en algunas ideas concretas como la austeridad fiscal, y algunas más difusas, como &#8216;tomarse&#8217; el gobierno de fuerzas identificadas como antiamericanas. Este último punto, siempre e históricamente presente en el discurso populista, toma especial (y oscura) fuerza en el contexto del gobierno de un presidente negro llamado Barack Hussein Obama.</p>
<p>En este conjunto de ideas se identifican los desafíos para el Partido Republicano. Aunque algunas posturas, como la reforma migratoria, las posturas del Tea Party no difieren mucho de las del partido, la naturaleza popular y populista del Tea Party ha resultado en la participación de personas, y por lo tanto ideas, que muchas veces no solamente no se basan en los fundamentos del Partido Republicano, sino que en un fundamentalismo constitucionalista propio, convenientemente construido, y basado en una versión revisionista de la historia. El antielitismo y antiintelectualismo del movimiento permite que estas visiones alternativas sean no solamente toleradas, sino que celebradas. El ejemplo más claro del fenómeno es la ex candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin. Y más recientemente, se refleja en por lo menos dos resultados emblemáticos de la elección. En Nevada y Delaware, perdieron dos candidatas al Senado representando las posturas más duras del Tea Party, Sharron Angle y Christine O&#8217;Donnell, indicando los límites electorales del mismo. Para el Tea Party, lo extremo inspira a sus bases, pero esas bases no son suficientes para ser elegida por una mayoría.</p>
<p>Estos resultados le darán algunos argumentos a los Republicanos que quieren resistir la invasión de su partido por el Tea Party. Aquí hay otro: para la Casa Blanca en 2012 los Republicanos tendrán que buscar el centro. El Tea Party quiere convencer a los Republicanos que su energía y capacidad organizacional ha permitido una notable resucitación Republicana después de la elección de Obama, ignorando los tremendos problemas con los que Obama aun no ha podido (entre los cuales el más importante es el desempleo), y los muchos errores cometidos por el Presidente.</p>
<p>No sería la primera vez que se cometa un error de este tipo. El &#8216;Contrato con América&#8217; de Newt Gingrich, un triunfo parecido al actual, fue interpretado por los Republicanos como un cheque en blanco para implementar una agenda radical de derecha, y asumir una postura obstruccionista hacia el gobierno de Bill Clinton.  Pero Clinton profundizó la estrategia de ‘triangulación’, mezclando posturas de derecha e izquierda. Dejó atrás las reformas de salud y declaró que ‘la era de los gobiernos grandes ha terminado’. Implementó una reforma al sistema de bienestar.  Es decir, ocupó el espacio en el centro que había abandonado la derecha. El resultado: en sucesivas elecciones, los votantes gradualmente redujeron la cantidad de Representantes Republicanos, hasta que el Partido Demócrata retomó el control de la Cámara.</p>
<p>Por eso, el Presidente Obama tiene una gran oportunidad. Con un Partido Republicano intoxicado por populismo, Obama puede retomar el centro. No es fácil, porque a contrario a lo que se presentó en la campaña electoral, Obama ha sido un Presidente bastante centrista. Por lo tanto, como Clinton, tiene que ser muy cuidadoso y estratégico en las cosas que decide enfatizar. Esta semana ya señaló que se concentraría más en el tema del empleo. Pero ¿cómo? ¿Implementará más programas desde el Estado? ¿Subsidios a empresas? ¿Bajando el sueldo mínimo? ¿Subiendo el sueldo mínimo?</p>
<p>La búsqueda del centro es el Santo Grial de la política. No solamente es el deseo de todos, sino que cuando uno cree que lo ha encontrado, desaparece, o se mueve, o tal vez nunca existió. Ese es el desafío que enfrentan Obama, los Republicanos y, dicho sea de paso, algunos partidos más locales también.</p>
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		<title>Yes We Can (The Chilean Way)</title>
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		<pubDate>Thu, 28 Oct 2010 05:48:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Alemania]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Rescate de los 33]]></category>
		<category><![CDATA[Sebasti]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[La popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los 33.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Rápido! Piense en Alemania. ¿Qué ideas o imágenes se le ocurren? Puede que sea la eficiencia y el orden, o un rico küchen. O puede que sean dos guerras mundiales y el Holocausto. O, lo que es más probable, una combinación. Esto, porque como dijo alguien alguna vez, un buen nombre demora veinte años en conseguirse, pero 20 segundos en perderse. Por eso el triunfalismo es tan peligroso, y por eso los slogans deben ser bien pensados, con calma y razón. Porque The Chilean Way es una espada de doble filo, que se somete a las subjetividades del público.</p>
<p>Otra espada de doble filo es el slogan que usó Barack Obama en su campaña presidencial, &#8216;Yes We Can&#8217;. Hoy, a dos años de su histórica elección, ad portas de una elección de medio término, las encuestas sugieren que el Partido Demócrata perderá la mayoría en la Cámara de Representantes, que se renueva por completo, y muchos gobernadores Demócratas no serán reelegidos. Como solamente se reelige un tercio de los senadores, el Senado probablemente mantendrá su mayoría oficialista, aunque incluso ahí se han manifestado algunas dudas. Todo esto indica que el espíritu de &#8216;Yes We Can&#8217; de hace dos años se ha convertido en &#8216;We don&#8217;t want to&#8217;. Podemos, pero no queremos.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> La popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma  sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los  33.</blockquote></div>
<p>Llama la atención cómo ha cambiado el ánimo en solo dos años, y el contraste con el espíritu que se ha evidenciado recientemente en este país. En Chile, y especialmente en el extranjero, el rescate de los mineros se ha transformado en un ejemplo de &#8216;Yes We Can&#8217;.</p>
<p>Podemos sacar varias conclusiones de este contraste. Por un lado, revela que la política -y especialmente una campaña exitosa- se basa en un llamado por movilizar el país para lograr un objetivo claro. La campaña de Obama en 2008 y la campaña comunicacional del gobierno chileno durante el rescate lograron enfocar las energías políticas hacia resultados específicos. En el caso de los Estados Unidos, derrocar a un gobierno poco popular, retirar las Fuerzas Armadas de Irak, y levantar al país de una grave recesión económica. En el caso del rescate de los mineros, el rescate de los mineros.</p>
<p>Otro punto de comparación es el de la narrativa. Algunos han escrito que por fin Piñera ha encontrado una narrativa que definirá su gobierno. Pero las narrativas tienen sentido solamente en la medida que se relacionan, de alguna manera, con la realidad. El exitismo chileno solamente se justificará en la medida que el gobierno logre encontrar una manera de canalizar el espíritu del rescate hacia la multitud de necesidades urgentes del país, desde la tan ignorada reconstrucción, hasta el desafío de largo plazo de dar el último salto hacia el desarrollo. A pesar de las flores que nos han tirado el APP (Amigo Personal del Presidente) Jeffrey Sachs y otros en la prensa internacional, este paso final hacia el desarrollo es el más difícil. Difícilmente se encuentran ejemplos de países que han llegado al desarrollo con los resultados comparativos que tiene Chile en materia de educación, condiciones laborales, o desigualdad. Y cómo ha aprendido Obama, el público tiene una memoria corta: en 2013 el candidato Golborne/Lavín no le podrá echar la culpa a la Concertación.</p>
<p>Por esto, la caída precipitosa de la popularidad de Obama es una advertencia para el gobierno chileno. Obama fue elegido en base de altísimas expectativas que primero inspiró, pero luego él mismo trató de animar y utilizar. Es como esos actores o cantantes que tienen un gran éxito a los veinticinco años y que nunca logran repetir. Se transforman en figuras un poco patéticas. O para usar otra metáfora, la popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los 33.</p>
<p>Esto lo sabe el Presidente. Entonces, ¿por qué tanto show? Tres razones: el conflicto mapuche, el Presupuesto, y, sí, la famosa narrativa. En el primer caso, la dominación de la agenda hizo que la continuación de la huelga de hambre se hiciera insostenible, o por lo menos, poco rentable. En el segundo, se logró</p>
<p>Más extraño es que la Concertación pareciera pensar, tal vez más que Piñera, que el rescate implica que la reelección de la coalición gobernante es un hecho. Esto tiene que ver mucho más con el estado de la Concertación que con la realidad. La Concertación, nacida en oposición, no sabe ser, ni menos hacer, oposición. Cree que riéndose de los condoros debilitarán al Presidente, pero se equivocan. Da la impresión que cada vez que el Presidente comete un error como el que cometió en Alemania, a la Concertación se les suben los ánimos. Pero cuando Piñera hace algo bien la Concertación, dentro de su Fénix sicológico, baja algunos metros más. Esa bipolaridad, del exitismo a la depresión, sí que es The Chilean Way. Lo que no es, es el camino de vuelta a La Moneda.</p>
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		<title>Enfrentando a Frankenstein: La izquierda británica y chilena</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Sep 2010 06:59:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
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		<category><![CDATA[David Miliband]]></category>
		<category><![CDATA[Ed Miliband]]></category>
		<category><![CDATA[Gordon Brown]]></category>
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		<category><![CDATA[Nuevo Laborismo]]></category>
		<category><![CDATA[Reino Unido]]></category>
		<category><![CDATA[Tony Blair]]></category>

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		<description><![CDATA[Brown y Blair – a pesar de las constantes críticas a su gestión – se mantuvieron relativamente ausentes a la elección del nuevo líder del laborismo Ed Miliband, creando espacio para una verdadera discusión sobre el futuro sin sentirse obligados a defender el pasado. Pareciera que Michelle Bachelet, con su partida a Nueva York, está intentado hacer lo mismo. Más allá de ese paralelo, cabe preguntar cuales de los nuevos líderes de la Concertación serían la versión chilena de Miliband.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Partido Laborista del Reino Unido ha elegido un nuevo líder, Ed Miliband, el joven y brillante heredero de un legado familiar fuertemente arraigado en la izquierda británica. Su padre, Ralph Miliband, fue un influyente intelectual marxista y profesor de la London School of Economics, y su hermano David, más carismático y contrincante para el cargo de líder, fue Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Gordon Brown.</p>
<p>La tarea de Miliband es reconstruir un partido que sufre su peor crisis de identidad desde la década de los 80. A pesar de los éxitos de la renovación de Blair – lo que se denominó New Labour – no hay nada como una derrota electoral como para que comiencen a aparecer los críticos que nunca estuvieron muy convencidos de las posturas más moderadas. A diferencia de Miliband (David), Miliband (Ed) logró capturar el apoyo de muchos de estos sectores, incluyendo, especialmente a los sindicatos. Este será su talón de Aquiles, pues el hecho que los dos hermanos representaron los bandos de derecha e izquierda dentro de su partido pareciera implicar que las antiguas divisiones se mantienen, y que el éxito electoral del New Labour no resolvió estos debates.</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Al igual que la Concertación, para el Partido Laborista el proceso que enfrenta es una discusión dura y difícil entre aquellos que creen que volver a la relevancia electoral (o sea, ganar) implica volver a las raíces y aquellos que piensan que se requiere una renovación. El problema es que es mucho más fácil volver a las raíces, mientras que la renovación podría terminar en un Frankenstein por el cual nadie votaría.</blockquote></div>
<p>Sin embargo, asumir esto como única causa sería un error porque New Labour se hundió no por sus contradicciones internas, sino por errores políticos que no son necesariamente propios de su proyecto histórico. Primero, Tony Blair cometió el gran error de apoyar a George W. Bush en Irak. Aparte de los méritos (o no) de la lucha en contra del terrorismo, la realidad es que Blair llevó a su país a la guerra, donde han muerto casi 200 soldados británicos, apoyado por información de inteligencia que todo el mundo reconoce como falsa. Todo esto, sin embargo, no nos dice nada acerca de, y no permite evaluar, el éxito de New Labour como proyecto político.</p>
<p>Mucho más dañina fue la crisis económica, que tuvo un efecto desproporcionadamente duro en el Reino Unido. Gordon Brown, Ministro de Hacienda de Blair y su sucesor como Primer Ministro, que carecía del carisma y de las habilidades políticas de Blair, no logró rebotar acusaciones de que sus políticas tuvieron un impacto directo y perjudicial en cómo el país enfrentó la crisis. La desregulación del sistema financiero, por ejemplo, comenzó con Thatcher pero se profundizó con Brown.</p>
<p>Este segundo punto probablemente tuvo mucho más peso en la votación del fin de semana pasado, aunque ambas fueron señales para los laboristas (los que tuvieron que elegir un nuevo líder) de que el partido se había alejado mucho de sus raíces, y explica porque ganó Ed y no David – la izquierda y no la derecha. El problema es que hubo una razón por la cual el laborismo se alejó de sus raíces: con esas raíces no llegaban al poder.</p>
<p>Al igual que la Concertación, para el Partido Laborista el proceso que enfrenta es una discusión dura y difícil entre aquellos que creen que volver a la relevancia electoral (o sea, ganar) implica volver a las raíces y aquellos que piensan que se requiere una renovación. El problema es que es mucho más fácil volver a las raíces, porque eso ofrece un norte, un objetivo, mucho más claro y definido, mientras que la renovación es un proceso incierto, un experimento que podría terminar nuevamente en triunfo electoral o en un Frankenstein por el cual nadie votaría.</p>
<p>Otro elemento interesante ha sido observar cómo Brown y Blair – a pesar de las constantes críticas a su gestión – se mantuvieron relativamente ausentes, creando espacio para una verdadera discusión sobre el futuro sin sentirse obligados a defender el pasado. Pareciera que Michelle Bachelet, con su partida a Nueva York, está intentado hacer lo mismo. Más allá de ese paralelo, cabe preguntar cuales de los nuevos líderes de la Concertación serían la versión chilena de Miliband.</p>
<p>Mucha de la prensa británica ha presentado el triunfo de Ed Miliband como un regreso a las raíces más izquierdistas del Partido Laborista. Hablan de ‘Red Ed’ (Ed el Rojo). Pero esa es una caricatura. Es verdad que los sindicatos lo apoyaron, pero Ed ha sido parte de la máquina de New Labour desde su comienzo a mediados de los 90.  En este sentido, el Partido Laborista parece haber elegido bien. Eligió un líder que lleva la tradición marxista en su ADN, pero que ha vivido dos décadas en el corazón de New Labour, que cuenta con legitimidad entre sus bases, pero que tampoco está clavado en el pasado. Es una buena fórmula para evitar Frankenstein.</p>
<p>Pero, habiéndole ganado a su hermano por un margen de 1%, ¿se podrá evitar Caín y Abel?</p>
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		<title>El rescate: Ganadores y perdedores</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Aug 2010 06:43:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Robert Funk</dc:creator>
				<category><![CDATA[Blogs y Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Columnas]]></category>
		<category><![CDATA[Destacado]]></category>
		<category><![CDATA[Laurence Golborne]]></category>
		<category><![CDATA[Mineros atrapados]]></category>
		<category><![CDATA[Sebastián Piñera]]></category>

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		<description><![CDATA[Dependiendo de cómo sigue el rescate, y cómo coincide el timing con las encuestas de opinión pública, Golborne se podrá convertir en un presidenciable. Eso sí, tendrá que seguir su conversión de empresario a político. Por su cercanía a las familias, su sencillez y su obvia preocupación por los mineros se puede observar que en lo político, por lo menos al estilo cariñocrático que aparentemente valoramos, es un muy buen alumno.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace días que me cansé de ver las transmisiones desde la mina San José. Informar es una cosa, pero con las cámaras enfocadas en el sufrimiento de las familias, ya parecía voyerismo. Pero el domingo pasamos de teleserie a película de aventura. Y como  en toda película de aventura, al final alguien gana y alguien pierde. ¿Quiénes son?</p>
<p>Las que más ganan, tal vez aun más que los propios mineros, son las familias, que han sufrido frío e incertidumbre, pero que han mostrado una increíble fortaleza. Si bien el despliegue de periodistas no ha sido el más noble de los espectáculos, es posible que la presencia de las familias haya mantenido la atención de los periodistas, y la presencia de periodistas aseguró la atención de los políticos. Nota: 7+</p>
<p>Los mineros han mostrado una fe y fuerza que han inspirado al país. Representan el deseo de sobrevivir en condiciones que no nos podemos imaginar. Más aun, en sus caras está escrita la historia de Chile, desde el salitre a Subterra, de la chilenización a la reconstrucción. Son los rostros del bicentenario. Nota: 7</p>
<div class="news-quote alignleft">  <blockquote> Como dijo el gran filósofo Woody Allen, el 80% del éxito radica en ‘estar ahí’ (showing up), y Golborne estuvo ahí, activamente supervisando el rescate, cuando les iba mal, y en el momento de éxito. Entendió como pocos en el gobierno qué implica ser Ministro de Estado.</blockquote></div>
<p>El segundo ganador es el Ministro de Minería, Laurence Golborne. Como dijo el gran filósofo Woody Allen, el 80% del éxito radica en ‘estar ahí’ (showing up), y Golborne estuvo ahí, activamente supervisando el rescate, cuando les iba mal, y en el momento de éxito. Entendió como pocos en el gobierno qué implica ser Ministro de Estado.</p>
<p>Dependiendo de cómo sigue el rescate, y cómo coincide el timing con las encuestas de opinión pública, Golborne se podrá convertir en un presidenciable. Eso sí, tendrá que seguir su conversión de empresario a político. Por su cercanía a las familias, su sencillez y su obvia preocupación por los mineros se puede observar que en lo político, por lo menos al estilo cariñocrático que aparentemente valoramos, es un muy buen alumno.<br />
Nota: 6.8</p>
<p>El tercer ganador, pero en menor grado, es el Presidente Piñera. Se nota, en este caso, un elemento esencial de espíritu emprendedor del Presidente; el riesgo. Para él y para su gobierno, asociarse tan íntimamente con el rescate representó un tremendo riesgo, pues las chances de fracaso eran grandes. Se podría haber alejado, pero no lo hizo, probablemente por principio, pero también se la jugó. Y como en tantas ocasiones anteriores, ganó.</p>
<p>Sin embargo, ahora el Presidente debe cuidar el manejo comunicacional. Para muchos chilenos, el rescate de los mineros representará el primer éxito real del gobierno Piñera. Habiéndose ganado este tremendo porotito, no será necesario – y podría ser contraproducente – explotarlo. Los chilenos saben y reconocen que el gobierno movilizó las fuerzas para lograr el rescate. Nota: 6…. Si sigue así.</p>
<p>En el corto plazo, la Concertación es un perdedor. No le ha quedado otra que aplaudir la reacción del gobierno y de Golborne, aunque con Piñera han sido un poco más cautelosos. Las comparaciones con el manejo de crisis post 27 de febrero serán inevitables, y poco favorables. Lo mejor será morderse la lengua, hasta que pase el huracán, que durará un rato más. Podría haberse sacado un rojo, pero al haber<br />
mantenido, generalmente, una línea de apoyo apolítico, la Concertación se saca un 5.</p>
<p>A la larga, sin embargo, la Concertación se dará cuenta que dentro del actual desastre habrá ganado un gran punto político: una vez más queda en evidencia la importancia del estado. Se necesita el estado para regular, y se recurrió al estado para el rescate.</p>
<p>Adicionalmente, el hecho que sean las pequeñas empresas mineras las que tienen mayores problemas de seguridad le podrá dar un argumento (más) en contra de la privatización, y eventual balcanización, de Codelco. Si la Concertación logra sacar esas lecciones de la tragedia, y transformarlas en propuestas concretas para apoyar lo que ha venido diciendo hace tiempo – pero sin caer en las lógicas maniqueas de Estado-Mercado que se usó en la campaña presidencial – tiene mucho que ganar.</p>
<p>Suena demasiado obvio decir que el que ha ganado de verdad es el país. Que en un país tan segregado, dividido por política, historia, clase y geografía, la tragedia nos unió. En ese sentido, el que todos andábamos pegados a la televisión no nos unió más que el mundial o la Teletón. Pero si los mineros emergen de la tierra antes del 18 de septiembre, el país habrá encontrado una razón, un eje, para las celebraciones del Bicentenario, que hasta el momento nos había eludido. El accidente de San José, al<br />
igual que el Bicentenario, nos da para reflexionar sobre qué somos como chilenos, cómo enfrentamos la adversidad, y qué debiéramos cambiar para que en el tercer siglo de la República no veamos más escenas como las de las últimas dos semanas.</p>
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